Entre Gauss y Lobachevsky: diálogos con Sergio Meier

Sergio Meier (en 1890) junto a sus matrices de realidad virtual a vaporEl lunes pasado como tantas otras veces tomé el único bus a Quillota que pasa por Concón para ver a mi gran y querido amigo Sergio Meier. Siempre que iba a Quillota le llevaba algo, cómics, libros, a otros amigos e incluso a mi propia familia. El lunes pasado no llevaba nada salvo a mí mismo enfundado en un traje y corbata negros. Nunca había estado tan poco tiempo en Quillota, porque a la casa de Sergio se iba por todo el día, uno llegaba a almorzar y no se marchaba sino hasta la salida del último bus a Concón a las 9:30 de la noche, y aún así nos faltaba tiempo para conversar, y aún así debíamos ir corriendo hasta la parada y una vez arriba del bus, Sergio se quedaba ahí fuera en la calle despidiéndose con la mano como un niño pequeño hasta que el bus partía.

En cierta ocasión perdí el bus y decidí esperar cualquiera que fuese a Viña mientras Sergio me insistía con que me quedara a alojar, claro que advirtiéndome de que en su casa penaban, que Pato Alfonso alguna vez lo había despertado con gritos de espanto en medio de la noche por lo que él había bajado las escaleras, pistola en mano a ver que pasaba. “¿O sea que si no me mata del susto el fantasma me matas tú de un balazo perdido? No gracias”, le contesté y ambos reímos como sólo se podía reír uno con Sergio, risas interminables que nos dejaban sin aliento como durante mi última visita a su casa, junto a nuestro amigo en común Teobaldo Mercado y mi hijo Bastian. Jamás me reí tanto como aquella vez, y tampoco nunca ví a Sergio reírse de tal manera.

Con Teobaldo conformábamos algo muy similar a los Tres Chiflados, pero no para provocar la risa ajena sino la de nosotros mismos, claro que entre risa y risa hablábamos de cosas muy serias y relevantes, pero el humor siempre estaba ahí, un humor inteligente y sofisticado, como Sergio. Teobaldo le llamaba “el Tecnomago”, yo le decía “Ominoso” por todos sus vínculos Lovecraftianos y él a su vez me bautizó como “el Animoso” ya que solía decirme que explotaba en arranques de ira muy fácilmente. Y estaba en lo correcto, siempre actué contrario a lo que significa ser elegante, ser un gentleman porque como bien recordábamos con Sergio: “a gentleman will walk but never run.” Y gracias a Sergio aprendí a perfeccionar ciertas cosas perfectibles, y a conservar las rescatables entre las que por supuesto estaba la literatura.

La literatura fue nuestro punto de encuentro, la primera vez que supe de Sergio Meier fue a través de las páginas de la antología de cf chilena Años Luz. En dicho libro, Sergio estaba representado con un fragmento de La segunda enciclopedia de Tlön y al leerlo inmediatamente dije: wow, this is something else! (sí, me lo dije en inglés). Era una suerte de Matrix erudito y literario, my kind of fix. Y obviamente quedé enganchado. No fue sino hasta el lanzamiento de Años Luz en la Biblioteca Nacional que conocí en persona a Sergio e Isabel y tuvimos la oportunidad de charlar luego del evento en el Café Escondido. Hablamos de Lovecraft, obviamente, y de nuestros respectivos Providence e Insmouth en la V Región. Y de esta forma comenzó a cimentarse la amistad, en torno a nuestros temas y escritores en común en una primera instancia, y también en base a nuestras diferencias que es realmente dónde uno aprende. Y nadie mejor que Sergio como maestro.

Analizándolo desde la distancia debo reconocer que la publicación de Años Luz fue un verdadero hito y eso es algo que todos los involucrados debemos agradecer a sus responsables, yo especialmente ya que dicha antología me permitió conocer a Sergio y gozar de su amistad. De hecho durante aquel tiempo que abarcó desde fines del 2006 a mediados del 2007 tanto Sergio como yo (junto a Néstor Flores y Miguel Vargas) estábamos embarcados en la aventura editorial de Puerto de Escape, todos eramos escritores de la V Región y todos seríamos publicados. Por razones que no vale la pena mencionar, mi participación en Puerto de Escape llegó a un abrupto término y fue mejor así ya que me permitió publicar Identidad suspendida mientras perfeccionaba mi primera novela a la cual aún le faltaba mucho. Y Sergio e Isabel fueron un gran apoyo en la génesis de Identidad suspendida, y pasamos largo rato discutiéndo el título mientras esperábamos el último bus a Quillota que jamás pasó obligándoles a pasar la noche en mi casa. Claro que yo no tenía fantasmas, ni una pistola tampoco, pero al menos sí un sofá-cama. Y cuando lanzé el libro, ahí estuvo Sergio junto a Jorge Baradit para presentar mi novela, y para escribir una reseña, y para presentar Poliedro 3 en la feria del Libro de Viña este verano, Sergio siempre estuvo y cuando no pudo estar, pues ya sabemos la poderosa razón que se lo impedía.

Volviéndo al tiempo en que ambos militábamos en la misma casa editorial, adquirimos el compromiso de apoyarnos mutuamente y fue así como surgió la idea de grabar una charla para luego hacer de ella una entrevista. Estas charlas fueron mantenidas en el lapso de varias horas en el Café Rialto de Viña del Mar, en mi casa en Concón y en la de Sergio en Quillota. Obviamente el material que surgió de aquellos cassettes fue demasiado extenso por lo que decidí dividir el documento en cuatro partes, cada una de ellas centrada en alguna temática principal. La primera referida a los aspectos personales y el steam-punk fue publicada en TauZero, la que versaba mayormente sobre Lovecraft se fue al ahora extinto Goetia, la referida a la ciencia y la cf en términos más generales fue publicada en NGC 3660 y la última sobre el vínculo de Sergio con Juan Luis Martínez apareció en Letras de Chile. De las cuatro, sólo dos están actualmente disponibles en la red, y es por eso que decidí volver a reunirlas y publicarlas bajo un sólo título: Entre Gauss y Lobachevsky:diálogos con Sergio Meier.

En estos diálogos la erudicción de Sergio salta a la vista adelantando ya varios de los temas que tocaría en el programa Una Belleza Nueva de Cristián Warnken, nueve meses después. Claro que al leer estas palabras echamos de menos la elocuencia de Sergio, su pasión y entusiasmo, pero si aún no han visto el programa dedicado a él, sus obras e influencias, vayan al sitio de Otro Canal, vean el video de aquella memorable charla con Warnken y escuchen a Sergio Meier. Luego regresen y lean esta charla entre dos amigos ya con la voz y el rostro de Sergio Meier grabados en la mente. Es lo más cercano a tener la experiencia de haber compartido con un gran autor que antes que eso, fue el mejor de los amigos.

Con mi estremecido recuerdo y agradecimiento, Sergio, hasta el día en que todos seamos uno.

Sergio Alejandro Amira


ENTRE GAUSS Y LOBACHEVSKY: DIÁLOGOS CON SERGIO MEIER

Sergio Meier Frei irrumpió en la escena nacional hace más de veinte años con El color de la amatista, obra que sorprendió por su madurez literaria y gran oficio en el manejo de las estructuras gramaticales. Sergio desde muy temprano, además, se puso al servicio de la literatura y la divulgación científica a través de sus columnas en periódicos, sus numerosas charlas y conferencias en universidades e institutos, sus ciclos de programas radiales sobre Lovecraft y un sinfín de otras actividades que abarcaron una década… hasta que desapareció de la luz pública casi por completo.

Años Luz, la antología de la ciencia ficción chilena lo trajo de vuelta anunciando en sus páginas el advenimiento de un nuevo Tlön que amenaza con trastocar nuestras nociones de la realidad misma y nuestro destino final en el universo.

Ahora bien, puede que Sergio Meier no sea un escritor nuevo, pero si novedoso ya que las ideas que articula en su obra están a la vanguardia de las últimas teorías científicas y estéticas. Pero cuidado en apresurar juicios ya que estas mismas ideas se funden con el estudio de saberes arcanos y esotéricos dando cuerpo a una novela llamada a convertirse sin lugar a dudas en un punto de inflexión sin precedentes en las letras chilenas. El mismo Meier resume en sí esta convivencia entre lo contemporáneo y lo ancestral describiéndose como un roquero de bastón y levita, un autor que desde su Providence particular y cual Randolph Carter viaja a través del tiempo y el espacio descubriendo realidades y universos paralelos insospechados.

Sergio, mientras la mayoría persigue la juventud perpetua, tú prefieres cultivar una imagen de hace doscientos o trescientos años.

Absolutamente. Es una forma de ser revolucionario, de ser rebelde a mi manera. Por eso siempre digo que yo nací en el siglo XVIII, esa es la estética en la cual me siento realmente cómodo, incorporado.

¿Sigues viviendo actualmente en el siglo XVIII?

Vivo constantemente en el siglo XVIII porque es la época que me acomoda, es la época del iluminismo en la que todavía estábamos con un pie en el pensamiento mágico del Renacimiento y con el otro en los territorios de la razón. Es cuando aparece por primera vez el concepto de científico y en que todavía puede existir un filósofo natural como Isaac Newton, un hombre que puede generar las bases de una ciencia, de una matemática, de una física férrea, absolutamente racional y al mismo tiempo dedicarse al estudio de la alquimia, de la magia.

¿Cómo lograste vivir en el siglo XVIII durante fines del siglo XX y ahora en pleno siglo XXI?

El siglo XX lamentablemente no me permitió vivir en forma tranquila ya que estaba todavía empapado de la horrorosa ‘modernidad’, de ese avanzar en una sola dirección siguiendo la flecha del tiempo. En cambio ya a fines del siglo pasado aparece este maravilloso concepto del posmodernismo que elimina la ilusión de avance constante y permite mirar hacia los lados y hacia atrás con ironía, permite evoluciones paralelas y toda esta serie de maridajes y de combinaciones que dan origen a este tipo de literatura denominada steampunk, que sin embargo es la tendencia natural de los tiempos. Es decir, la abolición completa de una época determinada, de un espacio, de un tiempo determinado en pos de una combinatoria anárquica y delirante. Y en ese momento es que puede aparecer un personaje como el que aquí te está hablando, un personaje absolutamente validado por la posmodernidad.

Dentro de los escritores chilenos de literatura fantástica que conozco, tú eres quien demuestra un mayor compromiso con la ciencia, con escribir ciencia ficción propiamente tal sin encubrimientos ni eufemismos que la hagan pasar por otra cosa. Más aún, tu cf es lo que se denomina ciencia ficción ‘dura’. ¿Cuál es tu aproximación a la ciencia como autor?

La ciencia sin lugar a dudas tiene un rol preponderante en mi obra. Ahora bien, como conversábamos anteriormente lo que era la ciencia en el mundo romano no lo es en el mundo bizantino y tampoco lo es en la Edad Media ni el Renacimiento. Hay que considerar también que no existía el concepto científico hasta que aparece Mary Wollstonecraft Shelley y lo populariza en su novela de 1818 Frankenstein o el moderno Prometeo. Por eso Newton publica todo su trabajo de física como filósofo natural y no como científico. Como muy bien ha pronosticado Thomas S. Kuhn, cada cierto tiempo se van produciendo cambios en la percepción del estudio del universo, de nuestro análisis de la ciencia. Kuhn ha estudiado como en la historia de la humanidad son siempre ciertos revolucionarios, con ciertas características, los que empiezan a cambiar el paradigma con gran seguridad arriesgando su prestigio e incluso su propia vida al crear estas nuevas visiones de lo que es la ciencia y el mundo en que se vive, visiones que luego se trasladarán al resto de la comunidad y a la población toda.

¿Según tú percepción la ciencia es la fuente de la cual se nutre la humanidad?

Hasta cierto punto sí, ya que cuando hablo de ciencia me refiero al afán por desentrañar los misterios clásicos de la Humanidad: de dónde venimos, hacia dónde vamos, que es lo que estámos haciendo aquí…

Algo que hacen las artes también.

Por supuesto, pensemos que en la antigüedad un científico y un artista podían convivir en la misma persona. Tengamos en cuenta que los grandes artistas del renacimiento también fueron, además de grandes sabios, grandes científicos. Es en el siglo XIX cuando se produce la escisión entre el mundo científico, el mundo religioso y el artístico. Sin embargo siguen existiendo a lo largo del siglo XX grandes anomalías. Pensemos en un Teilhard de Chardin, por ejemplo, un arqueólogo jesuita que desarrolla una concepción científica que tiene mucho que ver con la de Frank Tipler y que denomina ‘Cristogénesis’. La búsqueda de la evolución humana para salir de la biosfera, del estado animal y convertirnos en seres puramente espirituales o mentales y evolucionar hasta estratos superiores de la noosfera, conectándonos finalmente al llamado Punto Omega, que es la divinidad creadora que está fuera del espacio y del tiempo.

Estaríamos entonces asistiendo a un cambio completo de la visión del universo, del ser humano y el lugar que ocupa en este. ¿No es así?

Absolutamente. Si en el siglo XX la gran revolución fue la teoría de la relatividad de Einstein, después aparece la mecánica cuántica, que penetra en un territorio invisible, mucho más místico y esotérico. En el mundo sub-atómico se entra en las nubes de partículas y comienza la gran discusión de si existen realmente las partículas como materia o lo que existe son simplemente estados de ondas, y aparece la famosa teoría de cuerdas como derivado de la mecánica cuántica para explicar el universo. En ese sentido toda la materia estaría en un constante estado de vibración de onda, lo que permitiría el nacimiento de las moléculas y que estas moléculas lleguen a conformar distintos estados de materia serían simples cambios en el estado de vibración de onda.

A partir de esto arribamos entonces a esta concepción nueva que es el paradigma holográfico.

Así es. Más allá de la teoría de cuerdas, de la teoría de membranas, de esta explicación de los universos paralelos y como chocan e interactúan entre sí y se crean constantemente arribamos a esta visión, la visión del paradigma holográfico dónde si realmente la mente humana funciona como un gran holograma y esto es un espejo de la realidad que nos circunda, es decir que todo el universo funciona también como un enorme holograma, y si todo está en esta función de onda, perfectamente cada uno de nosotros, cada una de las partes del holograma puede tener conciencia y puede participar del holograma principal.

En ese sentido científicamente se estaría corroborando la capacidad mística de contactarse con la información superior del espacio que puede estar a millones de años luz de distancia, algo así como los archivos Akhásicos del misticismo hindú.

Absolutamente, y esta toma de conciencia nos permite un salto cuántico en la evolución de la humanidad, porque podemos desarrollar poderes insospechados, tomando conciencia de ellos. Actualmente hay una ebullición de superhéroes, primero en los cómics y luego en la televisión, en el cine, en la literatura. No hay quien no se involucre ahora con el tema de los metahumanos.

Frank Herbert, por ejemplo, creía que la existencia de superhéroes sería desastrosa para la humanidad. Herbert decía que los héroes son dolorosos, pero los superhéroes son una catástrofe. Sus errores envolverían a demasiados de nosotros en el desastre.

Esto parte de la sospecha intrínseca de Herbert por las estructuras de poder y quienes lo detentan, por supuesto. Herbert nos invita a no derogar todas nuestras facultades críticas a aquellos en el poder, no importa cuan admirables estas personas parezcan ya que bajo la fachada del héroe siempre encontraremos a un ser humano que comete errores humanos.

Volviendo al tema de los ‘metahumanos’, creo que esto tiene mucho que ver con el Principio de Causalidad de Arriba hacia Abajo en contraposición a la Causalidad de Abajo hacia Arriba ligada a la concepción mecanicista del mundo. Concepción que como bien sabemos, plantea que la física determina la química, la química la biología, la biología la psicología y la psicología la sociología. El Principio de Causalidad Inversa resultaría entonces en que la Mente podría actuar sobre la biología y sobre la materia en general, a través de la intención o voluntad. Eso podría explicar desde las habilidades paranormales hasta los milagros y ciertamente, los superpoderes.

Así es. En distintos niveles está apareciendo la conciencia de que estamos cambiando, de que evolucionamos. Ya no nos reímos de estos conceptos sino que están empezando a ser validados. Como dijo algún crítico de la obra de William Gibson en su momento, las cosas están en el aire y Gibson es simplemente el meteorólogo. Todo esto está ayudando a confirmar que vivimos en un gran holograma. Teoría que por lo demás hasta Stephen Hawkins ha aceptado incluir en su famoso libro El universo en una cáscara de nuez.

Es como cuando Miguel Ángel decía que la forma está contenida en el trozo de mármol y él simplemente sacaba lo que la está aprisionando allí.

Por supuesto, es más, esta nueva concepción del universo nos lleva a conclusiones tan revolucionarias como que ninguno de nosotros puede estar equivocado. Podemos confundirnos, pero las ideas arquetípicas de la humanidad siempre van a repetirse porque nacen de la matriz universal del cosmos. De tal forma que cuando la kabbalah hebrea está trabajando con los enlaces de los árboles sefiróticos no es de sorprenderse que los enlaces de las estructuras moleculares en química sean tan similares porque el arquetipo es el mismo.

En el modernismo, un escritor ‘decimonónico’ como tú habría sido un anacronismo. El posmodernismo, en cambio, posibilita que un autor de estas características sea absolutamente actual.

Esa es la gracia del steampunk. Por ejemplo, cuando vemos La Liga Extraordinaria, adaptación del cómic de Alan Moore, nos encontramos con tecnologías avanzadas como el superautomóvil y el hipersubmarino, amén de la tecnología de ADN, que conviven con personajes románticos del pasado y de culturas distintas. Ahora bien, en este punto de inflexión en el que nos encontramos, en que el siglo XXI es muy diferente a lo que nos imaginábamos iba a ser, el steampunk es un estilo literario que más que una moda pasajera tiene que ver con la señal del rumbo a seguir por el arte y la literatura. Pensemos que esta desmesura estética, llamada carnavalesca o polifónica, se presenta en autores que no se consideran de ciencia ficción, como Bolaño, Italo Calvino, William Burroughs, Thomas Pynchon y el propio Borges, autores que combinan épocas, espacios, tecnologías, consideraciones filosóficas…

Ya que has mencionado el steampunk y en beneficio de lectores menos contaminados por la ciencia ficción que nosotros, me gustaría aventurar una definición que nos sea utilitaria. Podríamos decir que el steampunk es un subgénero de la cf que adopta las convenciones y escenarios de la ficción especulativa del siglo XIX. El steampunk sería básicamente una suerte de cyberpunk ambientado en el pasado donde se cambia la tecnología de punta por las máquinas a vapor pero manteniendo la actitud ‘punk’ del cyber. En ese sentido Frank Herbert en Duna también demuestra una sensibilidad steampunk.

Por supuesto, Herbert está creando un universo medieval donde el lenguaje es de origen semítico, árabe o hebreo. Las conceptualizaciones religiosas que utiliza lo son también, el pueblo Fremen representa al pueblo judío que anda errante esperando a su mesías. Como tú lo has dicho, Duna tiene una sensibilidad steampunk como también la tiene William Burroughs en Expreso Nova. Son obras de temáticas francamente steampunk que prepararon el camino. Nosotros ahora podemos volver al pasado, retomar toda nuestra historia y reconstruirla. Tomar personajes y temáticas que antes eran tremendamente aburridas y actualizarlas. Pensemos por ejemplo en La segunda enciclopedia de Tlön, en Newton y Leibnitz. Personajes sumamente aburridos, autores de áridas fórmulas que de pronto cobran vida con una sensibilidad punk, personajes que andan con exoesqueletos, contestatarios y revolucionarios, que desarrollan grandes luchas con tecnologías impensadas a nivel cósmico, convirtiéndose en verdaderos héroes de manga japonés.

La segunda enciclopedia de Tlön sería un steampunk bastante inusual entonces.

En efecto se trata de un steampunk atípico ya que parte en un supuesto universo paralelo anunciado por Borges aparentemente más allá del siglo XXI pero con una estética y personajes del pasado, es un steampunk que ha invertido el tratamiento tradicional de situar los hechos en el pasado. Es la primera novela asumida plenamente como steampunk aquí en Chile y al mismo tiempo es la primera novela de la cual se tenga noticia que esté dando a conocer un concepto tan revolucionario como el paradigma holográfico, tanto como lo fue en su tiempo la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica.

Hablemos de uno de los conceptos claves de tu novela, la mónada holográfica.

El concepto de la mónada holográfica es para mí el que más orgullo me produce dentro de la trama de La segunda enciclopedia de Tlön, esta es la gran obra finalmente a la que el genio de Leibnitz y Newton acceden de la misma forma como históricamente arribaron al cálculo diferencial por distintas vías. Ambos están en una búsqueda. Newton representa el mal en mi novela, o al dios de la razón, Urizen, cegado por alcanzar un grado superior de manera egoísta. Leibnitz, que derivó al mundo científico del humanismo y la filosofía, que perteneció a los rosacruces y que se llevaba siempre la peor parte en su rivalidad con Newton, representa lo contrario pero el concepto al que ambos arriban es finalmente el mismo, el de mónada holográfica. Aquí hago un juego con la Mónada jeroglífica de John Dee, este genio bibliotecario de la reina Isabel, alquimista famoso que se comunicaba con ángeles a través de espejos mágicos y que además acuña para Inglaterra el término ‘imperio británico’. Dee en la Mónada jeroglífica resume y sintetiza todo el conocimiento esotérico de su época en una obra de muy pocas páginas, llena de símbolos. Lo mismo que buscaba un Giordano Bruno para quien la magia se dividía en distintos tipos de magia, existía una magia simpática que era más bien de tipo psicológico o de sugestión que es la empleada hoy en día por los psiquiatras a través de la hipnosis, y estaba la magia artificial real que permitía fabricar androides y maquinarias. Todo esto formaba parte de la doctrina que debían estudiar los antiguos magos. Dee lo sintetiza todo en un solo símbolo donde está el hombre, donde está el universo, la lucha entre el bien y el mal, el eterno femenino, el tiempo y el espacio, etc., todo contenido en un símbolo que es la comunión de diversos símbolos alquímicos anteriores y a este símbolo él lo llama ‘mónada jeroglífica’.

En La segunda enciclopedia de Tlön creamos la nueva ‘mónada’, basándonos en el revolucionario paradigma holográfico desarrollado por el físico David Bohm, discípulo de Einstein, que trabaja con la teoría de que el universo completo estaría existiendo en estados de vibración de onda y por Karl Pribram Jr., un neurocirujano, que tratando de descubrir como se almacena la memoria en el cerebro llega a la conclusión que esta se mantiene de forma holográfica, que está en todas partes del cerebro. Luego Pribram deduce que si el cerebro es un holograma es por que el mundo que interpreta también lo es. El Paradigma holográfico surge del encuentro de Pribram y Bohm y dictamina que el universo entero es una gran matriz holográfica de la cual formamos parte. Es como decía el Leibnitz histórico en su elegante Monadología. En ella, Leibnitz sostiene que existirían distintos tipos de mónadas, unidades, que se diferencian entre las que no tienen conciencia y las que la tienen desde grado básico a superior. Esto sería lo que diferencia a las diversas entidades que existen en el universo.

Pues bien, Leibnitz dice otra cosa revolucionaria: cada una de estas mónadas refleja y es a su modo la totalidad del universo. Lo mismo que afirma el paradigma holográfico. El problema en Leibtniz es que asegura que las mónadas no tienen ventanas, no tienen comunicación intersubstancial entre ellas. Cada mónada refleja al universo entero pero está aislada. En el caso del paradigma holográfico no es así, las mónadas sí tienen ventanas y son capaces de conectarse a la totalidad del sistema. Cada uno de nosotros es un fragmento del holograma principal y refleja el universo entero y es el universo entero en sí. ¿Será que esto nos está explicando por qué existe la conciencia? ¿Será que esto es lo que nos dará finalmente la llave para entender por qué buscamos una trascendencia, por qué buscamos o creemos en Dios?

W¡lliam Burroughs en el “prefacio atrofiado” de El almuerzo desnudo dice que su novela “…es un Manual de Bricolage que extiende los planos de la experiencia al abrir la puerta al final de una gran sala… Puertas que se abren en silencio…” También observa que se puede acceder a El almuerzo desnudo “en cualquier punto de intersección”. Tú me dijiste algo similar con respecto a La segunda enciclopedia de Tlön, como cualquier lector puede entrar en cualquier página y encontrar algo ahí, que por lo demás tiene mucho que ver con el paradigma holográfico.

Por supuesto, absolutamente toda mi novela está hilada entre sí, no hay una sola frase del libro que no esté conectada con la totalidad misma. Cada parte del libro es a su modo una mónada. Tú puedes entrar en cualquier parte de La segunda enciclopedia de Tlön, y encontrar una frase o un episodio que sea inquietante y que te entusiasme para querer abrir esa puerta al final de la sala que menciona Burroughs.

Por lo que me has comentado el escribir La segunda enciclopedia de Tlön fue como un proceso alquímico al cabo del cual surgió un nuevo Sergio Meier. Un Sergio Meier que cree firmemente en las teorías y especulaciones de su novela.

Sí, hay algunas certezas que finalmente uno empieza a descubrir, como la certeza de que todas las mentes comparten visiones y arquetipos similares. Que por la propia estructura de nuestro cerebro estamos condicionados, condenados diría alguien, a percibir el universo de determinada forma, a formularnos determinadas preguntas, a intentar resumir el universo y encontrarle un sentido. Y estas visiones arquetípicas básicas de toda la humanidad, que están en la esencia de toda la mitología y religión, está expresada en La segunda enciclopedia de Tlön. Finalmente he llegado a la conclusión de que quizás sea imposible equivocarnos. Puede que nuestro lenguaje esté limitado, pero las visiones originales no pueden equivocarse. En ese sentido La segunda enciclopedia de Tlön, aunque engañosamente por el título estaría más relacionada con Jorge Luis Borges, en realidad su verdadero motor e inspiración central es la obra de William Blake.

Muchos han analizado a Blake como un gran poeta, considerándolo incluso un pre-romántico antes de Wordsworth y de Coleridge. La obra de Blake, sin embargo, es una obra que construye su propia mitología y que va más allá del cristianismo. Es una mitología propia, que en el fondo representa la problemática de la evolución humana. En Blake la Caída bíblica es la separación del tiempo y del espacio. Es la aparición de las religiones autoritarias, de las grandes conceptualizaciones cerradas, academicistas, del dios Urizen; este dios de la razón que nos impide guiarnos, como el genio o el artista puro, por el propio instinto y la imaginación. De allí que para Blake el único camino para retornar a la unidad original sea a través de Los. Los es la Imaginación, que fue dividido y que originalmente era Urthona, parte del estado original en el que estábamos conectados a la sabiduría totalizante de la divinidad pura.

Las divinidades de Blake evolucionan constantemente y esto confunde mucho a los estudiosos, porque un dios mayor o menor, que en una determinada obra representa algo, el bien o el impulso creativo, la bondad o la ternura, de pronto en otro poema se ha transmutado y representa un furor destructor y eso es sumamente confuso. Lo que no se entiende es que William Blake es en cierto sentido un poeta cuántico, un hombre adelantado a su época. El universo está mutando constantemente en su obra, que viaja a la esencia del universo a través de viejos símbolos de alquimia, a través de embeberse de la obra de esotéricos como Boheme o Swedenborg, lo que se ve plenamente reflejado en El matrimonio del cielo y del infierno. Blake destruye todas las categorías. Pasa por encima de la conceptualización tradicional de Dios, del dios hebreo y del dios cristiano. En El matrimonio del cielo y el infierno hay una realidad ocultista, donde el camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría, donde los pecados tradicionales ya no son tales y donde la principal caída del hombre está en haberse reducido, no sólo físicamente, como el Adam Kadmon del Génesis, sino por haber perdido la capacidad de Ver. Sus sentidos han sido empequeñecidos al nivel de los de los reptiles, de los insectos. Pero algún día, dice Blake, las puertas de la percepción se abrirán y todo aparecerá ante el hombre tal cual es. De alguna forma es la gran profecía de la mecánica cuántica, de la teoría de cuerdas, de los universos paralelos y del paradigma holográfico.

Junto a Blake, como influencia, debo citar a Roger Penrose, autor de un libro fundamental para la creación de La segunda enciclopedia de Tlön, titulado La nueva mente del emperador, donde postula que la mente humana funcionaría a nivel cuántico y que es imposible, mientras no se haya construido un ordenador completamente cuántico, emularla. La mente humana realmente funcionaría a nivel de distintas dimensiones. Penrose se embarca en una tremenda diatriba en contra de la IA fuerte como ha sido promovida hasta hace poco, utilizando todos sus conocimientos físicos y matemáticos para probar este punto e incluso se asesora por filósofos y neurólogos para estudiar el tema de la conciencia y el funcionamiento del cerebro humano.

Volviendo a Borges, él pareciera adelantarse al paradigma holográfico en su cuento El aleph.

Absolutamente cierto, no solamente Borges sino una gran cantidad de autores ya se habían adelantado. Pensemos en un genio como Lovecraft que muchos ven solamente como un autor de terror cuando realmente es un absoluto genio. Un hombre tremendamente lógico y racional que no pudo ser científico como deseaba pero sí desarrollar su genio a través del arte, de la literatura. Quizás no pudo ser científico, pero toda su genialidad, su tempranísima comprensión de la teoría de la relatividad de Einstein, de los universos paralelos, etc., la introduce en la enorme mitología de la cual él era heredero que es la tradición fantástica del terror preternatural.

Para quienes tenemos la fortuna de conocerte, Sergio, la comparación con Lovecraft es evidente pero me gustaría que tú mismo aventuraras las razones que podrían causar esta impresión.

Quizás se deba a que además de mi obvio anacronismo y gusto por ominosos libros prohibidos, vivo en una ciudad similar a Providence, Quillota, que está encajonada en una verdadera ‘hoya de brujas’, un valle rodeado de montañas. Geográficamente es una especie de Santiago en miniatura. Originalmente se pensaba fundar allí la capital de Chile. Tiene en su centro el cerro Mayaca, que es como el Santa Lucía; pasa junto a él el río Aconcagua, que es como el Mapocho. Es un pueblo muy tradicional al igual que Providence, lleno de arquitectura antigua que mantiene el trazado original de sus calles. Se traficaron muchos esclavos durante la colonia en la famosa Calle Larga de Quillota, que se mantiene todavía. Es una ciudad donde el tiempo parece haberse congelado, en la cual si excavas un poco la tierra empiezan a salir yelmos, armaduras de los tiempos de la conquista y alfarería de las culturas pre-hispánicas. Su nombre es inca, de hecho los españoles derribaron una pucara, una fortaleza incaica que estaba al lado nororiental del cerro. Sin embargo, antes de los incas existieron otras culturas milenarias, que fueron absorbidas unas por otras. Es una ciudad llena de mucho misticismo, donde se cuentan historias de fantasmas y casas embrujadas. El Instituto donde estudié en mi infancia fue donado por Don Rafael Ariztía, un gran potentado del que se contaba tenía pacto con el diablo. A la salida de Quillota hacia Valparaíso nos encontramos con un gran crucifijo, que fue colocado precisamente allí porque era el cruce de dos caminos y donde se encontraba a las doce de la noche don Rafael Ariztía con el demonio en persona. Así el pueblo explicaba su ostentosa fortuna.

Yo estudié en aquél viejo Instituto, y tuve la oportunidad de aprender química en su oscuro laboratorio, típico del Dr. Frankenstein, con grandes estanterías talladas y microscopios de latón y cobre, bulbosos matraces, vitrinas con especimenes de exóticos insectos y en polvorientas botellas arcaicos fetos y abortos de la naturaleza. Tuve la oportunidad de empaparme de toda esa atmósfera y sigo empapándome en mi propia casa, que también contiene una gran cantidad de misterios e incluso una habitación tapiada en el subterráneo. Además, Quillota posee una serie de túneles, construidos en tiempos de la colonia. Estos túneles fueron excavados para huír en caso de ataque hacia el cerro Mayaca, cuya salida en la cumbre era utilizada hasta hace poco por indigentes que se guarecían en el invierno.

Es así como dada tu sensibilidad personal y tus circunstancias medioambientales terminas convirtiéndote en un personaje muy similar a Lovecraft. Al parecer no tenías otra opción.

Sin quererlo en realidad, porque he intentado escapar por todos los medios al patetismo, la tristeza y la miseria en que finalmente termina muriendo Lovecraft. La publicación de La segunda enciclopedia de Tlön es un intento de hacer algo que él nunca hizo. Muchos críticos dicen que él podría haber publicado una novela y no haberse contentado tan sólo con algún cuento en la última página de Weird Tales. Gente que ha viajado y ha tenido la oportunidad de conocer Providence y la casa de Lovecraft encuentran muchas similitudes con mi propio hogar. También me influenció muchísimo la estética romántica del siglo XIX, sobretodo en lecturas de magia y ocultismo. Lovecraft fue influenciado por la biblioteca de grandes volúmenes del siglo XVIII que poseía su abuela, aficionada a la astronomía y otro tipo de artes arcanos. E igualmente, mi propia biblioteca ha ido nutriéndose de una serie de volúmenes del siglo XVIII, de 1600 y hasta alguno de 1500, tratados de Cicerón, textos de máquinas y de artefactos antiguos, ediciones centenarias de Shakespeare, Dante, Cervantes, Goethe, Dickens… Así que cuando escribimos ciencia ficción, cuando nos empapamos de todas estas nuevas teorías de la física también lo estamos relacionando con todas estas lecturas de primera mano.

Y al igual que Lovecraft has oficiado como ghost writer.

Curiosamente y a causa de una situación por la que muchos escritores suelen pasar, tratando de no renunciar a la vocación, trabajé como escritor fantasma, redactando autobiografías por encargo y corrigiendo novelas de diversa índole, de géneros considerados menores por muchos pero que serían muy queridos por alguien como Borges. He tenido la dicha que más de alguno de estos trabajos ha sido reconocido en el extranjero por académicos. Todo esto nos ha impulsado aún más por el afán de publicar una obra con el propio nombre.

Pese a las muchas similitudes entre tú y Lovecraft hay una diferencia. Lovecraft tenía un círculo de amigos con quienes mantenía comunicación epistolar, participaba de los universos creativos de otros. En ese sentido tú eres más solitario aún que Lovecraft.

Eso es cierto. Desde pequeño me sentí sumamente aparte, distante de mis contemporáneos. Este ostracismo también tiene relación con el desarrollo de ideas, comportamientos, estéticas, que no eran compartidas y recién ahora, una vez que vivimos en esta época posmodernista, puedo salir a la luz y encontrar un lugar.

Más que influencias, he conocido escritores de los que he recibido su apoyo. Myriam Phillips, por ejemplo, una excéntrica escritora de ciencia ficción que ya ocupa un lugar en la historia de la literatura nacional y que fue la primera persona que rescató una obra mía a los veinte años y la publicó inclusive. El color de la amatista que fue un texto insólito para la literatura provinciana de aquel momento, una intoxicación de todas mis lecturas, Joyce, Edgar Allan Poe, Bradbury, Lovecraft y la ciencia ficción clásica más conocida.

Fractales, tu cuento para la antología digital de terror porteño Valpoculto, conjuga hábilmente las matemáticas con los mitos lovecraftianos. En la línea de los escritores que han ampliado la obra del maestro de Providence, agrega un nuevo libro; el Fractanomicón, compendio de hechizos de geometría no euclidiana escrito por el judío loco Mandelbrot.

Cuando escribimos este cuento teníamos en mente que debíamos darle una vuelta de tuerca a la obra de Lovecraft donde ahora los monstruos son eminentemente fractales. Incluso se ha especulado que podría existir un fractal maestro del cual derivaran todas las demás fórmulas constituyentes de la geometría del espacio del universo entero. Lovecraft en Los sueños de la casa de la bruja de 1932, narra la entrada a nuestro continuo de seres de geometrías imposibles a través de una arquitectura demencial. Cuando escribimos Fractales, estamos diciendo directamente que los monstruos de Lovecraft son monstruos fractales, son entidades que vienen de otra dimensión cuya arquitectura física está construida a partir de matemática pura. El afán era desnudar de una vez por todas este horror científico de Lovecraft y que de alguna manera está más emparentado con la ciencia ficción que con el terror tradicional.

En cuanto al Fractanomicón y siguiendo con esta vuelta de tuerca que mencionaba anteriormente, lo atribuimos al judío loco Benoît Mandelbrot, el descubridor de los fractales que todavía está vivo y es profesor universitario. Matemático hijo de matemático que le decía “nunca te metas con la geometría, mira que eso es degradante, no te metas en esos juegos inferiores”. Y resulta que Mandelbrot cierto día, jugando, dijo “tengo ciertas formulas y un computador, vamos a ver que figuras geométricas produce esto” y para su sorpresa descubrió una figura muy curiosa que ha sido llamada ‘el hombre de Mandelbrot’ y que tiene una forma de cardioide, de corazón que se proyecta a su vez en una serie de aristas más pequeñas en las que podemos encontrar a su vez espirales en las que vuelven a aparecer nuevos cardioides y así ad infinitum. Mandelbrot se impresionó muchísimo con el descubrimiento de esta figura y a partir de esto se desarrolló toda una nueva rama de estudio dentro de la geometría. Por lo tanto ya no es el árabe loco el autor del grimorio en Fractales, sino el judío loco.

Mi propio cuento incluido en Valpoculto es tributario de la obra de Lovecraft y concluye con el advenimiento de Yog Kothar, que es una cita al Yog Kothag del filme de aficionados de 1987 Forever Evil. Esta oscura referencia era un comentario por mi parte a las precarias y deficientes adaptaciones de Lovecraft que nos ha deparado el cine.

Personalmente creo que las pobres y caricaturescas adaptaciones al cine de la obra lovecraftiana se debe a que se ha apuntado a un público muy adolescente ya que se insiste en considerar a Lovecraft un autor de terror menor, cuando curiosamente otros autores sí menores, como el caso de Robert Bloch, han corrido mejor suerte incluso enriquecidas en la pantalla por directores como Hitchcock. La obra de Lovecraft ha sido empobrecida hasta el cansancio, sobretodo por el exceso de gore, sin embargo hay una película que rescato y creo es la adaptación de El horror de Dunwich. En ella se refleja muy bien el ambiente subterráneo donde se encuentran aprisionados los monstruosos experimentos de invocación de entidades extraterrenas.

En el epílogo de El Libro de Arena, Borges dice: “El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el lamentable fruto se titula There Are More Things.” ¿Que opinión te merece este cuento y la relación de proximidad y distancia mantenida por Borges con Lovecraft, muy similar a su actitud con Poe?

La actitud despreciativa que prodigaba Borges a diversos escritores que él consideraba menores del ámbito del género fantástico y la ciencia ficción creo que obedecía principalmente a que Borges en el fondo adoraba ese tipo de literatura. El cuento que Borges le dedica a Lovecraft en el Libro de Arena obtiene su título de una célebre frase de Shakespeare, “hay más cosas en el cielo y la tierra de las que puede alcanzar tu pobre filosofía, Horacio.” Lo interesante es que Borges presenta una aproximación al monstruo lovecraftiano sin nunca describirlo. Sólo brinda una descripción el curioso receptáculo donde estarían las extremidades de esta criatura. Sin embargo, Borges cae en lo que le critíca a Lovecraft, en una descripción archirepetitiva, sobreadjetivada que claro, es un homenaje y una burla al mismo tiempo. Recordemos que Lovecraft escribía de forma sobreadjetivada no tanto como un defecto narrativo como muchos lo han tildado, sino como una manera de continuar una tradición que pertenece a la literatura del siglo XXVIII donde sí estaba en voga ese tipo de adjetivaciones, de lenguaje pletórico de florituras y que por lo demás no tiene nada de malo.

Personalmente creo que en el cuento de El Libro de Arena, Borges está reconociendo directamente cuales son sus verdaderas lecturas, las lecturas que a él más lo motivaban para desarrollar su visión de lo extraño. Creo que Lovecraft debe ser una de sus lecturas principales junto al género de detectives o policial.

Entonces su desprecio a Poe y Lovecraft era pose, la pose de un intelectual pedante.

Sí, pero ¿como no ser un intelectual pedante cuando en el país de los ciegos el tuerto es el rey?

Para un lector que recién se adentra en la obra de Lovecraft tal vez sea una revelación saber que mucho de lo que está leyendo ha sido pervertido por Derleth.

Esto básicamente tiene que ver con la falta de comprensión que tuvieron muchos de los seguidores de Lovecraft hacia su pensamiento tremendamente racional y mecanicista. Sus seguidores se quedaban con los aspectos más efectistas de su trabajo, con los monstruos, pero no lograban comprender que estos seres convocados por el hombre mediante ciencias arcanas o modernas fueran entidades más bien indiferentes que malignas. Lovecraft veía al ser humano como una criatura ínfima dentro de la vastedad del universo.

En ese sentido los Primordiales son como la energía nuclear que no es mala en sí, depende de nosotros si la usamos para iluminar nuestras casas o volar en mil pedazos Hiroshima y Nagasaki.

Claro, en Lovecraft no existe el problema del bien y el mal. Como materialista mecanicista no es un hombre que tenga la visión judeocristiana tradicional sobre lo que es bueno o malo. Ahora bien, lo que sucede es que algunos de sus seguidores, específicamente Derleth -que funda la casa editorial Arkham House- no podía comprender que el ser humano fuese un títere de estas fuerzas enormes e indiferentes y que no existiera un bien y un mal. Por lo tanto Derleth arma una nueva cosmogonía donde introduce a los Dioses Arquetípicos, representando de alguna manera el bien y en contraposición a los Grandes Antiguos que así se transforman en epítomes del mal. Esta maniobra de Derleth sale a la luz cuando se descubren las cartas originales de Lovecraft y que hasta la muerte de Derleth habían sido celosamente guardadas. De hecho Derleth tiene una frase famosísima repetida hasta el cansancio que suele aparecer en las contratapas como propagandas de los libros y que dice “Todas mis historias están basadas en el conocimiento, o leyenda fundamental, de que este mundo fue habitado por un tiempo por otra raza, que al practicar la magia negra perdieron sus poderes y fueron expulsados, pero viven en el exterior siempre listos para tomar posesión de esta tierra.” Ahora bien, lo que Lovecraft realmente escribió de su puño y letra a Farnsworth Wright, el 5 de Julio de l927 fue: “Todos mis cuentos están basados en la premisa fundamental de que las leyes humanas comunes, los intereses y emociones, no tienen ninguna validez o significado en el vasto cosmos. Para lograr la esencia de la externalidad real, ya sea de tiempo o espacio o dimensión, uno debe olvidar que tales cosas como vida orgánica, bueno o malo, amor u odio, y todos aquellos atributos locales de una raza despreciable y temporal, llamada Humanidad, tengan alguna existencia.” A diferencia de la cita de Derleth esto sí suena a algo dicho por Lovecraft.

Tengo la impresión como lector que en el cuento La búsqueda onírica de la desconocida Kadath, Lovecraft está creando algo nuevo. Me parece un cuento magnífico, excepcional, que a mí me ha inspirado mucho en mi propia obra como modelo a seguir. El argumento daba como para una serie de novelas de cinco o seis tomos pero Lovecraft lo soluciona todo muy brevemente y qué decir del final que me dejó alucinando. No sé si tú como experto en Lovecraft me puedes confirmar que hay algo especial en ese cuento.

Yo creo que tienes toda la razón y tu sensibilidad ha captado perfectamente de qué se trata el último ciclo de Lovecraft donde alcanza simas de maestría inigualable ya que está creando una nueva forma de escribir. En todo este ciclo de Randolph Carter, Lovecraft finalmente de verdad ha cruzado las puertas del mundo onírico y las barreras dimensionales y ha creado algo de un lirismo absolutamente increíble. Es una obra poética y científica a la vez. Una obra que al leerla nos parece estar soñando. Existen muchos autores que lo han intentado pero nadie como Lovecraft ha de conseguir algo tan puro, tan perfecto porque realmente cada palabra, cada línea está empapada de una extrañeza y una otredad verdaderamente alucinante. Y una otredad en la que nosotros junto al protagonista vamos descubriendo un universo que es completamente ajeno a lo conocido. Un universo donde aparecen las más avanzadas teorías de la física. Es como si Lovecraft hubiese tenido acceso a los conocimientos actuales de universos paralelos, teoría de cuerdas, etc. porque lo domina con una facilidad y un arte tan absolutos que a uno lo deja perplejo. Es como si en su obra estuviésemos encontrando muchas respuestas porque Lovecraft no nos deja solo con las inquietudes sino que va abriendo puerta tras puerta hasta las última de ellas enfrentándonos al mayor misterio que la mente humana es capaz de contemplar.

En este último ciclo Lovecraft nos deja la sensación que hay cosas que no somos capaces de comprender con nuestra mente humana y nos queda solamente la belleza poética. Nuestra razón nos dice que hay una verdad científica en ello pero no somos capaces de conceptualizarlo por completo ya que está más allá de lo que una mente humana es capaz de comprender. Esa es la magia de esta obra.

Cuando lo leía me hizo sentir que por primera vez había un autor que me estaba dando lo que siempre quise leer. Desde el lenguaje pasando por las imágenes y la enorme imaginación que va más allá de todos los límites del tiempo y del espacio. En Lovecraft es donde encontré la raíz de lo que ahora es mi atípico steampunk. Cuando lo descubro en la adolescencia me doy cuenta que es un hombre que me está hablando casi de igual a igual, que me está ayudando a encontrarme, a saber quien soy yo en este universo intelectualmente hablando. Y que ahora es necesario dar un paso más allá.

Yo también me reconozco muy influenciado por la obra de Lovecraft, fue el primer autor que realmente me satisfizo. Cuando lo leía me hizo sentir que por primera vez había un autor que me estaba dando lo que siempre quise leer. Desde el lenguaje pasando por las imágenes y la enorme imaginación que va más allá de todos los límites del tiempo y del espacio. En Lovecraft es donde encontré la raíz de lo que ahora es mi atípico steampunk. Cuando lo descubro en la adolescencia me doy cuenta que es un hombre que me está hablando casi de igual a igual, que me está ayudando a encontrarme, a saber quien soy yo en este universo intelectualmente hablando. Y que ahora es necesario dar un paso más allá.

Marcelo Novoa en su nota La CF en Valparaíso dice que tú representas a cabalidad el actual perfil de los escritores de CF en nuestro país. “Ninguneados, jamás invitados al banquete de las letras” e inclusive despreciados por sus pares. Escritores que contra todo pronóstico (y aquí voy a parafrasear), seguimos escribiendo y puliendo nuestro estilo, aportando nuestro grano de arena a la consolidación de un género “con tantos años luz de retraso.” ¿Es éste el escenario en el que crees debutará La segunda enciclopedia de Tlön? ¿Crees que los autores de cf en Chile estemos condenados como nuestro querido Hugo Correa a ser singularidades esporádicas en el yermo literario?

Creo que todo esto tiene que ver con una situación cultural netamente chilena. Mucho se ha especulado de los verdaderos motivos por los cuales la población chilena tiende a ser tan envidiosa, a tener esta terrible tendencia a la farsa, humillando y ofendiendo a aquel que se aleja de la norma. Es increíble por ejemplo que en nuestro país grandes escritores como Juan Emar hayan sido tan despreciados y que sólo últimamente se les haya rescatado. ¿Por qué?, ¿por qué este afán de despreciar, de mirar en menos lo que se escapa de la normalidad? Acá desde niño el diferente, el artista, el intelectual, es maltratado. Sobretodo si no sigue las corrientes tradicionales. Ahora, personalmente, creo que nuestro país ostenta un record en mediocridad. En Chile desde hace mucho tiempo y hasta el día de hoy sigue imperando una visión naturalista del arte, este es un país donde no se lee mucho, donde no se estudia mucho, donde los escritores chilenos incluso se escudan en esto de ‘Chile tierra de poetas’ por un facilismo de producción donde todos copian e imitan cosas ya probadas.

Es terrible que este país tenga una tremenda tendencia al feísmo, esta tendencia a la mediocridad, al mal gusto, a la grosería y la vulgaridad. Esto creo nos ha atrasado enormemente a nivel científico, filosófico y político ya que sabemos que toda ética nace de una estética. Y esta estética mediocre y mal copiada no nos conduce a nada. Sin embargo existe ahora una época de grandes cambios, existe una nueva generación que ha nacido con Internet, una nueva generación que está conectada a la sensibilidad y al conocimiento mundial, a las corrientes y la estética del mundo entero y ya no se deja llevar solamente por lo que pueda percibir en las limitantes de su hogar o su nación inmediata. Lectores jóvenes sin ningún tipo de prejuicio que están hambrientos de una literatura subversiva en el mejor sentido del término que no tiene necesidad de darle cuenta a nadie de un gusto específico o de pertenecer a lo que se ha considerado durante mucho tiempo el acervo cultural chileno, lo ‘nacional’. Personalmente me considero un ciudadano del mundo y la obra que estoy presentando incluso la escribí pensando en ser traducida.

Viviendo en el escenario que has descrito es imposible como autores no ser ‘universales’, ‘ciudadanos del mundo’ como bien has dicho. ¿Por qué crees entonces que para algunas personas nuestros trabajos carezcan de ‘identidad’, cuando son un reflejo del mundo y el tiempo en que vivimos?

Yo creo que fundamentalmente es un tema de ignorancia porque la identidad tiene que ver con la cultura. Un escritor que no se conforma sólo con una novela sensacionalista, con una novela ‘pop’, obviamente va a ser tildado de carecer de identidad por alguien que carezca de mayor identidad aún. Hoy en día nos encontramos con muchos intelectuales a todo nivel, con líderes de opinión que realmente son un bluff, un verdadero bluff. Nosotros debemos forzar el nivel. Si no somos comprendimos, si no somos escuchados ahora, sabiendo que nuestro trabajo tiene calidad, estamos viviendo lo mismo que vivieron otros visionarios en otras épocas de la historia y esa es la prueba de que uno es un verdadero adelantado, es el sino de todos los revolucionarios, que sea como sea y tarde o temprano, terminan siendo escuchados.

Personalmente creo que el gran problema de la cf chilena es que para ser escritor de cf y ser bueno primero hay que ser escritor, y no solamente escritor sino además hay que tener un acervo cultural mucho más amplio. Uno debe venir primero del mundo de la literatura, de las grandes ideas y revoluciones estéticas.

Sí, y para eso necesitamos estudiar, obligarnos mutuamente, exigirnos mucha más disciplina, trabajo y rigor. Si vamos a tratar un tema científico debemos estudiar a fondo ese tema. Durante mucho tiempo la literatura de ciencia ficción chilena se conformaba con elementos mágicos. No ha existido una ciencia ficción dura en parte porque sus escritores, independiente de si contaban con una formación científica, no se atrevían a profundizar más allá. Chile es un país donde sus artistas fundamentalmente no han sido reconocidos por este miedo, esta búsqueda de la normalidad, una normalidad tremendamente chata, aburrida y mediocre que nos sigue persiguiendo hasta el día de hoy. Los lectores se han vuelto mediocres también. El autor no debe infravalorar al lector, no debe pensar ‘esto el lector no lo va a entender’, o ‘el público no está preparado para esta obra’. ¡Basta de eso! Debemos atrevernos finalmente a escribir obras de acuerdo a nuestras posibilidades y seguir evolucionando como se ha hecho a nivel mundial. El fándom debe cambiar, debe demostrar su fortaleza no sólo a nivel de la ciencia ficción sino a nivel literario en general. Debe demostrar su conocimiento, su sabiduría y que ya no es un niño jugando con cosas que a los adultos nunca le van a parecer atractivas. Pensemos que una de las características mas importantes de la ciencia ficción en el siglo XX es la capacidad que tuvo para popularizar conceptos en la población general que antes pertenecían solo a un grupo cerrado de científicos. Pensemos en el concepto del hiperespacio, la mutación, la IA, el viaje más rápido que la luz, la realidad virtual, los agujeros negros popularizados en películas antes incluso que se confirmara realmente su existencia. La ciencia ficción muchos creen que ha muerto porque hoy en día está en nuestro diario vivir. Pero no, la ciencia ficción ha muerto ¡pero larga vida a la ciencia ficción! Nos estamos acercando a un próximo paso evolutivo, una evolución que es literaria, artística, cultural, científica, una evolución en nuestra propia mente, nuestras posibilidades de desarrollo para alcanzar finalmente esta noosfera anunciada por Teilhard de Chardin y los más grandes escritores de ciencia ficción como Philip K. Dick en Valis, Stanislaw Lem en Solaris, Frank Herbert en Duna. Los escritores de ciencia ficción hoy en día son lo que fueron en tiempos bíblicos los grandes profetas.

Generalmente se le critica a la ciencia ficción el ser una literatura de ‘ideas’ que no está preocupada con el desarrollo de los personajes y tú me has comentado justamente que no te interesan tanto los personajes como sí el desarrollo de las ideas. En ese sentido La segunda enciclopedia de Tlön es una novela que entraría de lleno en este ámbito que suele criticarse.

La literatura fundamentalmente es arte y lo que la diferencia automáticamente del periodismo es transformar la palabra. La segunda enciclopedia de Tlön es un experimento con el lenguaje. Si bien no existe una mayor preocupación en el desarrollo de los personajes, porque todos los personajes representan en el fondo al propio autor y la voz de ideas trascendentales, la expresión para describir su universo es completamente artística. Es una obra absolutamente literaria. Si pensamos en la literatura de la Edad Media, en los grandes poemas cosmogónicos, también podemos decir, bueno, ¿dónde están los personajes, dónde está la voz propia de Gilgamesh, de David, de Moisés etc.? Además que muchas veces son las acciones las que determinan el carácter de los personajes.

Omar Vega, nuestro amigo en común que está a cargo del prólogo de La Segunda Enciclopedia de Tlön te ha comparado con Wells y Stapledon.

Lo que me agrada de la comparación con H.G. Wells es que él trabaja más bien una literatura de ideas y eso es lo que me interesa. Trasmitir ideas y conceptualizaciones nuevas, ir más allá de lo considerado posible, demostrar que los límites de la imaginación y la sabiduría pueden ser fracturados y alcanzar niveles nuevos. Descubrirle al lector de alguna forma su propia inteligencia. También me agrada la comparación con la obra de Stapledon, que creaba grandes cosmogonías, hablando de evoluciones de cientos de millones de años como si nada. En ese sentido también me siento muy cercano a Stanislaw Lem, cuya temática aborda con mucha ironía problemas filosóficos, existenciales y artísticos. Hemos tratado de hacer en La segunda enciclopedia de Tlön una especie de síntesis. Fundamentalmente se trata de una creación lingüística, a partir del humus, del sustrato que son todas esas lecturas de cf del siglo XX, más las lecturas de sabios del renacimiento, como Giordano Bruno, Raimundo Lulio, John Dee, etc. He tenido la oportunidad de tener en mis manos algunos de sus textos originales, a la luz de la interpretación de una académica de la talla de Frances A. Yates. He investigado los trabajos de alquimia menos conocidos de Newton. Las cartas que se escribía con Leibnitz. La vida y obra de Halley, injustamente relegado al nombre de un vulgar cometa, cuando realizó un aporte gigantesco. Sin Halley no habría podido publicarse la obra de Newton.

Sé que estás trabajando actualmente en una novela que posee como eje central al gólem, criatura mítica que sirvió de base para la novela del escritor austriaco Gustav Meyrink y su versión cinematográfica de 1920 que impresionaron grandemente al joven Borges, mucho antes aún de conocer los estudios de Gershom Scholem. ¿Qué puedes revelarle al público de este nuevo trabajo?

Memorias de un gólem es un intento por explorar las leyendas del mundo hebreo y la verdadera kabbalah. Mi afán es escribir una novela que sea eminentemente de ciencia ficción, pero a partir de los textos originales de la cultura hebrea, que tiene una riqueza de tradiciones que van más allá del propio gólem y que incluyen diversas categorías de homúnculos, dibbuks, ángeles y demonios, etc. Memorias de un gólem es una novela que intenta dar un paso más allá dentro de los universos paralelos y el paradigma holográfico.

Estilísticamente es una obra mucho más intimista después de los excesos de La segunda enciclopedia de Tlön, contada desde el punto de vista de un gólem que es de carne y puede hablar. Este gólem descubre que su maestro trabaja con un relojero alquimista, con el cual se dedica a construir máquinas de kabbalah, convertidas en ordenadores cuánticos que se abren a otras dimensiones y mundos paralelos. Tú sabes que cada letra del hebreo posee un valor numérico y todas las palabras con el mismo valor numérico tienen por lo tanto significados equivalentes, Ach D por ejemplo, es decir ‘unidad’, es igual a A (1) + Ch (8) + D (4), o sea, 13, al igual que AHBH (amor) que también suma 13; por lo tanto unidad es amor y amor es unidad, lo que nos lleva al sagrado Nombre de Dios (YHVH) que suma 26, o 13 X 2, Dios es amor + unidad. 7 de las 22 letras hebreas corresponden a los planetas, esta proporción de 22/7 es muy importante ya que es el valor de pi o la relación del radio de un círculo con su circunferencia. Alguien recordará que esto ya ha sido esbozado en el film Pi, Fe en el Caos, de Aronofsky. De cualquier modo, todo lo que te he contado es sólo el principio de Memorias de un gólem, que después se abre al concepto de los universos cantgotu (de Cantor, Gödel y Turing). El tema de Memorias de un gólem es cómo evolucionaría un ser aparentemente humano que no lo es. A qué tipo de evolución paralela y conocimientos puede ser capaz de acceder.

Mantienes inédita una novela titulada Una huída hacia la muerte, ¿que podrías contarnos de este trabajo. ¿Por qué decidiste publicar La segunda enciclopedia de Tlön y no esta otra novela?

Una huída hacia la muerte es una novela que terminé de escribir a los veinticinco años y que de alguna forma es mi Finnegans Wake. Fue la novela que me permitió dar el salto después de haber acumulado cierta cantidad de lecturas y de confirmarme a mí mismo si podía ser escritor o no. Es quizás mi novela más íntima, personal y autobiográfica, dónde también se trata el tema de un universo paralelo relacionado con este. Por una promesa personal que hice al ser a quien va dedicada esta novela, antes que falleciera, es que publicaré primero La segunda enciclopedia de Tlön y sólo después Una huída hacia la muerte.

Cuéntame sobre tu relación con Juan Luis Martínez, uno de los poetas más misteriosos de la literatura chilena que en su juventud fue un tipo excéntrico y temerario pero a quien una enfermedad renal convirtió en un personaje retirado y abocado exclusivamente a la literatura.

Juan Luis Martínez ejerció una influencia notable para mí como ejemplo de vida; autor de la revolucionaria La nueva novela, es uno de nuestros más grandes poetas, injustamente poco conocido en nuestro país pero si reconocido internacionalmente; se hacen doctorados sobre su obra en universidades extranjeras. Antes de morir, fue homenajeado en La Sorbonne como una de las obras literarias más avanzadas a nivel mundial.

Mi encuentro con Juan Luis Martínez fue a través de los símbolos, de las lecturas. La primera vez que me encontré con él en su librería descubrí una de las páginas de su obra enmarcada como objeto de arte en un muro. Aparecían dos calles que se entrecruzaban, las calles Gauss y Lobachevsky y en el centro un pequeño perrito fox terrier llamado Sogol. Yo, fascinado, lo primero que le comento tras saludarlo es que me parece maravillosa esa imagen. Y él me pregunta si yo reconozco a Gauss y Lobachevsky, y le dije que por supuesto que conocía a estos grandes matemáticos y topólogos. Y él me hace referencia al perrito Sogol en el centro, que es el Logos al revés. Recordemos que el logos no es solamente lógica, el logos es verbo, es palabra, el logos es la Mente en el antiguo mundo griego.

El encuentro con Juan Luis Martínez me dio el valor para seguir adelante con una obra tan atípica, tan solitaria y privada. Juan Luis Martínez es el paradigma del escritor absolutamente desvinculado de corrientes. Juan Luis Martínez desarrolla una obra inclasificable que incluye matemáticas, lógica lingüística, esquemas, collage, problemas de teoría de la relatividad y física cuántica. Absorber y madurar la simbología de Juan Luis Martínez es apabullante, además que es una filosofía del ocultamiento. Pensemos que el firmaba colocándose luego entre paréntesis y tarjando su nombre, anulándose a sí mismo. Parte de su filosofía era la de ser un sujeto cero. Él se consideraba el vehículo de todas sus lecturas, la síntesis final. De alguna forma eso existe en La segunda enciclopedia de Tlön. Es una sumatoria, un compendio de conocimientos que viaja más allá de sus orígenes puros y que de alguna forma refleja como ejercicio lo que hacían Ballard y Picasso al descomponer el mundo. Al romperse el núcleo atómico el universo se descompone y esta descomposición es lo que apreciamos en la obra cubista de Picasso o en la obra de Ballard que va más allá de la propia literatura… y por eso está incluido como personaje en La segunda enciclopedia de Tlön, que por lo demás incluye muchos referentes del cine, del cómic y de series de televisión, como el Dr. Smith de Perdidos en el Espacio.

La segunda enciclopedia de Tlön puede asustar en principio por esta exageración, por esta estética de la desmesura, que ya me permití trabajar analizando la obra de Lovecraft. La multiplicidad de universos paralelos es la trama central de La segunda enciclopedia de Tlön. Ya no se trata solamente de que un universo, Tlön, está absorbiendo la Tierra, sino de que en estos momentos las teorías de la física, como el paradigma holográfico, permiten el contacto con múltiples realidades alternas y esto está expresado en el lenguaje, en la estructura y en la capitulación de La segunda enciclopedia de Tlön, en la deconstrucción que posee la propia novela.

Muchas gracias por tu tiempo, Sergio, y esperamos ansiosos la inminente llegada a este lado del holograma universal de La Segunda Enciclopedia de Tlön.

Viña del Mar

Marzo, 2007

Imagen: Medio a Medio

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