terror. No sé que diablos será y puede que sátira sea la forma más adecuada para definirlo. Sea como sea e independiente de la taxonomía debo mencionar que es el único cuento de mi producción (en su versión original al menos) que le ha agradado minimamente al riguroso y taciturno ex-pope de la ciencia ficción chilena, Luis Saavedra. Licantropía contemporánea data del año 1997, y sufrió varias correcciones menores hasta su versión definitiva del 2004. Encuentro particular deleite en los cuentos que toman ideas cliché o tópicos gastados dándoles una vuelta de tuerca y eso fue lo que pretendí con Licantropía… La idea original surgió tras la lectura en un suplemento de viajes que detallaba las ofertas turísticas de Transilvania. De inmediato imaginé a un personaje chileno viajando a las tierras del Conde Drácula y siendo mordido por un hombre lobo. ¿Por qué no por un vampiro?, no sé, hubiera sido lo más lógico pero yo no tenía en mente escribir sobre vampiros sino sobre hombres lobo.
A la hora de diseñar al personaje pensé: ¿quién sería el tipo menos probable como para convertirse en un hombre lobo? La respuesta: un acaudalado cirujano plástico. El resto surgió sólo. Hasta ese momento la única obra de ficción que había leído sobre el tema de la licantropía era A la deriva entre los islotes de Lagerhans: Latitud 38º 54’N, longitud 77º 00’13 O, cuento de Harlan Ellison incluido en Los Premios Hugo 1973-1975 (según Asimov esta narración ganó el Hugo ya que cuando se imprimió el título no quedó espacio para el resto de los nominados). A la deriva… comienza con el siguiente párrafo: “Cierta mañana, al despertarse en su cama de algas después de tener sueños inquietos, Moby Dick se halló transformada en el capitán Ahab”. ¡Grande Ellison!, ¡que buena alegoría! Pero hasta ahí no más las alabanzas para el diminuto y temperamental escritor. Nada más de lo suyo que he leído me ha gustado, ni siquiera su mediocre antología Visiones Peligrosas, que salvo el cuento de Sturgeon no ofrece nada realmente “peligroso” e incluye algunas narraciones bochornosamente malas. Mi idea era escribir algo parecido a A la deriva… entonces, pero por suerte lo que salió fue muy distinto. Lo que más apreciaba del cuento de Ellison era la sutileza con que trata el tema del licántropo haciéndolo tan imperceptible que se transforma casi en un ruido de fondo, algo muy distinto a lo que ocurre en mi narración, donde el hombre lobo es una estridencia omnipresente que se hace sentir desde el título, que adopté del poeta surrealista Louis Aragón. Obsérvese sus versos:
Recuerdo que en mil quinientos cuarenta y unocerca de Paviacuando me apresaron en la campiña por donde [deambulaba víctima de los primeros efectos del [mallos campesinos no quisieron creerme cuando les [dije la verdad
Rehusaron tomarme por lobo furioso a causa de mi piel humana y Santos Tomases eternos de la ciencia
experimental. Cuando les confesé que mi piel lupina estaba
[oculta entre pellejo y carne
con sus puñales me hicieron tajos en los miembros [y el cuerpo
para verificar mis melancólicas afirmaciones no me tocaron la cara
espantados por la atroz poesía de mis rasgos. Luego de escribir Licantropía contemporánea, y mientras husmeaba entre los escasos títulos de ciencia ficción de la librería Catalonia, encontré El Hombre Lobo Insólito, y sin dudarlo dos veces desembolsé el oneroso precio que por él exigían. Este libro forma parte de una tríada sobre monstruos clásicos que completan Frankenstein Insólito y Drácula Insólito, de hecho posteriormente encontraría estos tres títulos en otra librería, ¡por el mismo precio que yo había comprado El Hombre Lobo Insólito!
Volví a encontrarme en esta recopilación con A la deriva…, el cuento de Harlan Ellison, quien además escribe el prólogo. Aunque no queda del todo claro me parece que Ellison no actuó como antologador en este caso, dicha función no está acreditada y sólo figuran como responsables los Editores Asociados: David Keller, Megan Miller y John Betancourt, que asumo habrán seleccionado los cuentos. De cualquier forma y como suele ocurrir en estos casos la calidad de las narraciones es muy dispar correspondiendo las más afortunadas no a los “grandes nombres” anunciados en la portada como Robert Silverberg o Philip José Farmer, sino a los menos conocidos (el cuento de Silverberg de hecho es malísimo). El único relato de esta antología que trata el tema del hombre lobo en clave de ciencia ficción es Y la luna llena brillará de Brad Strickland. Están Ellison y Niven también, pero en el caso del primero la condición licantrópica del protagonista es un mero vehículo para justificar un viaje al interior del “alma” humana (literalmente), y en lo que al autor de Mundo Anillo respecta, su relato no involucra hombres lobos propiamente tales sino seres humanoides que evolucionaron del lobo en vez del mono. El cuento de Strickland relata las desventuras del último hombre lobo sobre la faz de la Tierra, sometido a estudios psíquicos y biológicos por parte de un indolente científico. “Usted no posee derechos.”, señala el doctor a Kazak, el hombre lobo, “
La Constitución planetaria garantiza derechos a los humanos, y usted es un licántropo. Algo muy diferente. Tal vez un
Homo sapiens ferox.” El doctor Iglace también nos revela que la licantropía no es una maldición sino una condición, genética por un lado, y contagiosa por el otro. La mordedura de un hombre lobo en su forma lupina, explica el doctor, conlleva una secreción de las glándulas salivares que altera el ADN de manera sutil pero crucial en las personas que poseen el gen licantrópico recesivo. Otras características de la licantropía explicadas de manera verosímil por Strickland son:
La voracidad del hombre lobo. La transformación exige un gran gasto de energía y el licántropo debe comer por lo menos un tercio de su peso humano normal para hacer la transición de hombre a lobo y de lobo a hombre sin efectos secundarios nocivos. La biomasa perdida al cambiar de hombre a lobo va a para a la formación del pelaje y la reorganización del esqueleto y musculatura. La plata como método para eliminar a un hombre lobo. La plata actúa como catalizador y debilita dos de las hormonas del licántropo. La plata en si misma no se ve afectada por la reacción pero la estimula, cortocircuitando la capacidad regenerativa del hombre lobo.
La Luna llena como agente catalizador de la metamorfosis. Esto se debe a una forma sutil de radiación provocada por la luz solar al incidir en la superficie lunar, activando un proceso que hace desprenderse determinadas partículas subatómicas del suelo de
la Luna. “Cuando
la Luna esta en cuarto creciente, incluso en tres cuartos, la radiación es demasiado débil para influirle. Sólo cuando la luna está enteramente plena la reacción llega a
la Tierra con la intensidad suficiente para generar la transformación.” La única solución para escapar al influjo de las radiaciones propuesta por el Dr. Iglace
45Zerosubatómicas del suelo de
la Luna. “Cuando
la Luna esta en cuarto creciente, incluso en tres cuartos, la radiación es demasiado débil para influirle. Sólo cuando la luna está enteramente plena la reacción llega a
la Tierra con la intensidad suficiente para generar la transformación.” La única solución para escapar al influjo de las radiaciones propuesta por el Dr. Iglace sería estar protegido por una capa de material de mil kilómetros de espesor o volar alrededor de la tierra una vez al mes en un avión rápido de modo que
la Tierra se interpusiera constantemente con la luna. Posible pero poco práctico. El otro relato de ciencia ficción referente a hombres lobo que he leído es Plenisol, de Brian Aldiss. Plenisol transcurre en un mundo dominado por gigantescas ciudades mecanizadas en las que el hombre se ha recluido amputándose finalmente del todo de la naturaleza. “…una ciudad estaba separada de otra ciudad por extensiones de vegetación que las aislaban mutuamente como un planeta está aislado de otro planeta. Muy pocos de los habitantes de las ciudades pensaban siquiera en el exterior; los que iban físicamente al exterior tenían algún elemento de anormalidad en ellos.” Estos sujetos eran los hombres lobos al que el protagonista, el oficial Balank junto a su robot, esperan dar caza adentrándose en el bosque. Los hombres lobos del cuento eran y habían sido siempre enemigos del hombre, quienes lo llamaban El Hermano Oscuro. Las máquinas les daban caza de un modo implacable pero los hombres-lobo poseían poderes que no estaban al alcance de hombres o máquinas y que les permitían sobrevivir sin la ayuda de las ciudades.
En este cuento, además, las máquinas han conseguido avanzar ocho millones de años en su exploración del tiempo, interrumpido su avance por una desviación en los quanta del espectro electromagnético. Plataforma Uno; la máquina situada a muchos centenares de siglos adelante, que por primera vez había traspasado la barrera del tiempo y establecido contacto con todas las civilizaciones gobernadas por máquinas posteriores a su propia época, había decidido que las operaciones debían limitarse ahora al espacio de tiempo que había quedado abierto. Las imágenes transmitidas desde el lejano futuro mostraban desiertos de hielo sobre los que brillaba un pequeño sol azul, tan brillante como la luna llena. El sol había pasado por sus fases de blanca y enana avanzando hacia el período principal de su existencia en que se convertiría en una enana roja. “Entonces alcanzaría la madurez y arrojaría sobre su tercer planeta la luz de una perpetua luna llena.” Las ciudades aún existían, y las máquinas, objetos similares a los dinosaurios que vagaban por los yermo paisajes y ascendían al espacio, “construyendo allí monstruosos brazos unidos por membranas que se extendían lejos de la órbita de la Tierra para recoger energía y el envolver al pobre sol en una amplia red de fuerza magnética.” De los seres humanos de aquel distante futuro no había señal alguna. En la escena final el robot confiesa a Balank, quien tenía sus sospechas sobre las motivaciones reales del androide, que los hombres lobo representan una amenaza para las máquinas mucho mayor que los humanos. Hombre y máquina se disponen a luchar mientras sin saberlo son observados por el hombre lobo al que pretendían dar caza. Para el hombre lobo el desenlace de aquella pequeña lucha carece de importancia ya que sabe que su raza ha ganado ya su guerra contra el género humano y que la verdadera batalla aún estaba por llegar, la batalla contra las máquinas. “Pero aquel momento llegaría. Y entonces derrotarían a las máquinas. En los largos días en que el sol brillaría siempre sobre la bendita Tierra como una luna llena… en aquellos días, su raza vería terminada su espera y entraría en su propio reino salvaje.” Por supuesto que un artículo titulado “El hombre lobo en la CF” no puede obviar la novela Darker Than You Think (1940) de Jack Williamson, en la que los “shape-shifters” pueden adoptar no sólo formas lobunas sino también las de anacondas y tigres dientes de sable, además de poseer la facultad de hacerse invisibles. Williamson ofrece una explicación pseudocientífica del fenómeno licantrópico que es poco convincente pero imaginativa y sus hombres lobos no existen como meros depredadores de la humanidad sino como los destinados a regir el mundo. Williamson retoma el tema de los hombres lobo en su novela de 1994 Demon Moon, en la cual licántropos, unicornios y wyverns son todos alienígenas inteligentes. Otras obras que tratan el tema y que están en las antípodas la una de la otra son WerewolveSS (1990) de Jerry y Sharon Ahern y The Runton Werewolf (1994) de Ritchie Perry. WerewolveSS trata sobre hombres lobo creados mediante ingeniería genética por Hitler para ser utilizados como su más letal cuerpo de guerreros (de ahí la doble “S” de werewolf, ¡que originales estos Ahern!) mientras que The Runton Werewolf es un libro infantil en el cual los vampiros y hombres lobo son los inofensivos descendientes de una pareja de alienígenas atrapados en
la Tierra.
No puedo terminar este artículo sin referirme a la injustamente olvidada serie de dibujos animados La Conspiración Roswell (1999). Yo solía verla a eso de la medianoche en el verano del 2000 y si mal no recuerdo la transmitían en el Cartoon Network antes de Men in Black. La calidad de la animación de Roswell no era tan buena como la de MIB, pero como ciencia ficción era muy superior a esta disparatada serie basada en la no menos disparatada película basada a su vez en un cómic del cual no tengo ningún conocimiento pero del cual cabe la posibilidad que sea también un disparate (esta clase de trasvasijes nunca me ha convencido del todo). La Conspiración Roswell iba sobre un grupo de agentes que descubre la existencia en
la Tierra de distintas razas alienígenas que usan a los humanos con fines alimenticios, deportivos e incluso para fines aún más siniestros. Para combatir a los extraterrestres se forma una entidad multi-nacional oculta bajo tierra llamada
la Alianza Global, compuesta por científicos, militares, policías y agencias de inteligencia cuya base de operaciones es un bunker en la pequeña localidad de Roswell. La existencia de distintos monstruos y criaturas míticas como vampiros, zombies, yetis, minotauros y cíclopes en esta serie es justificada a través de la invasión alienígena (una de las más memorable relecturas fue la del último hijo de Kryptón, que es presentado como un solitario alienígena superpoderoso impulsado a obrar el bien que finalmente sufre el rechazo de sus protegidos al descubrirse su verdadera y repugnante forma).
Los licántropos de La Conspiración Roswell son seres bípedos de dos metros de altura, copioso pelaje, garras, y protuberantes espinas dorsales. Viven diez años, son violentos, carnívoros y pueden adoptar forma humana (la avanzada tecnología de los licántropos les permitió esclavizar a los sasquatchs y yetis, con una descarga EMP que revirtió la polaridad magnética de su planeta). Y llegamos al final del presente texto, espero que haya servido como ejemplo de la forma en que la ciencia ficción puede absorber y regurgitar hasta los temas más vetustos y desgastados. © 2004, Sergio Alejandro Amira.
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Hace unos meses leí un reportaje refiriéndose al último proyecto del creador de Buffy como una suerte de spin off no autorizado de La Guerra de las Galaxias, en otras palabras una visión distinta de lo que pudo ser una suerte de aventuras de Han Solo. Si bien el artículo en cuestión estaba repleto de errores (incluyendo el contrato nunca existente de una segunda temporada), la idea básica no dejaba de tener cierto grado de verdad con una sola gran diferencia que el encargado de dicha nota obviamente no consideró: que la pequeña nueva obra de Joss Whedon goza de una maravillosamente inusual consistencia científica. Para quienes no lo conocen, Joss Whedon es el creador de la serie Buffy The Vampire Slayer, co creador de Ángel y actualmente guionista de Astonishing X-Men. Mas la primera sorpresa de todo esto es que Firefly es su primer proyecto personal que no tiene ninguna relación con la serie que lo ha llevado al éxito y motivo el cual renunció a dirigir la adaptación de la historieta de Marvel Comics: Iron-Man. Al igual que lo hizo en su momento Straczynski con B5, Whedon dio vida a un universo carente de algunos elementos que hizo famosa a la clásica spaceopera (como los robots), pero a la vez poseedor de una lógica científica.
Dado que Firefly se sitúa en los límites de la colonización espacial (no digo decadencia por falta de información para respaldarlo), la serie es considerada como un western futurista, algo así como ese casi desconocido dibujo animado Bravestarr con algunos mínimos elementos de Galaxy Rangers. En este caso la idea básica es: en un futuro no muy lejano, ante el agotamiento de los principales recursos energéticos, se impulsa el desarrollo de la colonización espacial para encontrar otras fuentes; este proceso al cabo de unos años le brinda tantos beneficios a los planetas más centralizados que estos se quedan con gran parte del desarrollo tecnológico dejando a los mundos fronterizos en algo parecido a los pueblos del viejo oeste. Una guerra civil para cambiar esto sacude a la galaxia y como era de esperarse, los mundos centrales (cuyo organismo principal es conocido como la Alianza) la ganan conservando el control de las colonias que obtienen los elementos que los enriquecen y a la vez empobreciendo a la frontera en donde surge una peligrosísima raza de infrahumanos denominados Reavers, quienes torturan y masacran todo lo que se les ponga en el camino. Con la Alianza pisándole los talones y fastidiando cada posible error, el Capitán Malcolm Reynolds, unÊ ex-sargento que luchó por la independencia de los mundos fronterizos, al mando de
la Serenity, una nave clase
Firefly, recorre algunas lejanas colonias en busca de trabajo que les permita sobrevivir junto a quienes lo acompañan, un grupo de gente conformados de la más diversa clase que van desde una muy respetable prostituta hasta un doctor cuya hermana fue sometida a experimentos por agentes especiales de
la Alianza.
Son trece episodios entre los que incluye el piloto extraoficial de 90 minutos, los que conforman esta serie, pero cada uno brilla por las mismas razones por las que Whedon se consagró con Buffy: un sorprendente manejo de los recursos. Todo esta hecho con un nivel de perfeccionismo único desde los efectos especiales hasta los más mínimos detalles sociológicos de la historia, entre ellos el hecho que los mismos actores hablen como segundo idioma el chino, lengua que en la actualidad está tomando tanta relevancia como el inglés.
Encabezando el reparto esta Nathan Fillon, un actor no muy conocido que había ganado cierta fama con la serie cómica Two Guys and a Girl, quien encarna al ya mencionado Malcolm Reynols o Mal como le gusta que lo llamen en su doble significación con respecto al español, pese a esto se trata de un individuo de sólidos principios, de carácter duro bordeando lo agresivo, conoce mejor que nadie de la tripulación los lugares que recorren lo que hace presentir que guarda un oscuro secreto, especialmente sobre los Reavers. Su principal apoyo es Zoe, con quien combatió en la guerra, la comandante y esposa del piloto de la Serenity, una mujer de armas de tomar con quien tiene una comunicación casi “telepática”. Contrariamente a él, Wash, el marido de Zoe no se conforma con ser un buen piloto sino también es el punto de equilibrio ante la agresividad y pesimismo de Mal. A estos tres se suman la ingeniero, Kaylee, una joven con cierto grado de inocencia; Jayne un desquiciado mercenario sin moral y buen humor, Book un misterioso pastor; Inara, una prostituta que ayuda controlar el temperamento de Mal; y no menos importante Simon, un doctor proveniente de una prestigiosa familia de clase alta quien trabaja en la nave a cambio de protección para él y su hermana River, cuyo extraño comportamiento les ha de causar más de un serio problema.
Esta fauna de personajes interactúa en el universo mencionado donde Whedon no pierde la oportunidad de ir explorando profundamente a cada uno permitiendo al mismo tiempo una armónica evolución, sorprendiendo también la incorporación de algunos personajes y elementos secundarios. A esto se suman los ya mencionados efectos especiales, quizás los mejores vistos desde el fin de Star Trek Voyager, en donde los sets de tamaño real se combinan con un muy bien logrado CGI, ofreciendo algunas de las más impresionantes escenas jamás vistas en televisión en donde interactúan naves espaciales con el mundo real a escala verdadera. Ya en el primer episodio se ve como la Serenity se coloca tras Mal y Zoe en un acantilado manteniendo las proporciones exactas con el diseño de la nave. Más lejos aún, Whedon no se aventura usar la clásica pistola de rayos láser, reemplazándola por la de balas, no sin que episodios posteriores haga presente la existencia de estas, tratando de mantener cierta consistencia científica, a lo que se debe sumar el respeto a la teoría de la inexistencia de sonido en el espacio y el desarrollo de nuevo armamento espacial más acorde con una tecnología limitada por las circunstancias mencionadas en párrafos anteriores. Joss Whedon no sólo crea su propio universo del futuro sino lo hace brillar a través de una consistencia científica y un puñados de personajes que nada tienen que envidiar a clásicos como Star Trek, más aún, no cae en la tentación del uso forzado de la sensualidad y la acción, todo está dado en dosis justas y acorde con la lógica del guión.
Dado el gran éxito de ventas de la colección de DVDs que compilan los 13 episodios, Universal compró los derechos y autorizó la filmación de una película de presupuesto tentativo de 50 millones de dólares con fecha de estreno septiembre del 2005, bajo la dirección del mismísimo Whedon. Ya los primeros informes de este proyecto apuntan a un guión que no dejará insatisfechos a los seguidores de la serie ni mucho menos del trabajo de Whedon, cuya reputación incluso le permitió hace poco firmar contrato para adaptar la heroína de DC Comics, Wonder Woman. © 2004, Juan Carlos Sánchez. Sobre el autor: Periodista nacido un día trece de 1977. Escribe desde los 7 años. Ha escrito un puñado de novelas, más de 100 poemas y algunos cuentos entre ellos Trilogía de los malditos cuya primera parte: De las Cenizas de Sigalión participó en el segundo concurso de narrativa de su universidad. Si bien se he mantenido en el género de anticipación centrándose en personajes de complejos problemas psicológicos, ocasionalmente he escrito algunos dramas, algo de horror y recientemente alguna que otra cosa romántica. Sus mayores influencias son Frank Herbert, J Michael Strazynsky y Bruce Springsteen.
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Mi familia es una familia católica chilena tradicional. Desde pequeño cumplí con los ritos obligatorios de comunión, visitas a la iglesia y películas sacras en semana santa como todo buen niño de esta patria. Pero debo confesar que siempre guardé, como un pecadillo secreto, un atado de dudas sobre las historias sagradas: Desde preguntas profundas y teológicas del orden ¿Cómo es que Cristo nos salva muriendo? Hasta anecdóticas del tipo ¿Cómo es que sabemos lo que conversó Cristo con su padre en Gethsemaní?, estaba solo y la detención fue inmediatamente posterior.
Pero como una herida sin sanar en el costado de mi culposa mente, la duda que más me inquietaba era por qué Judas se había suicidado. Leer más
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