Penélope Kim Crowther es una periodista y escritora ocasional de ciencia ficción. El siguiente relato fue publicado en la sección Futures de Nature el 24 de febrero de 2005 (Vol 403, Nº906).
Se acabó la fiesta
Penelope Kim Crowther
- Cuéntame otra vez de los globos, abuelo.
- ¿Ahora? Ya casi llegamos.
- Por favooooooor.
- Está bien, está bien. Bien, cuando yo era niño solíamos tener globos en nuestras fiestas de cumpleaños que estaban llenos de… helio.
- ¡¡¡No!!!
- Sí. Y cuando habíamos acabado de jugar, a veces los dejábamos flotar hacia el cielo. O tragábamos el helio para tener voces agudas.
- ¿Se lo COMÍAN?
- Seguro. Pero en aquel entonces era barato… no como ahora. No fue hasta que tu abuela y yo teníamos más o menos tu edad que la gente comenzó a darse cuenta de cuánto helio necesitábamos, y que se nos estaba acabando. Los físicos estaban haciendo cosas cada vez más asombrosas a bajas temperaturas, y necesitaban mucho helio para mantener las cosas frías. Pero no había tanto. ¿Recuerdas de dónde viene el helio?
- Eh… no.
- Sophie… Te lo he contado un centenar de veces. Espera un minuto, tengo que pagar el peaje. Ya está. Bien, todo nuestro helio es lo que queda de cuando se formó nuestro planeta. Se escapa desde el interior de la Tierra y llega al suelo en pequeñas cantidades, y luego permanece en el aire por un tiempo. Pero es muy ligero y eventualmente sale del cielo y pasa al espacio. A nuestro planeta se le escapa el helio, como a un globo pinchado.
- ¿Y si sale del suelo, por qué se acabó?
- Bueno, es difícil recolectar algo cuando hay tan poquito en todo el cielo. Sacar helio del aire es como cavar en una playa en busca de un anillo perdido. No es muy buena idea. El único lugar donde hay suficiente helio para que valga la pena cavar es… el petróleo. El petróleo atrapa el helio y lo almacena.
- Pero ya no queda nada de petróleo.
- Exacto. En los años 20 nos estábamos quedando sin petróleo rápidamente, y todas las plantas de helio de Texas y Arabia Saudí iban cerrando tan rápido como los pozos de petróleo se iban secando. Por eso es que tu abuela, que era una geóloga muy lista, hizo tanto dinero. Era joven y aventurera… como tú. –Sophie sonrió-. Ella vio lo que estaba pasando, así que fue a Nepal, donde la Tierra está llena de fisuras a causa de los terremotos y hay lugares donde el helio se escapa en mayor cantidad que en cualquier otra parte del planeta. Y la compañía americana para la que trabajaba (y aún trabaja) construyó grandes edificios sobre estas grietas para recoger el helio. Y luego lo vendieron.
- Yo también soy lista, ¿sabes?
- Sé que lo eres. Aquí vamos… ésta es la desviación.
- ¿Entonces por eso abuela todavía vive en los Estados Unidos?
- En cierta forma. Tu abuela decidió que todo el dinero de ese helio era más importante para ella que otras cosas… y por eso recibes regalos de cumpleaños tan bonitos, aunque no tengas globos llenos de helio. Y por eso me mudé aquí… para hacer otras cosas. ¡Ya, aquí estamos!
Sophie alzó la vista y vio la señal: “ITER – El Futuro de la Fusión”. Conocía el lugar; era donde su abuelo trabajaba a veces. Tenía una señal afuera con la imagen de una pequeña explosión. De ella salían rayos de sol, y Sophie sabía que era energía que podías usar para hacer funcionar tu computador. Abuelo siempre decía que éste sería el siguiente gran logro, después del petróleo. La imagen mostraba otras cosas que salían de la explosión: pequeños círculos con las letras “D” y “He”. ¿Quién será Él? (*), se preguntaba.
(*) He who?, en el original.
Abuelo se dirigió al estacionamiento de grava y aparcó el auto.
- ¿Ahora te quedarás en el auto mientras abuelo va a su reunión? Será sólo un ratito.
Sophie esperó hasta que lo vio llegar a la entrada y atravesar las puertas. Entonces sacó su regalo de cumpleaños de la mochila y lo agitó un poco. Abuela se lo había dado la semana antes, y le dijo que era una sorpresa para el hombre que dirigía ITER. Se suponía que tenía que esconderlo, ése era el juego, mientras abuelo tenía su reunión, pero sin decírselo a nadie. A Sophie le gustaban las sorpresas. Bajo el envoltorio y los lazos el regalo hacía tic-tac, como un reloj. Salió del auto y lo escondió en los arbustos junto a las puertas, y luego volvió para esperar.
No sintieron la explosión diez horas más tarde, cuando estaban seguros de regreso en el apartamento, tomando té. No hasta que abuelo encendió el televisor y vio las noticias al día siguiente, y Sophie vio el edificio en llamas, y grandes nubes de humo negro subiendo hacia el cielo. Pudo oír al reportero sobre el sonido de las sirenas: “…Esto atrasará la investigación de la fusión varios años. En la víspera de un proyecto demostrativo que debía probar al mundo la realidad de una energía más barata y limpia, sólo queda humo para mostrar a cambio de décadas de…”
Sophie no entendía lo que pasaba. O por qué abuelo tenía la cabeza entre las manos. ¿Estaba llorando? El informativo continuó: “En una noticia relacionada, el precio de helio subió a las nubes hoy al derrumbarse la fuente potencial de plantas de fusión. Por al menos unas décadas…”
CoLoSo
3 years ago
Abuelita!!! :-S
Neurozero
1 year ago
fucking abuela capitalista.