
Coré fue Mario Silva Ossa y uno de los mejores entintadores de Chile. Alumno aventajado del gran Príncipe Negro, Mario Igor (que da para otro posteo), se destacó en su faceta de la ilustración infantil para la revista El Peneca y el Silabario Hispanoamericano (con el cual aprendí a leer). Su obra recia y colorida ilustró múltiples cuentos y los sueños de poetas, entonces niños, como Enrique Lihn.
Podría haber sido un ilustrador infantil más, pero su formación y su exuberante creatividad le abrieron las puertas para regocijarse con todos los libros clásicos como “Corazón” y personajes como Sinbad El Marino y Quintín el Aventurero. Su fama crecía, con mucha razón, pero, lamentablemente la muerte se lo llevó en 1950. Una muerte confusa y llena de especulaciones que obligaron a su familia a irse del país. Se habló de suicidio y se manchó su nombre y se inició la máquina del olvido. El Peneca cerró en 1960 y toda la obra de Coré comenzó a desperdigarse.
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Afortunadamente, en beneficio de la frágil memoria de Chile, Ediciones B Chile ha lanzado un precioso volumen recopilatorio que recorre una selecta muetra preparada por el fotógrafo y profesor Juan Domingo Marinello. Es bueno saber que alguien recupera en alguna parte y en algún tiempo, los sueños de otros, por olvidados que estén. Hoy el legado de Coré vive en su única discípula, la ilustradora Elena Poirier. Su bellísima obra traspasa las fronteras de las edades y queda en el recuerdo de quienes vimos su obra.
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El artículo de El Mercurio, a la salida del libro. En el sentido del rescate, invito a leer el artículo de Manuel Peña Muñoz sobre la ilustración infantil en Chile. Otro, de Mauricio García, nos muestra la historieta y las ilustradoras.
