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	<title>TauZero &#187; Antonio Díaz Oliva</title>
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	<description>Ficción / Fantasía / Ciencia</description>
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		<title>Todos los caminos llevan a Ballard</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 20:42:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Díaz Oliva]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[ballard]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Milagros de vida&#8221;. Así se llama la recién lanzada autobiografía de J. G. Ballard (2009), en la cual repasa su infancia en un campo de concentración en China, los giros que le dio a la ciencia ficción, el ajetreado Londres de los años 60 y el cáncer mortal que actualmente lo carcome. Una excelente ocasión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tauzero.org/files/blog/ballard04-1.jpg">&#8220;Milagros de vida&#8221;. Así se llama la recién lanzada autobiografía de J. G. Ballard (2009), en la cual repasa su infancia en un campo de concentración en China, los giros que le dio a la ciencia ficción, el ajetreado Londres de los años 60 y el cáncer mortal que actualmente lo carcome. Una excelente ocasión para repasar vida y obra de una de las mejores plumas de las últimas décadas.</p>
<p><strong>Primer camino: La memoria</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>- ¿Has visto la bomba atómica?<br />
- Durante un minuto entero, Basie. Una luz blanca, más fuerte que el sol, cubrió Shangai. Supongo que Dios quería ver todo.</em><span id="more-3029"></span><em>(El imperio del sol, 1984)</em></p>
<p>A comienzos de los años 50, el joven Ballard cimentaba su carrera hacia la medicina. Como estudiante de aquella carrera, estaba expuesto a presenciar cadáveres todos los días. Y también a diseccionarlos para entender el organismo humano.</p>
<p>Mientras en las primeras sesiones varios de sus compañeros desertaron o vomitaron, Ballard permaneció impávido. Él podía trozar manos, piernas o cabezas para extraerles el cerebro, sin el menor asco. Y el hecho de que nada le pasara, se remontaba años atrás. A la primera etapa en la vida de este escritor.</p>
<p>Nacido en Shangai durante los años 30, James Graham Ballard y su familia eran parte de la colonia inglesa que residía en la China precomunista. Pese a que vivía refugiado en un ambiente de británicos millonarios, la impactante realidad oriental era imposible de evadir. Así lo recuerda Ballard en su reciente autobiografía:</p>
<p>&#8220;Los cadáveres yacían en las calles del centro de Shangai, regados con lágrimas por campesinas a las que nadie prestaba atención en medio del tumulto de transeúntes&#8221;. Detalles como ese lo marcaron de por vida. Y la ciudad oriental se convirtió en la semilla de todas sus novelas y cuentos.</p>
<p>Años más tarde, desempolvaría todo en el libro que mezcla ficción con su historia personal: El imperio del sol (1984), donde narra los sucesos que le pasan a Jim, un niño inglés que vive con sus padres en Shangai y que cuando comienza la segunda guerra mundial termina abandonado en un campo de prisioneros.</p>
<p>Ahí, subsistiendo con magras porciones de arroz y el contrabando de víveres, Jim se da cuenta de que la vida puede ser bastante entretenida estando en guerra. Para empezar, los adultos pierden toda ese status que poseían en los tiempos pacíficos, por lo que las jerarquías se disuelven en un ambiente donde el único objetivo es sobrevivir y esperar que la guerra acabe.</p>
<p>Gracias en parte a la adaptación fílmica que hizo Spielberg del libro, El imperio del sol ha sido la novela más publicitada de este autor. Y pese a que muchos fans la consideran menos ballardiana de su bibliografía, no es así.</p>
<p>¿La razón? Hay que leerla como la demarcación de los terrenos en que Ballard plantearía el resto de su obra. O, para los que se inician, como una buena vía de ingreso a su mundo, ya que pase lo pase, escriba lo que escriba, Ballard siempre vuelve al Shangai de la segunda guerra mundial, esa ciudad donde las bombas se oían desde lejos. A esos terrenos devastados en que los aviones japoneses se enfrentan a los estadounidenses y el pequeño Jim ve todo como si fuera un juego.</p>
<p>De ahí que —en medio de los cadáveres cuando estudiaba medicina— haya llegado a la siguiente conclusión: &#8220;En cierto modo, estaba realizando mi propia autopsia de todos los chinos muertos que había visto tirados al borde de la carretera cuando iba al colegio&#8221;.</p>
<p><strong>Segundo camino: Ciencia ficción y novelas de anticipación</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Si el futuro iba a estar construido de algo, iba a ser de una serie de elementos proporcionados por el consumismo. (Milagros de vida, 2008)</em></p>
<p>Luego de su infancia en Shangai, Ballard volvió a Londres. Como adolescente nunca encajó en ningún ambiente y al lado de lo que vivió en China, la gris realidad británica le parecía aburrida. Recorrió varias carreras y oficios, hasta que terminó como redactor en una empresa de publicidad. Luego se casó, tuvo tres hijos y tempranamente su mujer murió.</p>
<p>En los años 60, esta es la escena que le tocó vivir: Mientras afuera el swingin london bullía y las drogas se pasaban de mano en mano, Ballard sacaba al parque a sus tres hijos. Era un padre ejemplar que escribía por las mañanas y recogía a sus hijos del colegio por las tardes.</p>
<p>De todas maneras, de vez en cuando iba a fiestas con sus amigos escritores que eran parte de la onda contracultural, se fumaba un porro y se reía un poco. Pero ciertamente que un escritor algo calvo y panzudo no encajaba en el ambiente.</p>
<p>Por esos mismos años Ballard encaminó su carrera de escritor. Y lo cierto es que ninguna de las formas o estilos de la literatura de ese tiempo le atrajo. Por eso se acercó a un género relativamente nuevo: la ciencia ficción. Leyó ávidamente varios de los libros en boga de esa tendencia, pero, en un momento frenó. Y llegó a la siguiente frase: ¿qué futuro tiene el futuro?</p>
<p>Hace poco el hombre había llegado a la luna, por lo que la carrera espacial estaba desmantelando el sci fi: Todo lo que los escritores habían querido adelantar ya sucedía.</p>
<p>&#8220;Casi todos los relatos transcurrían en un futuro muy lejano, en el marco de naves espaciales o planetas extraterrestes. Aquellas historias sobre planetas, en las que la mayoría de personajes llevaban uniformes militares, no tardaron en aburrirme&#8221;, recuerda en Milagros de vida.</p>
<p>Si por muchos años la ciencia ficción se había dedicado a investigar lo que sucedía afuera (el espacio exterior, digamos), ya era hora de centrarse adentro (el espacio interior). Esa es la primera vuelta de tuerca que hizo Ballard en cuanto al género fantástico.</p>
<p>La segunda es la conclusión de que escribir novelas futuristas puede significar tanto situarla en el año 3000 o en los próximos segundos. Ambas posibilidades suceden, si nos atenemos al término, en el futuro. De ahí otra de sus frases celebres: &#8220;Creo en los siguientes cinco minutos&#8221;. Y de ahí que tildaran su trabajo como novelas de anticipación.</p>
<p>Sólo es cosa de pensar que años más tarde, llegaría un cowboy a la casa blanca. O estaría un otrora actor de películas de acción convertido en gobernador de California. O Lady Di moriría en una autopista de Francia por culpa de unos paparazzi. Todos hechos que parecen sacados de una trama ballardiana. Y para qué mencionar al calentamiento global (uno de los tópicos que se pasean recurrente y tempranamente por las historias de Ballard) o las escasez de recursos. Todos aspectos que, en el fondo, son una extrapolación de los terrenos baldíos de Shangai durante la guerra.</p>
<p><strong>Tercer camino: Formas breves</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.<br />
(En qué creo)</em></p>
<p>Y dejando de lado sus novelas, otras de sus facetas son las formas breves. Su novela La exhibición de atrocidades (1969), sin ir más lejos, no es más que eso: Formas breves que se unen con un hilo invisible, en donde se narra desde el asesinato de Kennedy hasta el notable texto “¿Por qué quiero follarme a Ronald Reagan? ”. Una novela que hoy, en la era Internet, donde saltamos de una página a otra leyendo a veces sólo unas pocas líneas, parece encajar a la perfección.</p>
<p>El mismo Ballard conjetura sobre esto: &#8220;…y me pregunto si el uso extendido de Internet ha hecho que mi novela experimental sea mucho más accesible. Los párrafos cortos y las interrupciones de los correos electrónicos, los textos solapados y la necesidad de desviar la atención entre temas inconexos crean un mundo fragmentario muy similar al texto de La exhibición de atrocidades&#8221;. Un libro donde todos los trozos narrativos apuntan a la siguiente pregunta: ¿cómo ir digiriendo el futuro inmediato, ese futuro que ya casi es presente?</p>
<p>Por otra parte están sus cuentos reunidos en varios volúmenes sueltos, dentro de los cuales el más recomendable es Mitos del futuro próximo (1982).</p>
<p>Ahí están las típicas obsesiones de Ballard: Los campos de concentración japoneses (&#8220;El tiempo de los muertos&#8221;), una enfermedad degenerativa que va afectando a la humanidad (&#8220;Noticias del sol&#8221;) y el más bizarro de todos (“Zodiaco 2000”), donde luego de una experimento, el horóscopo queda reinventado en clave astronáutica e informática.</p>
<p>Otro de los relatos reconocidos –y que Borges alabó varias veces– es “El gigante ahogado” (puedes leerlo acá), la historia de un cadáver inmenso que termina varado en una costa, y sobre cómo la gente del sector termina destrozándolo. Para muchos, una metáfora del daño que le está haciendo el ser humano a la Tierra.</p>
<p>Y a propósito de esto, una de las grandes ausencias que uno se percata al pasar las páginas de Milagros de vida es que Ballard no haga mención a su veta de cuentista por ninguna parte.</p>
<p><strong>Última parada: !Crash!</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>En el futuro, la violencia se transformará sin duda en una valiosa forma de cohesión social.<br />
(Rascacielos, 1974)</em></p>
<p>Y así se llama su novela más famosa: Crash (1973). La trama va sobre un grupo de yuppies londinenses que forman un club. Uno en donde chocan autos a la vez que mantienen relaciones sexuales. Una oda a la modernidad, a los edificios de concreto y las grandes autopistas que se amplían.</p>
<p>La novela era de esperar, dejó la crema en su tiempo. Y no sólo eso: David Cronenberg (otro de los deudores de la estética ballardiana) hizo una conocida adaptación del libro a la pantalla grande 23 años después. ¿Resultado? Más polémica, más censura.</p>
<p>Todo esto es repasado por Ballard en Milagros de vida. Lo hace con un tono de congoja por el hecho que dos décadas después de escrita la novela, el mismo conservadurismo parecía mantenerse vigente.</p>
<p>Más allá de considerarla una novela morbosa, hay que mirar Crash como una disquisición artística. A Ballard se le debe tanto como, digamos, a Andy Warhol. Ambos toman símbolos pop y los distorsionan a su antojo, basándose en la dinámica de reciclar materiales y crear arte en base de eso.</p>
<p>Ahí está Warhol quien moldeó la figura de Ho Chi Minh y la hizo un cuadro pop, y ahí Ballard quien toma un tema de la vida contemporánea como las carreteras modernas y escribe una novela.</p>
<p>A estas alturas el virus ballardiano ya se coló en los escritores jóvenes. Desde Martin Amis, atravesando por William Gibson (padre del Cyberpunk) hasta llegar a Chuck Palahniuk:Imposible pensar en algo como El club de la pelea (1996) sin pasar por el cedazo de Crash (1973).</p>
<p>De hecho en Rant (2007), la última novela de Palahniuk traducida al español, un personaje dice: “Estar involucrado en un accidente de automóvil me ha llevado más cerca de esa iluminación que ningún ritual o ceremonia religiosa en la que haya participado alguna vez”. Un tributo claro a Ballard y sus autos chocantes.</p>
<p>Una última acotación: La vida entera de Ballard ha sido una sucesión de momentos crash. Desde que vivió en Shangai y presenció las bombas caer desde los cielos; pasando al momento en que decidió tomar la ciencia ficción para hacer un crash con el género; y terminando en, justamente, la novela que lleva este nombre.</p>
<p>No son los únicos choques en la vida de Ballard: En las últimas páginas de Milagros de vida anuncia que tiene cáncer terminal. Y Ballard debe ser el único escritor que narra esta enfermedad con la misma pasión de sus novelas. Cuenta sobre cómo sus huesos están siendo carcomidos desde dentro pero sin caer en sentimentalismos o trucos narrativos de autoayuda. De hecho lo hace con la misma facilidad y tranquilidad que describe un choque de autos o las escenas de chinos muertos. Y nada de eso es raro: Acostumbrado a manipular cadáveres en su juventud, Ballard sabe que nos vamos convirtiendo progresivamente en uno. Y que, al final, todo esto termina el día en que nos vamos a negro. ¡Crash!</p>
<p>Publicado originalmente en memorystick (zona.cl)</p>
<p>Imagen: <a href="http://davidrusselltalbott.com/_wsn/page2.html">david russell talbott&#8217;s pulpcore</a></p>
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		<title>SYNCO según la zona.cl</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2008 04:08:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Díaz Oliva]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[synco]]></category>
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		<description><![CDATA[Imagina un Chile distinto. Uno en el cual el 11 de septiembre del 73 nunca pasó porque Pinochet detuvo el golpe militar. Uno donde Allende crea el primer estado cibernético de la historia. Luego imagina un robot tipo Mazinger Z saliendo de Escuela Militar. Jorge Baradit imaginó todo eso antes que tú, y lo escribió [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tauzero.org/files/blog/syncozona3.jpg">Imagina un Chile distinto. Uno en el cual el 11 de septiembre del 73 nunca pasó porque Pinochet detuvo el golpe militar. Uno donde Allende crea el primer estado cibernético de la historia. Luego imagina un robot tipo Mazinger Z saliendo de Escuela Militar. Jorge Baradit imaginó todo eso antes que tú, y lo escribió en su nueva novela: “Synco” trata sobre ese Chile alternativo y tecnológico. Hablamos con él sobre su nuevo libro, su aclamado debut (“Ygdrasil”) y la curiosa forma en que infectó la web. Entre los que posteen sortearemos 20 entradas para el lanzamiento y cinco poleras. Como si fuera poco adelantamos –en exclusiva- algunos fragmentos de la novela chilena más esperada del 2008.<span id="more-1582"></span></p>
<p>Por Antonio Díaz Oliva<br />
Publicado originalmente en <a href="http://www.zona.cl/memorystick/">zona.cl</a>, 30 de octubre 2008.</p>
<blockquote><p><strong>“EL EXCESO DE PRESIÓN EN MI CABEZA”</strong></p></blockquote>
<p>Fue a fines de los 80 en Valparaíso. La banda punk se llamaba Trato Bestial y el vocalista era Jorge Baradit. Los locales escogidos para las tocatas eran colegios, galpones, juntas vecinales y subterráneos perdidos en el puerto. Ahí, con recibimientos que iban desde escupos a botellazos, se escuchaba su extraña mezcla de punk más poemas de Rimbaud.</p>
<p>Hoy Baradit —algo sonrojado por su pasado punky— tiene dos tesis sobre aquella banda. La primera es que era simplemente “una excusa para lanzar chuchadas a los milicos”. Y la otra es que “…en el fondo se trataba de los mismos síntomas de una patología personal, que tiene que ver con gritar, de alguna manera, por el exceso de presión dentro de mi cabeza”.</p>
<p>Como sea: con los noventa y los nuevos aires en Chile, Trato Bestial se disolvió. Jorge Baradit se mudó a Santiago y comenzó su carrera de diseñador. Entonces pasarían muchos años, hasta el 2005, para que otro fruto de esa patología madurara: “Ygdrasil”, una novela que trajo ingredientes que escaseaban en las letras chilenas: sadomasoquismo, dosis de ciencia ficción, demonios mitológicos y Mariana, la primera heroína “todo terreno” de la literatura nacional. </p>
<p>Hoy el nuevo fruto de Baradit se llama “Synco”. El libro más esperado de este 2008 toma su nombre de Synco o Cybersynel fallido proyecto de la Unidad Popular que pretendía convertir a Chile, en un país altamente tecnológico. Y para lograrlo crea un pasado alternativo donde el 11 de septiembre del 73 nunca se llega a desarrollar de la misma manera que hoy conocemos.</p>
<blockquote><p><strong>“NUNCA HE LEÍDO NADA DE PHILIP K. DICK”</strong></p></blockquote>
<p>Es jueves en la tarde y el lugar escogido para la entrevista es un café frente al Parque Bustamante. Jorge Baradit (39) llega acompañado de Ángela, su esposa, y deja el casco de su moto en una esquina.</p>
<p>Lo primero: difícil no imaginar a Baradit —con esos ojos grandes y saltones que tiene— como un personaje más dentro de la tercera generación de Robotech. Esa de las motos increíbles que se transformaban en trajes tecnológicos. Lo segundo: nada de raro, porque el mundo de Baradit remite más al animé que a los libros de ciencia ficción. De hecho él mismo asegura que no ha leído nada de Philip K. Dick. </p>
<p>Eso es —en todo caso— lo que se percibe al leer “Ygdrasil”, la novela que lo mostró como escritor. El libro la rompió el 2005 y se diseminó rápidamente por varias partes del mundo, a tal nivel que hoy se puede encontrar en una biblioteca pública de Australia. Pero cuando Baradit supo que se editaría, sus expectativas eran bastante pocas. “Nada. No tenía expectativas”, dice.</p>
<p><strong>¿Nada de nada? </strong></p>
<p>Nada. Imagínate el cuadro de esa época: año 2005 y un Chile dominado por la Nueva Narrativa. Alberto Fuguet hablando de “basta del realismo mágico, basta de Macondo” y un rollo con libros y películas que exploraban temas muy urbanos. En el fondo tipos que querían ser neoyorquinos.</p>
<p>Entonces, cuando me dijeron ‘ya vamos a publicar tu novela’ no tenía ninguna expectativa de lo que fuera a pasar. Para mí ya era un regalo publicar. Imagínate que yo soy diseñador gráfico y he trabajado toda mi vida en eso. “Ygdrasil” fue la primera novela que escribí y no esperaba nada. O sea que publicaran algo así ya era loco. Porque no tenía nada que ver con lo que se leía en esos tiempos.</p>
<p><strong>Pero después el mismo Fuguet en una columna decía que “Ygdrasil” se movía de mano en mano en universidades gringas, como un objeto casi de culto.</strong></p>
<p>Igual tengo que decir que nunca he visto a Fuguet como un rival. Él es muy simpático, tiene sus rollos y todo un cuento. Pero sí me pareció loco que fotocopias de “Ygdrasil” se pasaran de mano en mano en Estados Unidos y además que Fuguet se hubiese enterado. Pero es lo típico: en América Latina siempre tiene que venir gente de afuera a decirnos lo que estamos haciendo.</p>
<p><strong>Hoy incluso se hacen tesis de “Ygdrasil” en varias partes del mundo…</strong></p>
<p>Sí, cada cierto rato me llegan mails de estudiantes que quieren hacer tesis o estudios con “Ygdrasil”. Y no sólo de estudiantes; también hasta para doctorados en universidades extranjeras. Hubo una ponencia en Oxford y hay cursos basados en el tema. Al final, el más sorprendido soy yo.</p>
<p><strong>Pero ¿vas a retomar “Ygdrasil”? </strong></p>
<p>Sí. En verdad estaba peleando contra “Atacama” (la precuela de “Ygdrasil”) cuando irrumpió “Synco”. Por eso ahora “Atacama” está guardada en una carpeta con fragmentos y recortes varios.</p>
<p><strong>Por ahí incluso leí que la idea era lanzar “Atacama” el 2009…</strong></p>
<p>Esa era la idea. Pero como “Synco” me atrapó, me enfermé y cagué no más. Fue como un tumor. Así que tenía que sacármelo de encima. Sí o sí.</p>
<blockquote><p><strong>&#8220;SIEMPRE HE QUERIDO LLAMARLE A LO QUE HAGO, A MIS LIBROS, COMO &#8216;LA INFORMÁTICA DE MACONDO&#8217;”.</strong></p></blockquote>
<p>Por donde se le mire “Synco” es una novela rara. De lo que ha filtrado Baradit sabemos que trata sobre el mítico plan Synco el cual —al mando del británico Stafford Beer y el actual senador Fernando Flores— intentaba hacer de Chile un país tecnológico.</p>
<p>Los personajes que aparecen van desde Allende, Pinochet, Carlos Altamirano y hasta Ricardo Lagos como un “oscuro tecnócrata” en palabras del mismo autor, y la frase que grafica el ambiente de la novela es: “¿Qué precio tuvo que pagar Allende para obtener las llaves del paraíso socialista?”. Una novela con la que Baradit deseaba “ver a Mazinger Z saliendo de la Escuela Militar”.</p>
<p>Lo que sea que eso último signifique, todas las razones anteriores ya hacen de “Synco” algo anómalo en las letras chilenas. Y tal vez todo pueda resumirse en la música que escuchó Baradit mientras creaba la historia: “La escribí con un playlist en el predominaba Inti Illimani y Nine Inch Nails”,explica.</p>
<p><strong>Y si sentiste esta novela como un tumor ¿cómo te enfermaste de “Synco”? </strong></p>
<p><img src="http://www.tauzero.org/files/blog/syncozona4.jpg">Me enfermé escribiendo el blog Ucronía Chile. Un amigo de Viña (Pablo Barría), escribió sobre Cybersync. Yo lo leí el texto. La verdad es que no lo pesqué mucho. Y después Carlos Gaona, un ex hacker y amigo, escribió otro post. Y yo le pregunté ‘qué onda’ y me dice ‘Synco existió, no es broma’.</p>
<p>Empecé a informarme y me di cuenta que otro de los desaparecidos de la dictadura era este proyecto Synco. Algo increíble y macondiano y que me venía de perillas.</p>
<p><strong>¿Por qué? </strong></p>
<p>Porque siempre he querido llamarle a lo que hago, a mis libros, como la “informática de Macondo”.</p>
<p><strong>O “Realismo Mágico 2.0” ¿no? Así tildaron, por ahí, tu literatura.</strong></p>
<p>Claro. Además estaba el trasfondo del golpe, la onda macondiana de la UP, eso del socialismo al fin del mundo. Todo eso me hizo mucho eco en la cabeza. Y fue inevitable. Al final, para Chile, Synco es inevitable.</p>
<p><strong>Lo otro es que repites una protagonista mujer. En “Ygdrasil” Mariana era el personaje principal y ahora en “Synco” es Martina Aguablanca quien viaja a Chile para intentar exportar el plan tecnológico. ¿Qué te atrae de la figura de la heroína? </strong></p>
<p>Lo que pasa es que los hombres somos muy fomes. Somos predecibles. El típico héroe de acción es un dos más dos igual cuatro. O sea que sabemos cómo va a reaccionar. En cambio las mujeres son bastante más complejas. Eso que uno ama de las mujeres es muchas veces lo que se termina odiando.</p>
<p>Entonces fue una decisión que me daba libertad y eso es lo único que yo quería. El perfil femenino me ofrece esa oportunidad. Las minas pueden ser muy dulces, agresivas, sexuales, asexuales, etc. Además me interesa el dolor, el sufrimiento, la muerte como expresiones de la vida. Y la mujer es mucho más vulnerable a todo eso.</p>
<p><strong>¿Va a haber sadomasoquismo en el libro? </strong></p>
<p>No, nada. Ese fue uno de mis retos: ni sexo ni sadomasoquismo. Porque mucho del revuelo de “Ygdrasil” entre gente más joven era ‘wow, penetran a la protagonista con un calamar, qué heavy’. Y esa no es la idea. Así que ni sexo ni sadomasoquismo en “Synco” salvo en dos lugares muy específicos de la trama.</p>
<p><strong>Es una novela sobre Synco, un proyecto fallido de hacer de Chile un país cibernético. Pero también es una novela sobre el 73, ¿cómo llegaste a amarrar ambos cabos en una sola trama? </strong></p>
<p>Lo que pasa es que yo quedé perplejo con Synco. Como proyecto y expectativa. Y como dijo don Guillermo Toro (funcionario nivel dos de Synco y con quien hablé) este plan produce maravillas no por lo que fue, sino por lo que podría haber sido. Por eso la pregunta que siguió fue: ‘qué lata que Synco no se haya desarrollado’. Y luego: ‘¿qué debería haber ocurrido para que se desarrollase? Primero que no hubiera habido golpe de estado. Luego ponerle una estabilidad económica al país y un desarrollo político. </p>
<p><strong>Y así fuiste, paso a paso preguntándote. </strong></p>
<p>Claro. ¿Qué se necesita para que no haya golpe? Que el más poderoso (o sea Pinochet) se haya dado vuelta la chaqueta. Y el resto de la historia se fue dando sola.</p>
<blockquote><p><strong>“LOS LIBROS NO SE ESTÁN COMPRANDO PORQUE LA INDUSTRIA EDITORIAL (QUE ES PRIVADA) LLORA QUE EL ESTADO TIENE QUE IMPLEMENTAR LEYES DE CULTURA. PERO ES UNA EMPRESA PRIVADA, ASI QUE ¡MUÉVANSE!”</strong></p></blockquote>
<p>Algunos pasos de cómo “Synco” ha ido contagiando la web: primero Jorge Baradit escribió tímidamente en su blog sobre su nueva novela. Luego soltó un tráiler en youtube.Después creó un facebook. Más tarde otro trailer.</p>
<p>De ahí ideó un concurso: necesitaba 25 nombres para terroristas que aparecen en el libro, así que hizo un llamado a lectores interesados en figurar en las páginas. Por último mostró las portadas fallidas en su blog. Y hace unos pocos días publicó el glosario Synco que viene al final de la novela.</p>
<p>¿El efecto? Que varios periodistas mordieran el anzuelo y publicaran artículos sobre “Synco”. Al otro lado de la cordillera por ejemplo, el escritor argentino Juan Forn se largó con un ensayo bastante personalen el periódico Página 12, donde apuntaba que “un chilenito de veintipocos años llamado Jorge Baradit va a publicar en breve una novela llamada Synco”.</p>
<p>Más allá de los comentarios libres de Forn (como el error en cuanto a la edad), una cosa quedaba clara con aquel acto: la web ya estaba enferma del virus “Synco”.</p>
<p><strong>¿Cómo te planteaste la campaña de publicidad de la novela? Porque es algo totalmente nuevo a los típicos lanzamientos literarios. Por lo menos en Chile. </strong></p>
<p>La campaña simplemente nace de la siguiente premisa: los libros no se están comprando porque la industria editorial (que es privada) llora que el Estado tiene que implementar leyes de cultura. Pero es una empresa privada, así que ¡muévanse!</p>
<p>Pasa que los últimos veinte años, cada nuevo medio le ha estado sacando una tajada a la torta de los libros. Ya sea el cine, la Tv o Internet. Y no se ha hecho nada. Entonces hay que salir a buscar al lector. Y para eso se debe tomar esto como entretenimiento.</p>
<p>Un buen ejemplo es el cine. Cuando le planteé a la editorial de que manera había que ver la promoción de “Synco”, les pregunté: ‘¿ustedes creen que la promoción de la película Batman comenzó el día del estreno?’.</p>
<p><strong>Y qué te respondieron…</strong></p>
<p>Me dijeron: ‘No poh, empezó como dos meses antes’. Y yo les dije que nada que ver, hace un año con la primera filtración de la foto del tipo vestido de Joker. Entonces la idea fue comenzar cuatro meses antes con “Synco” y usar todas las herramientas disponibles. Darle un tratamiento de película al libro, porque así las expectativas aumentan.</p>
<p>¿Cómo crees que se hace para juntar tantos pendejos haciendo fila para el último de Harry Potter? Con expectativas. Soltando fotos, las portadas que no salieron, etc. Involucrando a la gente en el proceso.</p>
<p><strong>De ahí la idea de hacer un concurso para que 25 personas pudieran ver su nombre como terroristas en la novela ¿no? </strong></p>
<p>Sí. Lo que pasa es que en otros cuentos y libros que he escrito, pongo amigos como personajes. Y lo que yo persigo con la publicidad antes del lanzamiento del libro es generar amistad. Entonces me gusta la idea de ofrecerle a gente que quiere ser amiga de la novela, darle algún premio que esté en mis manos. Ese fue el objetivo detrás de esto de ‘escriban y podrán salir en la novela’. Lo cual generó un ruido que te lo encargo. </p>
<p><strong>¿Si? Qué tan bien…</strong></p>
<p>Mi casilla de mail reventó con todos los que querían salir en la novela. Y es porque nuevamente volvemos a lo que te dije: involucrar a la gente en el proceso. Por eso hice una red de amigos y armé un boca a boca antes de que el libro saliera. Yo me voy a sentir pagado cuando para el lanzamiento de “Synco” la sala esté repleta. Y eso va a suceder. Te lo firmo aquí mismo.[x]</p>
<p>El lanzamiento de “Synco” es el 15 de noviembre en la Sala Camilo Mori, Estación Mapocho a las 19:00. El mismo Jorge Baradit hace la invitación: “La idea es tener un par de sorpresas audiovisuales y una interacción enérgica con la gente. Que no sea el típico y aburrido acto con dos tipos hablando cosas aburridas Así que si tienes una AK-47 y un pasamontañas quizá sea el momento de sacarlos y llevarlos ese día”.</p>
<p>Y para los que no puedan aguantar hasta aquella fecha, el 1 de noviembre a las 16:00 de la tarde en la misma Ferial del Libro (stand de Ediciones B), se podrán a la venta los primeros 50 ejemplares de “Synco”. ¿La gracia? Si la adquieres ese día, tendrás una polera oficial, el libro en una edición numerada y además la posibilidad de que el mismo Jorge Baradit te lo firme.</p>
<blockquote><p>La Zona sortea veinte entradas para el lanzamiento (también sirven para ir a la Feria del Libro) y cinco poleras de “Synco”. Todo gracias a la editorial Ediciones B. Para participar <a href="http://www.zona.cl/comments/index.asp?IdForo={11EDA967-9109-49B7-AEB1-A13B2F60A8AB}">hay que dejar un comentario con un email válido en el sitio de la zona.cl</a></p></blockquote>
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		<title>La Ficción es Ciencia</title>
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		<pubDate>Thu, 15 May 2008 03:25:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Díaz Oliva]]></category>
		<category><![CDATA[comentario]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace rato que la ciencia ficción viene haciendo ruido en las letras chilenas. El Púgil de Mike Wilson, es el último ejemplo: la historia de un boxeador argentino que oye hablar a su refrigerador, mientras una nube negra cubre Buenos Aires. Una novela post-apocalíptica que bebe más de películas como Donnie Darko y la música [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Hace rato que la ciencia ficción viene haciendo ruido en las letras chilenas. El Púgil de Mike Wilson, es el último ejemplo: la historia de un boxeador argentino que oye hablar a su refrigerador, mientras una nube negra cubre Buenos Aires. Una novela post-apocalíptica que bebe más de películas como Donnie Darko y la música de Joy Division que de la ciencia ficción dura, y cuyo extracto puedes leer acá.</em> </p>
<p>Por Antonio Díaz Oliva <a href="#about">(*)</a></p>
<p><img src="http://www.tauzero.org/files/blog/mike.jpg" alt="Mike Wilson" /></p>
<p><strong>PEGA FUERTE</strong></p>
<p>“Los dos intentaban rehacerse a sí mismos y rehacer el universo entero. Y por eso la ciencia ficción constituía una tan gran ayuda para ellos”.Kurt Vonnegut, Matadero Cinco (1969).</p>
<p>Art cae de rodillas y se pone a llorar en medio del cuadrilátero. Su carrera como boxeador se acaba. Al otro día, en su casa, mientras lee cómo los periódicos se ríen de su papelón en el ring, el refrigerador le habla.</p>
<p>El artefacto le da algunas pistas e indicaciones y Art le hace caso. Termina deambulando por un Buenos Aires retro, topándose con personajes que van desde un clon de Orson Welles y un tintorero japonés que podría encajar en el mundo de Tarantino, hasta un grupo de nerds que juega rol dentro de una ballena varada.</p>
<p>Eso y otras cosas bizarras hay en El Púgil (08), la novela del argentino-estadounidense y residente en Chile, Mike Wilson Reginato (34). “Una historia del fin del mundo en el fin del mundo”, como se afirma en la portada, y que vendría a ser prima-hermana de Caja Negra (06)de Álvaro Bisama. O como dice el mismo Mike: “…que funcionan como prótesis”.</p>
<p>Como sea, ambos libros son de un tipo de ciencia ficción donde lo raro suple el fetichismo tecnológico, una corriente que ha cobrado fuerza acá desde Ygdrasil (05), la novela de Jorge Baradit que se convirtió en el punto de partida para que mucha gente se interesara y se atreviera con libros como el de Mike Wilson.</p>
<p>Aunque –hay que advertirlo- salir de El Púgil cuesta bastante. Pero ingresar no, porque está tan plagado de referentes pop que es imposible no agarrase de algo como puerta de entrada. Sin ir más lejos, el epígrafe de la novela es un trozo de “Transmission” de Joy Division. La mejor señal de la dirección y estética del libro.</p>
<p>Dentro de los links que hay en El Púgil, una constante es Donnie Darko (01). Tanto la película de Richard Nelly como la novela de Wilson, comparten cierta estética oscura y transmiten una sensación onírica en que no se sabe si uno está soñando o despierto. </p>
<p>&#8220;El Púgil tiene el mismo efecto que Donnie Darko: lo puedes tomar como una película de ciencia ficción o una sicológica. Me gusta harto la angustia metafísica del personaje Donnie, quien tiene esquizofrenia y por eso nunca sabemos qué elementos son realidad y cuáles no. En El Púgil pasa algo similar con Art, el protagonista, un veterano de las Malvinas que tiene su trauma sicológico, lo que le da cierta ambigüedad al asunto”, dice el autor.</p>
<p><strong>Y también hay citas a Inteligencia Artificial (01) que se repiten bastante… </strong></p>
<p>“Sí, para mí es una película que no se le dio la atención que merecía. Una de esas criaturas raras dentro del cine porque era una cinta de Kubrick pero de Spielberg igualmente. Y al final se convirtió en un ejercicio de comparar quién es mejor: Kubrick o Spielberg,y no se fijaron bien en la historia. Pero lo que me interesa de la película es el concepto de artificialidad, que es algo presente en mi novela”.</p>
<p><strong>Además de las referencias cinematográficas, la música es un elemento importante en la novela. De Joy Division a Radiohead.</strong></p>
<p>“Me interesa Joy Division porque El Púgil es una novela apocalíptica, y para mí Joy Division siempre ha sido música apocalíptica. Tiene un ritmo holocaustico y sentía que encajaba bastante bien, como el protagonista deambulaba con la ciudad y va ingresando a un infierno urbano”.</p>
<p><strong>¿Desde dónde crees que se sitúa esta nueva corriente de ciencia ficción chilena?</strong></p>
<p>“Hace poco alguien me preguntó cómo era escribir ciencia ficción desde acá, el tercer mundo. Y alguien habló de un “nuevo realismo mágico” para describirlo. Pero no sé, el realismo mágico salía de Latinoamérica servido en bandeja para que lo entendiera el lector internacional. Lo que se escribe dentro de esta literatura frik viene con furia, más violencia y no es lo que se espera que provenga desde acá”.</p>
<p><strong>Además choca con la típica imagen que la gente tiene…</strong></p>
<p>“Muchos piensan, cuando le hablas de ciencia ficción, en Star Wars o Star Trek; o sea algo en el espacio y con mucha tecnología. Y esa noción es bastante distinta a lo que se escribe en estos momentos. Como pasa con Ygdrasil, por ejemplo”.</p>
<p><strong>En la solapa del libro Edmundo Paz Soldán dice: “la mejor ciencia ficción en castellano se está hoy escribiendo en Chile”. ¿Te parece que este tipo de literatura viene a ser un relevo en el género?</strong></p>
<p>“Lo aparecido ahora no es ciencia ficción tradicional, es un pastiche. Y eso tiene que ver con la generación mediática y con la cultura pop. Es muy distinto a lo que se escribía en la escuela de la ciencia ficción hard, porque ahora uno se basa en experiencias como el cine -que aunque no sea de acá y provenga de Japón- es parte con lo que uno se crió. O la música, películas clase b, TV basura, ese tipo de cosas.</p>
<p>Al final lo que cualquier tradición narrativa necesita, es que aparezcan tumores que desvíen e irrumpan en el futuro que se supone que iba a tener esa tradición”.</p>
<p>Y los tumores ya están aquí.</p>
<p>A continuación, nuestros cinco autores recomendados para ingresar a la ciencia ficción:</p>
<p><strong>1.- PHILIP K. DICK</strong></p>
<p>Conocido por escribir el libro en que se basó la película Blade Runner (1982), también fue el gestor de novelas notables como El Hombre en el Castillo (1962), donde se narra una realidad alternativa en que parte de Estados Unidos es controlado por los nazis desde la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Tiene varios cuentos notables, los cuales escribió frenéticamente mientras consumía una gran cantidad de anfetaminas. Murió casi con lo puesto, y su reconocimiento fuera de los circuitos de la ciencia ficción fue posterior. Por latitudes latinoamericanas, escritores como Ricardo Piglia, Bolaño y Fresán son algunos de sus fans devotos.</p>
<p>En Biblioteca de Santiago se encuentran los Cuentos completos volumen 1 y 3 además de la novela Ubik.</p>
<p>En Bibliometro se encuentran las novelas Lotería Solar (1955), El Hombre en el Castillo (1962), Valis (1981) y la compilación de cuentos El Padre-Cosa.</p>
<p><strong>2.- J.G. BALLARD</strong></p>
<p>Famoso gracias a Crash (1973) -el libro preferido de Ian Curtis-, donde cuenta la historia de un grupo de personas que se excitan con los choques en auto, y que tuvo una adaptación al cine a manos de David Cronenberg.</p>
<p>Ballard es autor de una serie de novelas y cuentos en que más que experimentar sobre el espacio exterior, se enfoca en los conflictos sicológicos del hombre de clase media inmerso en una sociedad de consumo. Hace poco publicó una autobiografía donde anuncia su inminente muerte por culpa de un cáncer a la próstata. </p>
<p>Parece que la copia de Crash (1973) de la Biblioteca de Santiago ha sido todo un éxito. La están restaurando y estaría disponible nuevamente en un mes.</p>
<p><strong>3.- WILLIAM GIBSON</strong></p>
<p>Gibson es el padre del término cyberpunkque fue tan famoso en los ochentas y noventa. Su obra más reconocida, e inicio de su primera trilogía, es Neuromante (1984), donde tempranamente se anuncian términos como ciberespacio o realidad virtual. Y donde los manejos o robos de información y los hackers, hacen las primeras apariciones en la literatura. Un autor al cual Matrix le debe más de lo que los hermanos Wachowski se atreverían a reconocer.</p>
<p>En biblioteca de Santiago se encuentra su novela Conde Cero (1986) perteneciente a la trilogía del Sprawl.</p>
<p><strong>4.- HUGO CORREA</strong></p>
<p>Mientras en Chile el realismo seguía siendo la corriente literaria, Hugo Correase dedicaba a escribir sobre invasiones de extraterrestres en el campo o apariciones de Satanás en obras como Los Ojos del Diablo (1972) o su clásico Los Altísimos (1959). Tan bien le fue que terminó colaborando en revistas norteamericanas con el apoyo de Ray Bradbury.</p>
<p>Acaba de morir, días después del deceso de otra pluma grande de la ciencia ficción: Arthur C. Clarke (2001: Odisea en el espacio). A la espera de rediciones de su trabajo, las librerías de viejos son la mejor opción para encontrar algo de su autoría.</p>
<p><strong>5.- JORGE BARADIT</strong></p>
<p>Su novela Ygdrasil (05) fue la primera bomba de ciencia ficción chilena en detonar, el adelanto de una serie de explosiones que se sentían venir en las letras locales.</p>
<p>Robándole más estética a los videos de Nine Inch Nails y a la animación japonesa que a la ciencia ficción de tomo y lomo, Baradit ya es un referente local e hispano dentro del género. Junto con otros escritores maneja el blog Ucroníadonde en cápsulas narrativas fantasean sobre pasados y futuros alternativos referentes a la historia chilena. </p>
<p>“Ygdrasil” está disponible en Bibliometro y Biblioteca de Santiago.</p>
<p>(*)<a name="about"></a>Publicado originalmente en <strong><a href="http://www.zona.cl/memorystick/">http://www.zona.cl/memorystick/</a></strong></p>
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