Captain America is Dead

Wolverine sobra en esta imagen promocional, porque los mutantes no hacen mucho en Civil War. Pero las garritas de adamantium vendenWARNING. SPOILERS AHEAD.
Nada, que ha muerto. Sí, de verdad, el Capitán América ha muerto. Venga, que es en serio, que no es otra de esas muertes temporales planeadas por las grandes editoriales para vender un montón de ejemplares. No es como la muerte de Superman, o la de la tía May, o la de Hal Jordan, o la de unos cuantos cientos de Green Lanterns. No es como la paraplejia de Batman, o el adamantio perdido de Logan, o la mano pirata de Aquaman. Esta vez es en serio.

Sí, claro.

Marvel lo ha estado haciendo todo bien haciéndolo todo mal. Civil War, el último megaevento hipercrossover súperventas de la compañía se ha vendido como pan caliente. Justo como El Código da Vinci.

La miniserie de 7 números, con atrasos y todo, llena hoy por hoy todos los foros comiqueros de la web con discusiones encarnizadas, insultos y elaborados discursos filosóficos y políticos. Muchos la aman, muchos más (pareciera) la odian, y todos, absolutamente todos la han leído y tienen algo que decir.

El argumento en sí puede sonar un tanto conocido: unos cuantos supervillanos (Nitro, en realidad) hacen volar una escuela suburbana en los USA. Muchos niños muertos, bla, bla, bla. Tony Stark (Iron Man) promueve/apoya la idea del gobierno de obligar a todas las personas con superpoderes a registrarse y revelar sus identidades secretas a la CIA, o algo así (algo como el Patriot Act, pero aquí se llama Super-Human Registration Act). El Capi América dice nones, eso es fascismo, no me jodas, etc. Se crean dos facciones de supertipos, los pro-Reg (fachos, legales, amados por el público) y los anti-Reg (rebeldes, izquierdosos), que se enfrentan un par de veces hasta que, después de una infinidad de títulos complementarios y confusos, terminan batallando en plena Nueva York. El capi-A gana la pelea, pero unos cuantos humanos “normales” se le tiran encima y él se da cuenta de que su misión es proteger y servir a la gente, y si la gente es tan idiota como para elegir a Bush DOS VECES, pues qué se le va a hacer. FIN.

Ah, y Spiderman revela su identidad al mundo entero. Y hay un clon de Thor. Y Mar-Vell resucita.

En resumen, un bodrio. Pero la miniserie en sí, desplumada de todos esos spin-offs y títulos aledaños, merece verse. Digo verse, no leerse, porque el arte de Steve McNiven es casi tan sublime como despreciables los diálogos de Mark Millar.

En todo caso, yo aconsejo leerse esto y esto otro.

Bueno, y finalmente, después de tantos hoyos argumentales y cambios de personalidad, terminada Civil War, el Capitán América, todo rubio y digno y triste, en el camino hacia el tribunal federal que habrá de juzgarlo, recibe un tiro de un francotirador de Red Skull. Y pasa una que otra cosa más, en el desde ya clásico número 25 de la colección, pero contarlo todo es arruinarle la diversión al lector.

Según Joe Quesada (jefazo de la Marvel) ésta es una muerte con significado. O sea que no deberíamos ver a Steve Rogers por un tiempo (hasta van a hacerle una autopsia, para que quede claro… un recurso tan burdo y cruel como incinerar el cadaver de Ted Kord en Countdown to Infinite Crisis). Pero tranquilos, amantes de las barras y las estrellas, seguro que el defensor de la libertad regresa pronto. Un año, tal vez, si tenemos como referencia al último hijo de Kryptón.

Más (mucho más) en Newsarama.

Pero… ¿qué tal si…?

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