
La escena es chocante para el que no está acostumbrado. Las comadres lloran y toman ponche bigoteado. Los compadres se pelean y agarran a chuchadas. Tocan guitarras una cueca que suena a angustia y locura y perros flacos arrastran las patas por el suelo de tierra. Hay un muerto real y es un niño. Todo es en blanco y negro y el conjunto es una imagen inolvidable de un Santiago impuro. Estampa sacada de la marmita de una vieja meica, recomponedora de huesos que cobraba 100 pesos en mi Puente Alto de niño de clase mierda. Nunca se me ha olvidado del funeral del angelito en la hipnótica película Largo Viaje (1967), de Patricio Kaulen.
Igualmente, si viste Los Otros te acordarás de la colección de fotos de muertos que había en la casona. Todas esas fotos son reales. Todos durmiendo el mismo sueño. La angustia solo está en nosotros que continuamos despertando, y que los hacemos posar en condiciones de vida para retenerlos.
Busqué en internet esas fotos pero solo encontré algún par en su momento hasta que di con este enlace, y luego con Sleeping Beauty. También, hay un buen artículo sobre el tema de las fotografías post-mortem siguiendo el enlace. Pero sigue siendo un misterio por qué duermen tan pacíficamente, qué es lo que sueñan, que tiene la muerte que acaba con todo sufrimiento.