Lo que viene: Te llamarás Konnalef
Archivado en: Noticias
El martes 10 de Noviembre a las 18 hrs, se realizará la presentación de la novela “Te Llamarás Konnalef” de nuestro-amigo-personal Armando Rosselot.
La novela narra la historia de Juan, un joven de descendencia mapuche, quien vive en un mundo extraño y hostil. La debacle ecológica ha convertido al planeta en un lugar donde actividades tan sencillas como salir al aire libre o alimentarse son mortales si no se toman infinitas precauciones. Políticamente, la sociedad está subyugada por gobiernos autoritarios de carácter feudal, regido por reyes despiadados y “eternos”. En este contexto distópico, el protagonista encontrará la llave del destino para ir en la liberación de él, de su gente y de su mundo.
En la FILSA la presentación será oficiada por Pancho Ortega, quien ha dicho: Una novela compleja, ambiciosa, deudora y al mismo tiempo creadora de una mitología muy chilena. De una tremenda base teórica tanto de literatura, como de antropología y mitología. Hay delirio, hay fantasía, hay horrores cósmicos. Te Llamarás Konnalef ha hecho del panteón mapuche y ancestral del cono sur una construcción mítica absolutamente universal y eso es tremendo.
Te llamarás Konnalef es editada por Editorial Forja. Su ilustración de portada fue realizada por Soledad Véliz.
UPDATE: Para asistir en forma gratuita, se puede imprimir la invitación
A continuación un fragmento de la historia.
Prólogo
Aún había viento en la quebrada norte que daba al enorme Mar de Vida, alguna vez, el viejo océano. Un niño corría velozmente hacia dos figuras que lo aguardan sobre una Tortuga del desierto. Había sido una gran tarde de juegos, y él solamente deseaba seguir disfrutando junto a sus padres.
Repentinamente, algo se sobrepone más allá de las blan¬cas nubes del verano y todo queda en la más completa oscuridad. Los gritos no se hacen esperar y, antes que el niño pudiese decir algo, es tomado por las fuertes y gentiles manos de su padre.
–Juan, no temas –le dice el hombre al niño–. Nada sucede. Junto con tu madre volveremos al hábitat.
“Los gritos vienen de ahí”, piensa el niño. No hay sol, no hay luz. Algo se siente en lo alto. Más allá de donde se supone pueden ver los ojos.
Ambos padres lo abrazan y toman rumbo hacia el lugar en que los alaridos y el caos nacen.
Algo se posa en frente de ellos. Algo toma con ira y rápidamente a la mujer, mientras el padre del niño trata, sin lograrlo, de sujetar a su esposa. Pero lo que se la lleva es más fuerte, más grande, más antiguo. El padre de Juan grita desconsoladamente.
Un zumbido agudo y desgarrador hace que, tanto el padre como el niño, no puedan casi moverse sobre el lomo del asustado animal.
La luz comienza a volver, poco a poco, por el oriente y las montañas. El gran castillo del Cepress brilla como nunca y un viento ardiente se vuelca, con ira, hacia ellos.
–¡Tápense de la luz! –grita la machi desesperadamente–, algo ha pasado con la luz del sol. Algo muy malo viene y no podemos detenerlo.
Sus ojos están blancos como las nubes que se han ido. Quizás para siempre. Su grito tampoco es el mismo. Juan tiene miedo. Su padre lo toma en brazos y corre lo más rápido posible hacia una ruka cualquiera.
La luz llega y quema. También puede cegar y mata. Juan oye aun más gritos. Una voz retumba en su mente de sólo cinco años de edad: “El tiempo ha llegado y la cuenta atrás comenzó pequeño niño. Ya lo sabrás en su momento.”
***
Berta, la machi, se quedó en su ruca con el pequeño Juan.
Su padre, junto a otros brujos, fue donde el gran Cepress gobernante, allá muy alto en las montañas. Él debía tener la respuesta, él podría ayudar.
Alguien había puesto algo entre la tierra y el sol. Eso se había llevado a su mujer. Eso había sembrado más muerte aun contra la que debían luchar día a día. Y si aquel poderoso hombre no estaba de su lado, el mismo lo combatiría hasta la muerte. Si no él, su hijo.
En ese momento la machi abrazaba al niño que poco entendía de la tragedia que se cernía sobre él y los demás hombres, y recitaba palabras antiguas y peligrosas. Algunas lágrimas cayeron de sus ya arrugados ojos.
“El pacto no puede romperse”, pensó.
No.
“Pero no es la primera vez que se ha roto uno, y tampoco será la última”. Abrazó aun con más fuerza al niño, el cual, según sus visiones, pondría fin a todo el sufrimiento de la tierra y a la tiranía establecida en el mundo.
“No puede romperse…”



Interesante!!