…Y la isla era una isla

Ha terminado un viaje de seis años. Un viaje extrañísimo. Y si bien desde la mitad del viaje empecé a disfrutar del recorrido evitando que la ansiedad por el final me arruinara el paseo, en este último tramo mi relajo se fue a las pailas y empecé a pasarla mal.

Soy de los que abominé de la sexta temporada. Consideré que la inclusión del flashsideways (fsw) era una pérdida de tiempo para la construcción dramática ya que no había manera de que me involucrara emocionalmente en ella, al ser, de suyo, una línea alternativa, una versión de segunda mano, algo que sabemos, no perdurará. Por otra parte, la acción en la isla había desviado el foco hacia “el humo negro” y sus objetivos, algo con lo que no teníamos ningún tipo de conexión y que ni siquiera entendíamos bien.

Si quiere evitarse spoilers: NO SIGA LEYENDO

Mi interés primero eran los personajes, lo dije hace un año en una columna mucho antes que Cuse y Lindeloff se pusieran majaderos al respecto, y para entender sus comportamientos y reacciones debía entender el contexto en el que se desenvuelven. Ese contexto se fue a las pailas el último año. La línea compleja, pero a la vez prístina, de las cinco temporadas anteriores se desdibujó y perdió coherencia, al ser introducidos los fsw que anulaban cualquier explicación coherente a la trama.

Nunca fui un hombre de fe en Lost y desde los primeros episodios de la última temporada ya había tomado mi trinchera.

Ojo. No necesitaba una explicación para todo (algunos de los “misterios” de Lost que uno encuentra en foros de Internet rozan el absurdo), sé que la gracia se pierde cuando te explican que La Fuerza está compuesta de midiclorians o que Lecter come gente por que de niño le dieron a comer la carne de su hermana. Saber quien fue el fundador de la Orden Jedi no es necesario para disfrutar “A New Hope”

Pero tampoco me gustan las explicaciones al voleo tipo “es magia, no necesita explicación” ni la falta de ellas escudadas en un surrealismo trasnochado. Y el final de Lost olía a eso a kilómetros. Un final raro, que no se entiendera mucho para, con el tiempo, poder pasar al panteón de esos productos que llaman “de culto” (twin peaks, the prisioner).

Estuve a un pelo de mandarle un mail al director de este sitio para decirle que iba a tener que buscarse alguien que escribiera una reseña favorable. Era tan así, que no iba a dejar que mis bajas expectativas me hicieran conformarme con cualquier cosa como suele pasar. O recibía lo que esperaba o iba a reconocer que había sido una estafa de 6 años. Desde X Files es que no tengo problemas en reconocer.

¿Y qué esperaba del final de Lost? Contundencia. Coherencia. Complejidad. ¿Obtuve eso? No lo sé. No lo tengo claro. Lo que tengo claro, es que a pesar de mi resistencia inicial, terminé las dos horas y media pensando “fue un buen episodio, pero no sé si es un buen final” y de repente tenía lágrimas en los ojos. Ok, soy un huevón sensible y llorón, mea culpa. El problema es que luego, un par de horas después, estaba acostado, sin poder dormir, mirando el techo en una posición similar a como Jack mira el cielo al comienzo y al final de la serie y no dejaba de pensar en ese avión que se va de la isla. Ese avión en el que viajan a salvo el amor de su vida, su hermana y su mejor amigo. Recordé esa sonrisa final en la cara de Jack mientras su cuerpo comienza a apagarse y seguí llorando.

¿La serie era buena o era un pico en el ojo? ¿Tenían todo planeado desde el comienzo o fueron inventando sobre la marcha? ¿Con una temporada menos o una temporada menos habría sido perfecta? ¿Eran buenas la construcción dramática y el desarrollo de personajes o eran meras marionetas que hacían cualquier cosa para tener momentos mindfuckers?

Huevón, estuve llorando dos horas pensando en como me gustaría vivir y morir. No me interesa ninguna de las preguntas anteriores. Maduremos, el mundo es más que la gran tienda donde vas a comprar cositas para que te hagan feliz y te entretengan. Lost me emocionó durante seis años y en el momento final, como un dispositivo, llevó esas emociones a su máxima expresión. Lost me agarró del shakra anahata y no lo soltó hasta que dejara de verla como un producto de ficción que consumía semana a semana y la integrara en mis propios mecanismos para modificarlos. Anuló mi análisis frío y lo despojó de sentido. Me reconectó.

Lost no es una serie de ciencia ficción

Desde la noche de los tiempos nos sentamos alrededor de una fogata para contarnos historias, para aprender, crecer, emocionarnos, vincularnos.

Desde el principio Lost fue una anomalía. Si hacemos memoria recordaremos que antes de ser emitida, estaba muy lejos de lo que entendemos por “serie de género”, tengamos eso claro. Antes de la emisión del piloto, Lost no era promocionada como una serie de ciencia ficción, ni fantasía ni slipstream ni nada por el estilo. Todo lo que sabemos sobre la serie al momento de comenzar el piloto es que un avión cae en una isla y 48 personas sobreviven. Jack abre los ojos y vemos el desastre. Vidas destruidas. Adrenalina. Llega la noche y solo después del sonido del monstruo en medio del valle y la frase de Charlie Pace “guys… where are we?”, nos informa que no estamos en un fanfiction de “Survivor”

Es aquí donde se produce la inflexión. Y aunque estamos sobreaviso, el golpe de timón no nos prepara para lo que viene. Y es así que podemos disfrutar de una primera temporada de excepción. No hay episodio de desperdicio, todo es soberbio, de excelencia. Lost se encumbra en la lista de las mejores series de todos los tiempos. El fenómeno de masas que convoca a todo el mundo. Termina esa temporada con la puerta de la escotilla volando por los aires y la puerta conduce a rumbos insospechados.

En la segunda temporada, los dos primeros episodios en que una misma acción revisada una y otra vez desde diferentes perspectivas, nos revelan que estamos atrapados en un laberinto donde una y otra vez se revisitarán temas y símbolos. Y es aquí donde los creadores hacen una de las jugadas más extrañas de la serie. John Locke, el personaje más popular de la serie, el que parecía estar siempre un paso por delante de los otros, el cazador experto predestinado a sobrevivir en la isla se pasa los capítulos siguientes apretando un botón en una escotilla. Sí, ya había quedado en evidencia su vulnerabilidad en los flashbacks y lo habíamos visto quebrarse con la muerte de Boone, pero teníamos claro que era cuestión de tiempo para que volviera a ser el que la llevaba en la Isla. Eso no era más que un “plot device”, una etapa de un arco dramático.

Comienzan las bajas y Lost ya no es el fenómeno de la primera temporada. Hace poco Terry O’Quinn contó una anécdota que lo resume todo. Aburrido de interpretar a John Locke encerrado en una escotilla apretando un botón fue a hablar con Cuse y Lindelof para decirles que estaba aburrido. La respuesta fue: “¿Estás aburrido? John Locke también lo está. Sigue haciendo tu trabajo.”

No fueron los únicos que se aburrieron ¿Qué pasó? Los sobrevivientes de pronto tienen sus necesidades de alimento y aseo resueltas y lo que enganchó al ciudadano de a pie, ese que no colecciona action figures ni se compra poleras de series, se diluye. Mucha gente que empezó a ver Lost para ver una versión seriada de una película donde Tom Hanks hablaba con una pelota (¡Que gran personaje es Wilson!) no estaba para perder el tiempo con una serie de género. Ok, hay osos polares y un monstruo, pero ¿conspiraciones dentro de conspiraciones? No, gracias. Se añaden nuevos personajes a la trama, algunos no muy afortunados. Y entonces, luego de unos episodios de ajuste viene el golpe de gracia. Los losties toman un prisionero, no sabemos quien es realmente Henry Gale, y los juegos sicológicos nos vuelven a atrapar. Lost se transforma en otra cosa y la magia renace.

Y entonces viene la tercera temporada. En el ínterin la serie es grito y plata y hay que alargarla, meter nuevos personajes y no revelar los misterios.

Hay un momento en que  estuve a punto de abandonar la isla. No, no fue con Niki y Paolo, quienes pese a lo desafortunado de su incorporación siempre fueron usados en clave autoparodia por los creadores. Pero hay una escena en que la presión por alargar se hace evidente. Jack Shepard está encerrado en la jaula y aparece la azafata. Ella le dice que confíe en los Otros. En lugar de pedirle que se explique, Jack se pone a gritar tonteras y la escena termina. La audiencia baja, la trama se resiente y viene la huelga de guionistas. Hay que tomar medidas. Cuse y Lindelof insisten en que la historia debe tener un cierre. ABC quiere que sea indefinida. Los creadores proponen 2 temporadas más, la cadena accede a 3 con menos episodios, equivalente a 2 temporadas. Llegan a un acuerdo y se anuncia la fecha del final.

Y es entonces cuando vale la pena no haber dejado la serie. El segundo arco de la tercera temporada comienza lento y agarra vuelo cuidadosamente una vez que han sentado las piezas correctas. La gloriosa muerte de Charlie en el agua, anunciando que el barco que esperan “No es el barco de Penny” solo es superada por uno de los mejores cliffhangers de las series de televisión. Jack grita “¡Tenemos que volver!” y sabemos que estamos viendo el futuro-el presente (a estas alturas se confunde) y que los losties han salido de la isla. Estábamos equivocados, la serie no iba a terminar cuando los rescataran.

La cuarta temporada fue un gran thriller conspiranoico, con poderes ocultos enfrentadose mientras veíamos como los Oceanics se encontraban en medio del fuego cruzado. Se abandona la naturaleza episódica y autocontenida de la acción fuera de la Isla y la habilidad del equipo de guionistas para construir tramas con oficio se muestra en gloria y majestad. La serie se vuelve cada vez más adrenalinica y se puede atisbar la estructura que contiene todo y le da dirección. Es tan abrumador todo lo que pasa, en la isla y en los flashforwards que, sin que notemos el proceso, Jack Sheppard ya no es el líder natural y proactivo, convirtiéndose poco a poco en el drogadicto renegado y a la deriva que vimos al final de la temporada anterior. No nos hemos dado cuenta cuando ambos polos se han tocado de la mano y fusionado de manera natural y progresiva. No contentos con desmantelar a Locke, y volver a hacerlo con Jack, los capítulos añaden complejidad y matices a Sawyer, confirmando lo que veníamos sospechando desde dos temporadas atrás: bajo esa fachada canalla se esconde un niño herido y sediento de sembrar algo de justicia en un mundo que, lo sabe, es indiferente a esas entelequias morales, convirtiéndose en el pilar y la fortaleza de los losties abandonados.

Que decir del momento en que el manipulador definitivo, el hombre que tenía todo bajo control, el que sabía perfectamente que decir y que hacer para lograr sus objetivos ve todo derrumbarse cuando de un solo disparo muere su hija. Ben Linus no volverá a ser el mismo, afortunadamente. Es verdad, si en la segunda temporada nos quitaron el juego de la supervivencia, en la cuarta nos quitaron las maquinaciones de Linus. Por segunda vez, Lost hipotecaba sus principales activos en pos de algo que se nos escapa, que no podíamos intuir con claridad.

Y arribamos a la quinta temporada. El momento de las respuestas. Prácticamente todo lo que necesitamos para entender la trama de Lost y sus misterios, que no son tantos ni tan inexplicables como uno creería si se basa solo en los foros de Internet, está aquí.

Creo que en estos momentos casi todos habíamos perdido de vista una cosa esencial, Lost no puede ser entendida en los códigos de una serie de género. Es raro que lo diga justo cuando me hablo de la temporada de los viajes en el tiempo (el momento en que la premisa se estiró peligrosamente), pero erramos si la leemos como una serie de ciencia ficción. Así como a mediados de los ochenta algunos autores llevaron a su máxima expresión la idea de tomar superhéroes, epitomes de la ficción de género, y ponerlos en ambientes cotidianos y “realistas” para observar como se comportan en un entorno inusual, la serie tomó a personajes complejos y llenos de matices (que desarrolló en la primera temporada y desmanteló en la cuarta) y observó sus comportamientos en un entorno de ficción. Lo importante no era el fringe science. Y como no estábamos atentos algo comenzó a hacer ruido. Comenzamos a esperar lo que estamos condicionados a esperar de una ficción de género. Explicaciones, ideas novedosas y retorcidas, giros inesperados y, por sobretodo, personajes arquetípicos que obedecieran a lo que se espera de ellos. Que el cazador cace, que el líder lidere, que el conspirador conspire. Evidentemente agradecemos matices y cierta profundidad de desarrollo, pero los personajes tienen que hacer lo que tienen que hacer, de lo contrario consideramos que están “fuera de carácter” o mal desarrollados.

Y entonces vemos lo que ya sabíamos desde el final de la cuarta temporada. John Locke muere. Pero lo que no sabíamos es que su muerte no era heroica ni épica. Algo se agitó cuando lo vimos morir llorando patéticamente sin entender nada poco después de un suicidio frustrado. ¿Es manera de tratar al personaje más “chacal” de la serie? Esa no es manera de morir. Por eso resucita en la Isla, más “bad ass” que nunca, asumiendo su destino. Era tan evidente, tan esperable, tan lógico luego de años de consumir ficción que no nos percatamos del engaño. Llega el final de temporada y… Bazinga! John Locke está muerto y ha sido suplantado por el Humo Negro.

Ya me referí a la sexta temporada en los primeros párrafos de este mamotreto que estoy escribiendo. Vista como unidad la sexta temporada representa el peor momento de Lost ¡Pero que mal comienzo de temporada! ¡Qué manera de perder el tiempo con Dogen y el hippie de lentes! Por primera vez, y pese a que en las entrevistas aseguraban lo contrario, Cuse y Lindeloff abandonaron a los personajes para centrarse en un enemigo que poco importaba. Las acciones del Humo Negro y su campaña de reclutamiento no tenían ninguna importancia. Eso, sumado a la inclusión de la línea paralela en los fsw hacían prácticamente imposible que te involucraras con lo que estaba pasando. El nivel emocional de la serie baja a los peores niveles y lo único que puede consolar la debacle es recibir las respuestas que esperabas, lo que tampoco sucede. Salvo tres episodios, detesté la sexta temporada y la odié con mayor fuerza en la infame “Across the Sea

Esperaba el final resignado a una resolución mediocre y a conformarme con lo bien que la pasé en los anteriores ¿Qué pasó entonces que lo modificó todo?

Al terminar el episodio, digo “fue un buen capitulo, pero no sé si es un buen final” y empiezan a brotar lágrimas. Sigo resistiéndome y digo “y bueno, me emocionó, supieron hacerla”, y de pronto comienzan a acumularse los recuerdos y entiendo el origen de la emoción. Y los misterios empiezan a desenrrollarse y develarse. No todos, solo los más importantes, los imprescindibles para entender la trama total de la serie. Todo lo demás, chimuchina. Pero por sobretodo, entiendo que había equivocado el foco. Lo dijeron todo el tiempo. En una historia no es importante como funciona la maquina del tiempo, lo importante es como afecta a los personajes.

Si tengo que definir Lost después del final, tendría que decir que es una serie sobre un grupo de personas que caen y se pierden en una isla y deben aprender primero a sobrevivir para entender en consecuencia que tienen que aprender a vivir. Personas que sin saberlo están atrapados en el juego de otras personas que a pesar de tener más poder y más conocimiento están tan perdidos como ellos. Por eso no hay respuestas definitivas ni grandes revelaciones que pongan todo en su lugar. Newsflash a los ñoños macaqueros, en la vida no hay ni grandes respuestas ni grandes revelaciones. Solo personas atrapadas en los esquemas de los que tienen más poder y conocimientos atrapados en los esquemas de otros con más poder y conocimientos. Sí, como muñecas rusas. Ni viajes en el tiempo, ni conspiraciones dentro de conspiraciones, ni fringe science eran lo importante en Lost, eran solo el paisaje del viaje.

Donde Lost se destacó de manera soberana sobre cualquier otra serie al uso fue en la construcción y desarrollo de personajes. No comparto la idea de los que sintieron que los personajes ya no eran lo que eran al comienzo, me parece triste que algunos prefieran arquetipos inamovibles, máscaras, personajes, en lugar de personas. Sí, yo también esperé que cuando en el fsw Locke se “iluminara” su consciencia se despertaría en la isla y resucitaría para enfrentar al impostor. También pensé que, tal como lo habían hecho con Sloane en Alias, la redención de Linus era un mecanismo dramático para hacer aún más fuerte su vuelta al lado oscuro y su fatal destino prometeico, prisionero de ese poder que siempre quiso poseer. Afortunadamente me equivoqué. Agradezco que en lugar de esas vueltas de tuerca rebuscadas recibiera algo tan sencillo como una conversación en que uno le pide disculpas al otro y este las acepta.

¿Eran necesarias las explicaciones? No lo creo. A veces confundimos respuestas con explicaciones. Años de ficción para receptores pasivos nos han acostumbrado a la papilla molida, a “talking heads” explicando cada uno de sus actos.

No hay explicaciones, no obstante las respuestas están.

Algunas respuestas (o interpretaciones)

Ante todo hay que tener una cosa clara para entender lo demás, la pregunta más recurrente. Me la hicieron hace poco y titubeé un momento.

¿Qué es la Isla?

La Isla es una formación geológica. Como todas las islas del mundo. La única diferencia es que en la Isla hay algo, una materia/energía anómala que altera el espacio-tiempo y, por consiguiente, el fenómeno de la consciencia. Y es aquí donde nos encontramos no solo con el corazón de la Isla si no que con el corazón de Lost, su tesis fundamental.

La tesis de Lost es la de la consciencia cuantica, la misma del Dr. Manhattan en Watchmen. Consideremos el espacio-tiempo como un gran hipersólido, un Instante único congelado en la eternidad cuantica. La Realidad, esa entelequia que armamos con los retazos que percibimos a través de nuestros rudimentarios sentidos no es más que una representación de ese Instante. Es nuestra consciencia, incapaz de concebir la totalidad, la que ordena secuencialmente en eso que llamamos tiempo. No solo eso, contrario a lo que creemos la consciencia no es individual, es un fenómeno que compartimos. La consciencia es una, un edificio donde cada uno de nosotros es una ventana. La materia en la Isla altera la entelequia que construimos en nuestra ventana de consciencia.

Ahora bien, asumiendo esa tesis ¿Qué es lo que pasó en la Isla? ¿Cuál es la historia que nos cuentan? Lo segundo que hay que tener claro es que dentro de la secuencia lineal temporal corriente, la historia de Lost nos presenta otra anomalía, un bucle que comienza en 1977, cuando los hosties hacen explotar la bomba H, El Incidente, hasta el momento en que el Ajira cae en la Isla en 2007.

Desde el Incidente, los lideres de los Otros, Charles Widmore y Eloise Hawkins se encuentran en posesión del diario de Daniel Faraday, que contiene la relación de hechos que desembocan en la caída del Oceanic 815. Este solo dato produce la paradoja clave de Lost. La pareja se transforma, tal como el Dr. Manhattan en Watchmen, en los títeres que pueden ver los hilos. No se trata de si existe el destino o el libre albedrío. La tesis de la serie anula el razonamiento causa-efecto. “Whatever happened, happened” repiten una y otra vez los personajes.

No hemos estado viendo una historia línea contada en fragmentos y saltos. No hay causa-efecto, no hay destino ni libre albedrío, no hay conspiraciones.

La brújula que Alpert le entrega a Locke y viceversa, nunca fue manufacturada.

Estamos contemplando el hipersólido. Una naranja de la que podemos contemplar ambas caras al mismo tiempo.

Como no es mi interés desentrañar cada minucia de la trama ni responder a cada incógnita, me centraré en el misterio de los números para demostrar que cuando los creadores parecían explicar los enigmas, en realidad estaban despistando, y que todas las respuestas, las más importantes, están presentes pero es necesario unir los puntos.

¿Qué es lo que sabemos de los números a ciencia cierta? Son los números con los que Hurley gana la lotería. Simple. ¿Por qué están en la escotilla? Veamos. Widmore y Hawkins saben que ocurrirán ciertas cosas, no importa lo mucho que intenten evitarlo, la realidad corregirá su curso para que lo que pasó, pase. Hurley elige esos números porque los escucha de un interno que a su vez los ha captado en una emisión que en un momento nos enteramos que tiene su origen en la Isla. Supongo que han sido Widmore y Hawkins los que han puesto esa transmisión para que llegado el momento Hurley los elija en su cartón de lotería. Han “elegido” los mismos números que están, como meros números de serie, en la puerta de la escotilla desde la que saldrá el pulso que derriba el Oceanic 815, los mismos que pulsaran después. No han elegido en el sentido estricto del término. Son marionetas concientes. No tienen otra opción. Los números son inocuos.

¿Pero no nos dijeron que eran los números de los candidatos de Jacob?

Es solo una lista, nos responde Jacob. A Jacob le gustan los números, añade el Humo Negro. Jacob también puede ver los hilos. Elige esos números por los mismos motivos espurios por los que alguien elige el número de su casa o el cumpleaños de sus hijos para jugar al Loto.

El periodo comprendido entre 1977 (incluyendo el precedente del primer encuentro de John Locke con Widmore en la década del 50) hasta la caída del Ajira es una burbuja de certidumbre en una realidad regida por el principio de incertidumbre. Luego de eso, la incertidumbre vuelve y es ahí donde el Humo Negro aprovecha de dar el golpe final que la cadena de acontecimientos de la burbuja le ha permitido urdir. Una vez fuera de la burbuja nos encontramos con el arco final de la historia y nos reconectamos con lo que realmente importa.

¿Quiénes somos? ¿Cómo queremos vivir? ¿Cómo queremos morir?

El último estallido de la percepción, en el momento (El Instante) de la muerte, nos conduce al hall del edificio de la consciencia. Los personajes se encuentran, miran todo en perspectiva. Contemplan la totalidad del lienzo, en lugar de los hilos del telar. Y se mueven camino a la luz, la misma luz que inunda el corazón de la Isla, la misma luz a la que John Locke fue conducido por el Humo Negro y que le llevó a decir  ”He mirado a los ojos de esta Isla, y lo que he visto… es hermoso”, describiéndola como “una luz brillante”, en capítulos posteriores. Es luz que no es otra cosa que el entramado del espacio-tiempo, el Instante, el edificio de la Consciencia. Eso que habita en cada uno de nosotros, como dice la madre adoptiva de Jacob.

Es lo que Jack entiende al final. No es importante preguntarse si existe el destino, si todo pasa por una razón o si todo no es más que azar y nada tiene propósito. En la perfección congelada del Instante, esas dicotomías carecen de valor. Lo importante es haber vivido nuestras vidas, poder cerrar nuestros ojos sabiendo que hicimos lo que creíamos hacer, en su caso, salvar a su amor, su amigo y su hermana. Saber que “tenia lo que se necesitaba” para estar a la altura de las circunstancias, sonreír y morir.

Lost está lejos de ser una serie perfecta. Hay ripios, tramas innecesarias, personajes intrascendentes y decisiones ejecutivas de la cadena ABC que resintieron la serie, pero es propio de la naturaleza misma de estas. Sin embargo, Lost supo jugar con las reglas del juego y sacar el máximo provecho a las limitaciones del formato.

Ver el último episodio fue similar a leer la última página de Valis o Watchmen. Una sensación ominosa me invadió, las múltiples capas del texto se revelan como una estructura cristalina y que crece a medida que se va integrando. Fue un viaje fascinante y ha terminado.[x]

Por Miguel Angel Ferrada

Nota: Miguel es guionista y director del Proyecto Mortis que rescata al clásico personaje de historieta y radioteatros de terror. Recientemente ha finalizado la producción de la serie webcomic In Absentia MORTIS y en estos días ultima detalles de la novela gráfica MORTIS: Eterno Retorno.

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