Editorial TauZero: Especial Ygdrasil

October 30, 2005 by rmundaca · Leave a Comment 

por Rodrigo Mundaca Contreras

Algo recuerdo de aquella tarde, creo que fue en el otoño de 2003. Jorge nos invitó a su departamento. Era la primera vez que yo visitaba su casa y me llamó mucho la atención el decorado marcadamente oriental (nos tuvimos que sentar en cojines porque la mesa era bajita, al estilo japonés). Había muchísimos libros en los estantes, en donde convivían en armonía los de diseño y arquitectura junto a los de historia y mitología. Creo que también vi uno sobre dibujos de H.G. Giger y otro de MaTriX. ¿Ciencia ficción? Si vi algo la verdad es que no lo recuerdo…

En aquella época había salido a la luz del cibermundo el segundo número de TauZero, edición que llevaba como primicia un trozo de algo llamado YGDRASIL. Un texto sumamente raro, en donde se mezclaban en forma retorcida muchos conceptos sacados de diversas áreas de la cultura humana, y puestos fuera de sus contextos originales. Uno no podía evitar arrujar el entrecejo frente a tanta rareza que se describía en la historia.

Había cierto placer culpable en leer YGDRASIL. Las sutiles e infinitas formas en que el sufrimiento y el dolor se manifestaba en el relato, no hacía más que inducirle al lector a preguntarse ¿Qué clase de mente retorcida y anormal puede vomitar este tipo de historias?

Estoy seguro que vari@s podrían levantar sus dedos índice para contestar. Imagino que apellidos sonarían. Escucharía también aquella manoseada palabra “Cyberpunk”.

Pero la pregunta que yo hice era retórica, así que pueden bajar sus dedos. Cómo yo sólo puedo hablar desde mi experiencia literaria personal, y aquella se circunscribe principalmente a la ciencia ficción dura (navecitas y pistolitas de rayos y héroes y princesas en lejanos confines del universo), leer un texto como YGDRASIL, y en general todos los textos de Jorge, me resulta una situación que se ubica fuera del planeta que normalmente yo suelo orbitar.

Jorge está muy ligado con la historia de TauZero. De hecho fue el autor que inauguró nuestra publicación, con su extraño relato “La Conquista Mágica de América”. Me gustó tanto el texto, por la razón que indiqué más arriba, que comenzamos a conversar sobre la posibilidad de publicar YGDRASIL, por fragmentos, al estilo de las revistas clásicas del género.

Jorge, desde el principio muy entusiasta por apoyar TauZero, accedió de muy buen grado. Por lo demás, así comenzaba a difundir sus obras más allá de las paredes de su dormitorio. Cosa que muchísimos simplemente no hacen, vaya a saber uno por qué.

El primer fragmento apareció en TauZero #2.

Pero la ocasión en la que Jorge nos invitó por vez primera a su departamento, fue para algo distinto. Fue al hueso: Quería suspender la publicación por entregas de YGDRASIL. A mí y a Sergio nos sorprendió sobremanera aquella petición, pero concluimos que no la habría hecho sin una buena razón. Jorge no quiso entrar en detalles (¿superstición tal vez?), y sólo mencionó que había aparecido una posibilidad remota en otro lado, y que para evitar problemas ulteriores, era mejor guardar y no divulgar el material a lo largo y ancho de Internet. A buen entendedor, eso significaba que había una ventana de oportunidad para publicar en papel, el destino soñado de cualquier escritor…

Por supuesto, ante tal perspectiva no podíamos competir, y no pudimos (ni quisimos) decir otra cosa que aceptábamos su decisión. Pero no se las llevó peladas, pues tuvo que escribir un disclaimer y varios cuentos, material que están publicados en ediciones anteriores de TauZero. Así, todos quedamos felices y tranquilos.

Han pasado unos dos años desde entonces y veo con sorpresa y felicidad que los planes de Jorge llegaron a buen puerto. Al mejor puerto que existe. Jorge ha desembarcado con YGDRASIL en el puerto de Ediciones B, en la colección NOVA. Con esto se convierte en el primer latinoamericano en pisar esos territorios hasta ahora desconocidos para los autores de CF nacionales.

En ocasiones pienso que todo esto que ha ocurrido con YGDRASIL parece ser en sí una historia de ciencia ficción: una ficción anidando a otra. Es todo tan irreal que no puedo hacer otra cosa que maravillarme y disfrutar cada capítulo de la historia. Haber sido testigo de primera fila como una persona normal y sencilla de pronto se convierte en una celebridad del ambiente (independiente de lo que ocurra el día después), es algo que no me ocurre todos los días…

Para ejemplificarlo mejor: Hace algunos días se inauguró la 25 Feria Internacional del Libro de Santiago. Creo que es el evento cultural más importante que Chile realiza cada año. Aquel día salí de mi oficina y fui a la de Jorge, pues le estaba ayudando con la distribución de las invitaciones para el evento de lanzamiento de la novela. Lo encontré en medio de una reunión, de modo que tuve que esperarlo algunos minutos. Para cuando terminó me hizo entrega de las susodichas invitaciones, y me mostró el folleto publicitario de la novela. Tuve un pequeño y divertido shock cuando leí una frase en extremo rimbombante y marketera atribuida mi persona, en donde expresaba mi opinión de YGDRASIL:

“¡Una explosiva mezcla de animé, mitología americana, cyberpunk y violencia bizarra…!”

Momentos después nos dirigíamos a la Feria del Libro, que como ya dije aquel día se inauguraba. Jorge me mostró, sonriente, una credencial que lo acreditaba como invitado. Yo, en mi calidad de civil, tuve que hacerme pasar por el ayudante que colaboraba transportando la caja con folletos…

Y entonces entramos.

El lugar era en extremo amplio y luminoso. Impresionante. Caminamos entre stands repletos de libros, revistas, cómics. Todo nuevo, todo reluciente.

Pero aquel no era el momento para vitrinear ni comprar.

Seguimos caminando. Y llegamos al stand de Ediciones B. En rigor, deduje que habíamos llegado, pues una persona se acercó y saludó muy efusivamente a Jorge. Otro tanto hizo conmigo cuando fui presentado.

Luego se acercó un promotor, llamado por esta persona, ofreciéndonos algo para beber y picar. Y nos fue señalado el lugar donde estaba YGDRASIL, en el centro del stand. Y aquí comenzó una situación que estaba por completo ajena a mi experiencia: que yo recuerde nunca había escuchado tanto elogio junto, emitido por diversas personas, y dirigido a una en particular: Jorge.

Personalmente tiendo a desconfiar de las personas que elogian demasiado, pues siento que quieren congraciarse forzadamente para algún propósito que mi paranoia natural no es capaz de percibir. Y bueno, por eso aplaudo la actitud que Jorge ha tenido siempre, la de mantener un low perfil, no dejar que su ego se infle con los elogios que le dirigen (ya sean estos justificados o gratuitos).

Durante la ocasión, escuché varias veces la frase “tan humilde que eres, Jorge”. Es una frase que me ha hecho reflexionar bastante. ¿Significa que otro escritor en su lugar acusaría recibo de los elogios, inflando su ego a niveles ionosféricos? Entiendo que las personas del área de las artes y/o letras poseen una sensibilidad que las hace proclive a la necesidad de emitir y recibir elogios. Eso lo acepto. Pero no puedo evitar cierto grado de incomodidad, considerando el hecho que por formación profesional pertenezco a un mundo frío, donde las cosas siempre tienen que funcionar bien, y no existe ni es necesario que exista aquella vocecita que elogie y palmotee la espalda.

En definitiva, por estos días Jorge es la celebridad. Él sabe perfectamente que soy unas de las personas que más se alegra por lo que le está ocurriendo. Pero también sabe que eso no se traduce en palmoteos ni en elogios dulzones. No los necesita, ni tampoco es mi estilo…

Me pregunto que sucederá el día después. ¿Todos en la editorial seguirán siendo tan amables con Jorge? Si las expectativas se cumplen y el mercado exige una segunda parte de YGDRASIL, la respuesta es sencilla.

Pero, ¿y qué ocurrirá si eso no sucede? ¿Es todo esto el comienzo de una revolución editorial en Chile o simplemente YGDRASIL es y será una solitaria piedra lanzada al gran océano del Mercado, que si bien ahora está dando tumbos en la superficie y avanzando hacia el horizonte infinito, tarde o temprano se va a hundir en las aguas del Olvido?

Por supuesto que no sé la respuesta, pero dada mi autoimpuesta labor de cronista de los sucesos que están ocurriendo en el ambiente de la ciencia ficción local, estaré observando y documentando detenidamente lo que sucede.

Rodrigo Mundaca Contreras
Santiago, Octubre de 2005

Sobre los Selknam

October 30, 2005 by rmundaca · 2 Comments 

Por Jorge Baradit

(documento de apoyo para construcción del personaje Selknam en Ygdrasil)

Los Selknam son parte del sistema inmunológico del cosmos.

Cuando surge un desorden en las cosas, una infección que afecta sistemas planetarios u otra anomalía, el Universo produce este anticuerpo específico, esta enzima que cataliza procesos curativos limpios y reordena el devenir.

Mientras hacen su camino sobre la tierra actúan para configurar el “justo futuro”. Calculan un punto hacia adelante en el que deben converger ciertos eventos para “sanar” la arquitectura biológica del tiempo. Pisan aquí y no allá, cortan una hoja específica en un arbusto específico, curan a ese niño, dejan de respirar durante unos segundos, lideran una revolución,cortan una hebra de cabello, escriben una frase en la arena.

Usa esta misma técnica en sus combates personales.

Un “combate Selknam” comienza unos ocho años antes del enfrentamiento en sí. El Selknam modifica e interviene delicadamente ciertos insignificantes eventos que eventualmente influirán negativamente en su contrincante. Así, cuando la vida finalmente los enfrenta, el oponente se encuentra disminuido, quebrado, ensombrecido. Entonces el Selknam se limita a introducirle una pequeña estructura psíquica, llamada “llave fenrir”, para abrir la puerta del demonio específico que se ha ido incubando con las intervenciones del Selknam a lo largo de los ocho años de batalla. Un sutil aroma, la imagen de una pluma, un color o el recuerdo de un rostro, bastarán para desatar un pasaje sicótico de tremenda toxicidad que lo destruirá. La imagen más utilizada es un círculo rojo que emite un ladrido.

Otra modalidad es introducir un recuerdo tóxico en estratos tempranos de la vida del contrincante, que modifique el sentido de su existencia. Se les llama “cargas de profundidad”. Tuerce la memoria en un gesto ágil de kung fu astral y el ser cae asfixiado por un ataque masivo de angustia.

Otro tipo de “carga de profundidad” es abrir la “puerta negra” de las neuronas y reflotar de golpe el recuerdo de todas las muertes de vidas pasadas.

El modo de combate “gesto” le permite destruir vida orgánica al desplazar violentamente el espacio 1/2 de milímetro hacia la izquierda. Este “gesto” disloca enlaces moleculares y el organismo cae reducido a una mezcla de compuestos químicos básicos en estado líquido y gaseoso. El alma no llega a percatarse y se sostiene en nuestro plano por un momento, lo suficiente para darse cuenta y ver sus restos antes de disolverse contra la nada.

La disciplina popularmente más conocida es, por supuesto, la lucha con ba´phrana. Aunque los Selknam la consideran ante todo un tipo de ejercicio oratorio, su espectacularidad la convierte en el principal distintivo de su casta.

El Selknam canta un mantra, que incluye su nombre verdadero, y hace vibrar su columna vertebral en nota FA. Lentamente el ba´phrana comienza a manifestarse sobre su cabeza en la forma de una bola de luz.

El Selknam dspliega matrices de cálculo tridimensionales en las capas de su mente y comienza a procesar millones de ecuaciones simultáneamente, a tremenda velocidad, que orientan los vacíos cuánticos de billones de átomos. De pronto el ba´phrana parece moverse, pero es en realidad la habilidad del Selknam doblando el espacio, plegándolo y curvándolo con belleza en torno suyo. Una peligrosa danza, que juega con las potencias primordiales de las cosas, compuesta de cantos, oraciones, complejos cálculos matemáticos, movimientos de brazos,dedos y boca en un baile de guerra que desplaza el ba´phrana en torno al Selknam.
Es una suave cadencia trazando gestos alfabéticos en el aire, generalmente haikus relatando hechos cotidianos.

Los textos hablan sobre una flor, el atardecer o la nervadura de un pétalo de jazmín.

El ba´phrana es un chakra externo que los Selknam desplazan a voluntad. Es una puerta del tamaño de un puño que conecta con otros Universos. El ba´phrana hace la sinapsis de este Universo con los Universos contiguos como partes de un megasistema pensante.

Es altamente destructivo, la luz que emite es energía residual del proceso de desintegración de materia que se produce en sus bordes y su movimiento se conoce como “esgrima con ba´phrana”.

Otra modalidad de esgrima es el “rayo de luz”. El Selknam refleja luz solar con un espejo diminuto y dirige el destello hacia el ba´phrana que lo absorbe como un microagujero negro. La maestría está en mover el ba´phrana y el destello al unísono, simulando un estilete de luz. Es de extrema dificultad y se cultiva para ejercitar el manejo diestro y con belleza de todas las habilidades espacio- temporales del Selknam. También se conoce como “la forma noble”.

El Klóketen es la asamblea en la que están permanentemente reunidos todos los Selknam que han sido y que serán, en un punto fuera del espacio.

Los Selknam se mutilan partes del cuerpo en la medida en que van siendo capaces de reemplazar sus funciones biológicas con control espiritual, a través de decenas de cantos, mantras en código binario y cálculos matemáticos dirigidos simultáneamente a la zonas vacías del organismo. Estos “vacíos en el sistema” se cubren con “paradojas de fe”. Hay Selknam en tal estado de gracia que son sólo un sistema límbico desplazándose a 80 cms. del suelo.

“Cuando se nos acaba el tiempo nos recogen desde el cielo por el cordón de plata, cuando nos cortan caemos al infierno”.
(Frase impresa en el interior de la carcasa de 240 teléfonos celulares Ericsonn LC-48, año 1997)

Gestación de un Selknam.

“Un Selknam se gesta cuando la fertilización se produce exactamente en un “salto de tiempo” (la dimensión-tiempo tiene un nanodefecto en la ecuación que lo genera, ésto produce espasmos de ajuste minúsculos llamados “no-momentos” cada cierta cantidad de millones de años). Es esta condición de nacido “fuera del tiempo” la que lo obliga a sostenerse dentro de la realidad, y que eventualmente le permitirá desarrollar la capacidad de modularla”.

(Texto apócrifo del místico Matías Rodríguez incluido en la “Summa NeoTeos”, capítulo 12, párrafo XXV).

Cuando un Selknam nace, simultáneamente nacen otros 4 niños en puntos equidistantes a la manera de un mandala, llamados a equilibrar los acontecimientos.

Las personas que nacen en un “no-momento” (o “momento de muerte”) deben desaparecer rápidamente de la existencia porque, al nacer en el “punto de ajuste” de la ecuación que produce el tiempo, pueden convertirse en “bolas de nieve”, existencias cancerígenas que infectan el normal desarrollo de la “realidad”, produciendo fenómenos de creciente incoherencia. Deben ser cortadas como el exceso de tela en la fabricación de un traje.

Los cuatro niños mueren en su lugar.

A los 6 años cae en un sueño profundo pero manteniéndose en pie. Comienza a desarrollar una yemación desde la glándula pituitaria que crece idéntica a él, suspendido al revés sobre la cabeza del durmiente, como en un espejo. Este clon carece de corteza cerebral y permanece en estado meditativo mientras le canta oraciones, historias, genealogías y emite frecuencias de sonido necesarias para su desarrollo. Le transmite, a través de mantras en código digital, la memoria de la estirpe y estímulos que impactan en neuronas específicas de la bóveda y generan un mapa del estado del cielo en el momento del futuro cuando se deba producir la consolidación.

Mientras duerme se acumulan objetos y personas a su alrededor, se construyen villorrios y se erigen ermitas, cambia el clima, se generan variaciones en el idioma.

9 años después las condiciones están dadas, su aura se expande y se contrae violentamente reduciendo y absorbiendo toda la materia orgánica a 3 kms. a la redonda. Así respiran los Selknam y lo hacen 2 veces en su vida.

La etapa de “crisálida” concluye con la primera eyaculación.

El selknam eyacula “hacia adentro”, se autofecunda.

El orgasmo cataliza recuerdos dormidos, abre un agujero en la base de la nuca por donde puede entrar y salir a voluntad. De pronto sabe del “viaje”.

Abre su abdomen y se extrae los órganos vitales. En el espacio introduce una roca, una oración tallada en un trozo de madera, sus propios ojos y un espejo (para cerrar la metáfora). Luego se rellena con tierra del lugar, se introduce un animal vivo (el totem del Selknam) y se cose con alambre.
Luego deberá sostener sus sistemas vitales y al animal sólo con su fuerza y control espiritual.

Debe mantener comunicación constante con cada zona de su cuerpo, susurrarle a cada célula su trabajo, recitar simultáneamente los 18 millones de mantras que lo sostendrán con vida.

El “viaje” comienza sobre la dureza de una roca. El viaje lo llevará a encontrar un amigo que será asesinado, deberá yacer con una mujer y la perderá. Participará en una guerra y liderará una revolución sangrienta contra un linaje oscuro. Regresará cansado y destruido a la roca del punto de partida donde lo estará esperando él mismo. Luchará consigo mismo y morirán ambos. De la herida abierta saldrá el animal ya hecho hombre, ese es el verdadero Selknam. El totem encarnado emergiendo de la crisálida.

Debe haber un Selknam cada cierta distancia en el Universo.

La frecuencia que emite la vibración de sus almas los conecta a todos, generando así la mega-molécula que estructura el Cosmos.

Entre todos, además, forman el ideograma con el nombre de Dios; que es el gran canto, el “ruido de fondo” que se escucha tras las paredes del infinito, la nota SOL tras el misterio sacro de la electrónica.

Los Selknam no tienen espalda, siempre se ven de frente.

Los Selknam tienen un doble astral viviendo invertido bajo sus pies.

Los Selknam son umbrales.

Los Selknam tienen la apariencia de quien lo mira. Cuando le hablas a un Selknam te hablas a tí mismo.

Los Selknam no son dioses.

Cada Selknam es una neurona sujeta por su axón astral a la mente del Selknam que contiene a este Universo. Reza su canto de existencia en una frecuencia tan amplia que atraviesa los 28 universos, y su longitud tan corta que sus cúspides se tocan y se curvan penetrando en el futuro. Es además el medio que tienen para sincronizar los actos de los 28 distintos yo que conforman su ser total en los distintos 28 universos. Deben coordinar coherentemente un mismo acto para 28 realidades distintas.

El Selknam no es más rápido, sólo ocurre que es capaz de vivir 1/3 de segundo adelante en el tiempo (no es posible ir más adelante, la “realidad” es un producto “desecho” de la actividad que se produce 1/3 de segundo adelante. La “realidad” es un “delay” de explosiones de vida inimaginables. Más allá de eso no hay nada).

El Selknam es a veces la razón de existencia para todo un sistema de galaxias que ve en su nacimiento la flor de billones de años de evolución. También, a veces, nacen por azar.

La Tierra ha asesinado a 3 ó 4 selknams. Ello nos hace tan despreciables que nadie se manchará las manos con nosotros en el Universo. Prefieren abandonarnos a nuestro propio infierno; devorándonos y matándonos dentro de este barco de locos que navega por la noche espesa del Cosmos.

por Jorge Baradit

Cyber & Porno (Notas sobre “Ygdrasil” de Jorge Baradit)

October 30, 2005 by rmundaca · Leave a Comment 

Por Álvaro Bisama

  1. Leer a Baradit como el opuesto a Hugo Correa: el autor de una space opera que tiene demasiada sangre, sudor y mierda como para ser amable o complaciente con el género.
  2. Extraído de la solapa pero insertado here and now: "Baradit escribe una cruza mutante entre José Donoso, Chris Carter y Clive Barker. O Sade mezclado con Chihuailaf. Y su novela tiene todo lo que debería tener la raquítica literatura fantástica chilena, cosas que no ha conseguido narrar casi nunca: riesgo argumental, una tragedia cósmica, fantasmas low fi, monstruos sadomasoquistas, sexo duro, delirante tecnología de avanzada, extraterrestres interdimensionales y una protagonista todo terreno dispuesta a dar y recibir dolor en singulares y retorcidas formas".
  3. Masoquismo: en cierto modo Mariana, la heroína, me recuerda a los héroes de los cómics de Frank Miller. Su relación con el dolor es trascendente, terrible e inevitable. No deja de ser un detalle accesorio. "Ygdrasil" no es una novela didáctica. Mariana mutila, mata y sangra a niveles que son escalofriantes y además, cósmicos.
  4. "Ygdrasil" como una puerta a la literatura de género fantástico que no se había abierto hace años. Lo que vemos: una fiesta en un sótano lleno de pervertidos con ganchos afilados en las manos.
  5. "Ygdrasil" como una obra desoladoramente pop: los ecos de la cultura contemporánea exhibidos como desecho, como juguetes sexuales, como las herramientas del torturador.
  6. Si "Ygdrasil" radiografía lo que se cuece en el fandom hay que alegrarse o asustarse por lo que traiga en el futuro.
  7. Baradit hace que nos despidamos de cierto realismo costumbrista del mismo modo que la Ripley lanza a algún alien al vacío. Con una patada en el culo. En llamas.
  8. El damnificado: Darío Oses, que había explorado en el cyberpunk y en la ci/fi de especulación política. "2010: Chile en llamas" y "El virus Baco" son obras menores para adolescentes hijos de hippie a los que no los dejan comer en el McDonald.
  9. Me gustaría ver lo que hace Baradit si se pone a escribir sobre Harry Potter.
  10. Baradit + Donoso: cierta cercanía cósmica. Monstruos sin lengua. Los agujeros cosidos del cuerpo. El horror.
  11. Mariana debería tener una historieta. La debería dibujar Jae Lee. O Themo Lobos.
  12. No sé por qué, pero "Ygdrasil" me recuerda a "Campo de concentración" de Thomas Disch: una trama que se vuelve cada vez más gruesa, que se convierte en otra cosa, que crece hasta desfigurarse de modo irremediable. En cierto modo, Baradit ha escrito dos novelas: en la primera, una heroína vence diversos y extraños obstáculos. En la segunda, la que más me gusta, la novela lentamente cambia el tono: pasa de ser puro cyberpunk para convertirse en otra cosa, para crear propias reglas con las que jugar y vencer y sorprender al lector.
  13. Me gustaría ver cómo funciona "Ygdrasil" en un traducción: cómo la prosa condensada de Jorge Baradit se adapta al inglés. Ese no es un tema menor. Nos criamos leyendo ci/fi traducida: eso nos dotó de acentos, tonos, velocidades. De formas de enfrentar, leyendo y escribiendo, ciertos relatos. "Ygdrasil", en un nivel más profundo tiene que ver con esa metalectura: la búsqueda de una lengua para el género, algo que en cierto modo es lo más complicado. Argentinos como Elvio Gandolfo, Borges & Bioy, Piglia, Oesterheld, el uruguayo Levrero, lo han resuelto más o menos bien. La escritura de Baradit trabaja en ese punto y se explota desde ahí. Marca un modo lector. Un sistema de escritura. Señala un método. La novela es en cierto modo la respuesta, la forma de solucionar el enigma, un modo de leer diversos referentes y apropiarse de ellos para superarlos, para inventarlos de nuevo.
  14. Ah: Ciberpunk & Porno. Nada mejor.

Por Álvaro Bisama

Jorge Baradit: “La crueldad en Ygdrasil es abrir los demonios y ver cómo se comportan”

October 30, 2005 by rmundaca · 2 Comments 

por Gabriel Mérida

Jorge Baradit vive cerca de la Plaza Ñuñoa. Está casado. Declara ser feliz. En su living hay dos espadas. Aunque alguien le regaló uno de esos grandes juegos de comedor con seis sillas, él y su esposa Ángela González siguen tomando once en una mesa de madera, de treinta centímetros de altura, sentados en el suelo o en pequeños banquitos. Bato, el gato gris que hasta hace pocas semanas era gata y se llamaba Bathory, se enreda a veces en mis piernas. Prendemos la grabadora.

Vamos a partir con algo simple: ¿Quién es Jorge Baradit?

¿Simple?
Nací el año 1969, en junio. Dato relevante es haber nacido miércoles, ser Géminis, y de signo Gallo. El signo géminis es un signo súper mental, al que le falta cuerpo. El gallo es una dominancia, un ego. Lo mismo que Géminis. El Géminis en realidad es uno, lo que pasa es que se está mirando a sí mismo. Lo que les importa es lo que está entre ellos. Y haber nacido en invierno es súper bueno porque nací en el nadir del mundo, y es linda la promesa de llegar a la luz, en vez de haber nacido en la luz y tener que caer a la oscuridad.

Naciste en Valparaíso, ¿cierto?

Sí, al lado océano más grande del mundo. Eso se me hizo súper relevante porque uno es como un gigante con las patitas en el agua. Valparaíso es como un anfiteatro; uno tiene la altura de un cerro en Valparaíso. Y ve el mar desde una perspectiva desde la que normalmente no se ve. El mar para la gente es la espuma de la ola, blanca, y algo que se ve más allá en el horizonte. Para mí es una alfombra enorme, y siempre me cautivó la idea de que más allá estaba Japón. Es como vivir en el borde de un abismo, sólo que este abismo está lleno de agua. En el abismo tú ves los demonios que andan volando por entre el barro. Acá no sabes qué cosa hay detrás de los arrecifes.

¿Eras lana o punk, alguna tribu urbana?

No, y ése era el principal problema. Desde chico, siempre fui el hueón medio raro. Por algún misterio, en todos los colegios terminaba con el mismo apodo: el marciano. El cuatro ojos era normal: usaba lentes. Pero el marciano era raro, se repetía. Parece que uno viene con cosas, y una de las cosas con las que yo venía era amor por lo extraño, amor por la fantasía, en el fondo amor por el mundo que no es éste, o por las posibilidades que tiene este mundo de doblarse en algo insólito. Entonces… me regalaron un libro sobre platillos voladores, y yo rayé. Mi viejo, sin querer, me trajo un libro sobre mitología griega… y aparece un tipo que se come a sus hijos, aparece un hombre que tiene relaciones con una mujer en la forma de una lluvia de oro, y fue maravilloso. Y esa cuestión, que al principio fue mala, después me dio cierta fuerza para pararme como raro, y no podarme. Estaba acostumbrado a que los chicos me dijeran raro.

¿Eras muy bueno para leer en ese tiempo?

Más que la cresta. Súper bueno para leer, porque además yo era el flaquito de lentes, introvertido. No hacía deportes, me podían pegar, era medio temeroso, desarrollaba mundo interior, tenía harto tiempo, no tenía muchos amigos: leía. Y comía libros como desaforado, de todo. Como no tuve una guía al respecto…

¿Había biblioteca en tu casa?

No. Cuando yo tuve mi primer libro, en mi casa había un almanaque, dos tomos de la enciclopedia Monitor, y un libro de mi abuela, que era de historias religiosas. Eso era todo. No había biblioteca. Leía en el colegio, y al final siempre pensé que era un lector omnívoro. Me costó caleta darme cuenta que había un denominador común, y era súper obvio: me gustaba leer historias religiosas, también me gustaba leer Julio Verne, me gustaba leer historias sobre las cruzadas, sobre el Rey Arturo, me gustaba leer sobre los platillos voladores, me gustaba leer sobre asuntos de Von Daniken. Me interesaba también la magia, me interesaba el mundo de los espíritus, las historias de fantasmas, todo eso. Al final el factor denominador común era la fantasía. La Biblia me interesaba como un libro de literatura fantástica, lo mismo los libros de ciencia ficción. No creo en la reencarnación, pero me encantan los libros al respecto. No creo en el karma, en la vida, en el cielo, en ninguna hueá, pero me fascinan esos temas.

A pesar de leer mucho, entraste a estudiar Arquitectura, en la Católica de Valparaíso. ¿Qué pasó ahí?

La decisión fue producto de la irresponsabilidad adolescente. Sentía que tenía una especie de brazo de tenista con el tema de la literatura. Es decir, extrema introversión, full mundo interior, poco contacto con el mundo sensorial, de la piel para afuera. Entonces, como en esa época mi adolescencia irresponsable decía que lo que uno tenía que perseguir era ser completo consigo mismo, y tenía en la pared esa frase de Demian, que decía que uno tenía que buscarse a sí mismo, sin importar el fin al que te pueda llevar. Estaba súper hipertrofiado del cráneo para adentro, y me quise desarrollar del cráneo para afuera, y entré a estudiar una carrera para la que no tenía, suponía yo, aptitudes: arquitectura. De ahí me terminé convirtiendo en un buen diseñador gráfico.

¿Eras un tipo blando en ese tiempo?

Súper blando, sensible, llorón, débil, muy poco fuerte, consentido, mañoso. Sólo sabía cosas, manejaba datos, y hacía malabarismos mentales delante de mis tíos que me aplaudían, y yo pensaba que de eso se trataba la hueá. No, yo quería un poquito más. Quería cambiar, y lo hacía a punta de voluntad. Y hacía ejercicios súper hueones…

¿Como forzarte a hacer algo?

Pliegos de 110 x 77 cms. Me obligaba a llenarlos con pelotitas de dos milímetros con un lápiz de mina. Y los llenaba. O a pasar frío. Me iba con muy poca ropa, me subía a una micro, se demoraba cuarenta minutos en llegar a mi casa. Me iba en el asiento de atrás, donde se abría la puerta, y yo pasaba frío. Y la idea era no mover un músculo… tonteras así. Muchos ejercicios para criar voluntad.

¿Pero eso al final funcionó?

O sea, por lo menos me hicieron fuerte, me hicieron más fuerte. La última locura que hice, que fue como la definitiva, fue viajar al Cuzco cuando hubo Corriente del Niño, cuando los caminos estaban cortados, y había muerto un chileno incluso. El año anterior habían muerto un montón en este accidente de avión. Irme solo al Cuzco a hacer el Camino del Inca. No sabía lo que me iba a pasar. Digo que fue la última vez, porque de ahí para atrás, cada vez que emprendía algo era con temor, pero lo hacía igual. De esa vez en adelante sentí que ya había matado al dragón.

¿A qué cosas tienes miedo?

No me lo pregunto. Creo que ni siquiera le tengo miedo a perder lo más valioso que tengo, que es la Ángela. Igual, que no se confunda: es lo último que quisiera. Pero no tengo miedo.

Cuéntame de esa experiencia posterior que tuviste en México.

Eso fue el año 99. Viajé a México, y terminé metido en una ceremonia. Fue insólito. Terminé metido en una ceremonia en la celebración del aniversario de la muerte de nuestro señor Cuauhtémoc, el último tlatoani azteca. En febrero se hace la ceremonia del aniversario de su fallecimiento. Me vi metido de repente en una iglesia, donde estaban bailando cheyenne, mayas, indios pueblo, gente de la América roja, y yo metido ahí entre medio. De repente veo que el séquito avanza, que hay tambores, saltos, mucho humo de incienso, de copal, y cuando llego adelante y se abre la primera línea frente a mí, descubro que le estoy danzando a un esqueleto que está acostado, en muy mal estado. Lleno de honguitos, lleno de musgo, muy deteriorado. Se supone que la tradición dice que es el esqueleto de Cuauhtémoc.

¿Qué pasó, cómo quedaste?

Me puse a llorar, y en ese momento perdí algo… pero que es bueno que lo haya perdido, porque era una fantasía. Era esta idea de que yo podía pertenecer a América, de verdad. Esta búsqueda en las imágenes americanas, esta búsqueda en las historias, en los mitos, estas ganas de sumergirme en lo americano. En ese momento todas esas ganas se esfumaron, porque descubrí que en realidad soy americano, y que eso significa que no tengo pueblo. Los mexica, los cheyenne, los Mapuches, los aymara que están metidos por ahí, ellos tienen pueblo. Ellos se llaman de una manera, se ven de una manera, tienen ceremonia, tienen toda una estructura ritual y social que los constituye como pueblo. Pertenecen. Y yo no, yo nunca voy a pertenecer, siempre voy a ser un invitado a esas cosas. Porque soy americano.

“La soledad debe ser la peor experiencia de todas”

¿Cuándo terminaste tu novela?

La novela la terminé el año 2002.

¿Y cuándo la comenzaste?

El 2001. La novela se escribió en nueve meses.

En tus cuentos y novela aparecen estas mujeres jóvenes, aparentemente frágiles. ¿Por qué son así tus personajes?

Siempre me fascinó esta idea de los poderosos manejando las sociedades. Hemos llegado a un punto donde poca gente es capaz de decidir, de manera bien escabrosa, lo que le pasa a millones de personas. Y me cautiva el que muchos, casi todos, no se dan cuenta de la manera en que los están manejando. A qué voy: a cosas tan simples como la manera cómo se decide, en un momento, cómo se va a contar la Historia de Chile. En un momento se decidió cómo te vamos a contar a ti la Guerra del Pacífico. Con objetivos súper claros: generarte nacionalismo, producirte rechazo hacia los vecinos, esconder tus falencias, mostrar heroísmo.

O sea, controlar el pasado para controlar el futuro.

Claro, y cómo los bolivianos, los peruanos escogieron mostrárselo a sus propios hijos. Desde eso hasta cómo se deciden las políticas públicas, cómo alguien decide de pronto que es bueno que alguien muera, para que otra cosa ocurra. En el fondo mis personajes son frágiles porque todos somos frágiles frente al poder. Yo lo veo desde un punto de vista súper fatalista: es que no tienes nada que hacer con el poder, porque finalmente si te organizas en contra de él, de todas maneras esa organización se convierte en una estructura de poder. Y el tipo que la encabeza es un tipo que quiere el poder. Y los que quieren el poder en el fondo tienen dinámicas similares. Mis figuras son frágiles porque se mueven en estas mareas de poder, no tienen capacidad de decisión; hagan lo que hagan, están de alguna manera manejadas.

Esos son otros personajes que aparecen en Ygdrasil: personajes con mucho poder pero que al final son parte de la fragilidad.

Claro, finalmente es el espejismo, porque el que tiene poder acá está envuelto en otra red más grande que lo maneja a él, y así sucesivamente.

Hay una frase que leí en tu blog, que es tu cuaderno de apuntes. Dice: “Alguien lo suficientemente solo como para ser capaz de traicionar a toda la humanidad por un poco de calor”. ¿Qué pasa con ese personaje, y qué pasa con esa traición?

(Piensa mucho.) Yo, en algún momento de mi vida, llegué a experimentar una soledad muy profunda, una soledad tan grande que la primera vez después de un rato en que alguien me abrazó, yo me puse a llorar. La soledad debe ser lo peor, debe ser la peor experiencia de todas. Cuando escribí eso estaba pensando que no me extrañaría que alguien fuera capaz de traicionar al mundo entero. De hecho, uno de los personajes también traiciona a Mariana, porque no podía quitarse la idea de que lo podía abandonar, se podía alejar de él, entonces la traiciona. Entonces es tan fuerte la soledad que no me extrañaría que alguien fuera capaz de traicionar al mundo completo por un segundito de calor. Nada más que eso. ¿Razones para la traición? De todas, me parece la menos grave. No es plata, no es poder.

Mariana, esta asesina junkie chilena que vive en México, tiene su propio cuento y también es la protagonista de Ygdrasil. ¿Qué nos puedes decir de ella?

Mariana es una Cristo mujer. Mariana es una Virgen, Mariana es una figura doliente… Mariana es la Magdalena también. A veces pienso que Magdalena y Jesús eran la misma persona, el andrógino. Mariana es la mujer pasada a llevar, es la fragilidad encarnada capaz de reaccionar violentamente, dejar la escoba, dañarse a sí misma… es un animalito. Es el espíritu del hombre de nuestro tiempo, un tipo presionado hasta tal punto que cuando estalla deja la escoba, contra sus hijos, o contra su mujer, o choca o mata a alguien en la calle… estalla de distintas maneras, y con distintos grados de espectacularidad.

¿Y los malos de la película, esos villanos sobrehumanos?

Si tú te fijas, los malos de mi historia son tipos que no sienten compasión. El malo es el tipo que no es capaz de sentir el dolor del otro. En mi novela son todos más o menos caricaturas. Algunos son personajes bien cardboard box, maqueteados. Porque me interesa tenerlos así, me interesa por otras razones. Por ejemplo, cuando el milico es estereotípicamente malo, de esa manera el lector, a las dos líneas de leer de este milico, ya cacha perfectamente quien es, porque lo ha visto muchas otras veces en otras historias. Mientras que para Mariana, que es un poquito más compleja, me doy todo el tiempo del mundo. Cuento su historia, cuento su infancia, y se perfila de una manera diferente.

¿Por qué está esa estructura de cajas chinas y vueltas de tuerca en tu novela?

Es por la dinámica del descubrimiento, nomás. Yo tengo una necesidad por conocer, no sé por qué. No es un mérito: vine con eso. Tengo ganas de saber, soy sapo. Entonces siempre me pasa que cuando me acerco a algo descubro una primera red de relaciones que hacen que esa cosa sea. Generalmente descubro que tiene una red que lo estructura, que le permite ser, que es tremenda.

Mucha gente opina que Auschwitz es la cúspide de la modernidad, de la razón que fue el mismo movimiento que conquistó América, que desarrolló los trenes y todas esas cosas. Y el mundo Ygdrasil parece sumarse a echar por tierra todo ese positivismo. ¿Es a propósito?

No. Ygdrasil es un hijo de los tiempos nomás. Las cosas son así hoy día. Es el mundo donde un presidente decide hacerle la guerra y arrasar otro país, exclusivamente porque cree que pueden llegar a ser un riesgo. Y nadie puede hacer nada en contra de eso. Es un país donde un tipo decide que otros tienen que morir… y ocurre. Y frente a todos, y con la oposición de todos. Y es reelecto. La realidad de hoy es distinta a la de antes, donde se guardaban las formas. Hoy día no, hoy día las cosas se hacen a la luz del día, se ven, hay un cinismo galopante. La realidad de hoy es el desparpajo.

“Los milagros no existen, pero funcionan”

Ygdrasil tiene la capacidad de reunir fuentes casi irreconciliables. Por ejemplo, dar el nombre de la tribu del sur de Chile a unos seres de una dimensión diferente. ¿Qué otras fuentes están presentes en Ygdrasil?
Al final hay tres. Tienes la magia de los indígenas, tienes la magia de la tecnología, y tienes el mundo astral. Yo creo que esas son las tres vertientes más importantes. No sé, podrías hablar de las raíces, podrías hablar de lo indígena, de la cosa mágica, de la maravilla. Podrías hablar de la tecnología, que también es magia, hay un velo sobre ella.

¿Es ritual la tecnología?

Claro que sí. Todo el mundo piensa: el avión vuela. Son doscientas toneladas, y están sosteniéndose en el aire. Tú lo ves lentito levantarse. ¿No es eso magia? No, porque hay unas leyes. ¿Las entiendes? ¿Entiendes realmente por qué la luna no se cae sobre la tierra? ¿Entiendes realmente por qué cuando sueltas una manzana, cae? Uno no entiende nada, uno se refugió detrás de las explicaciones, pero en realidad es magia.

¿Y el mundo astral? ¿Tú crees en él?

No sé. Yo creo y no creo… Sé que existen, pero sé que no existen. Es como los milagros, uno dice: claro, los milagros no existen. Pero tú dices: funciona. No existen, pero funcionan. Al final llego a una especie de: ya, OK, sí existen, pero en realidad no creo. Y otras veces digo: creo, pero no existen. Soy como re flexible conmigo mismo, no me presiono.

Tú citas siempre a Matta, que no es surrealista, es realista del sur. Eso de mezclar lo de los pueblos originarios con la tecnología de cierta manera es el enfrentamiento entre Latinoamérica y la vieja Europa que llegó a colonizar. ¿Por qué aparece este encuentro en tu obra?

Yo creo que la gente sigue en sus trincheras. Siempre están mirando hacia los orígenes. Entonces si tú miras hacia la tecnología, miras hacia Europa, la industrialización, la Ilustración. Y el americanista o el indigenista se va al chancho, y quiere que volvamos a la tierra, y no quiere celulares. Sienten que son irreconciliables. Sin embargo un médico le da en su casa el remedio a su hijo y se persigna. O como mi mamá, que me daba el remedio y me decía: por Dios y la Virgen. Dos mundos que están conviviendo todo el rato. Siento que los tipos no se dan cuenta que en realidad dentro de sus corazones están más mezclados que la cresta… y hace rato. No lo han asumido nomás.

Oye, si está ahí, todo el rato. En México, en el Zócalo, había dos mundos. Había un curandero huichol, vestido como huichol, con su bolsito, con su cosita con copal encendido, sentadito ahí con un zarape puesto al frente, lleno de ofrendas. Y por otro lado de la calle venía caminando un tipo, hablando por celular, con un maletín, seguramente con un laptop, vestido impecable, dirigiéndose seguramente a su oficina, en el piso veinte de no sé qué edificio. De repente se cruzan, el oficinista llega ante el huichol, deja el maletín en la mano, guarda el celular, y abre los brazos, mira hacia el cielo en posición de rezo. El huichol se levanta, toma el copal y comienza a sahumar a este tipo, mientras el tipo está rezando no supe qué. Y el huichol le pasaba la mano por el traje, lo sahumó entero, le tocó la frente, rezó unas cosas, dejó el sahumador en el suelo. El tipo oficinista juntó las manos, bajó la mirada, y le pasó un billete y se fue.

Pareciera que ahora todo es ciencia ficción, o que la ciencia ficción ya no tiene la exclusividad de ciertos temas.

Lo que pasa es que creo que ya hace rato (creo, no sé porque tampoco conozco mucho) pasamos el límite de que cuando tú escribías ciencia ficción escribías temas de ciencia ficción. Por lo menos desde William Gibson (creo) se empezaron a escribir novelas con fondo de ciencia ficción. No soy un erudito en el tema.
Hay mucha hibridación, mucho estilo que incorpora la ciencia ficción como quien incorporó el género policial.
Yo prefiero que, guardando las monstruosas distancias, vean que Ygdrasil es una novela de ciencia ficción tanto como “El jardín de los senderos que se bifurcan” es una historia policial.

Y a propósito de esa cita a Borges, ¿cuánto de él hay en tu novela? En una parte está la participación explícita de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.

Lo que hizo Borges fue… Siempre uso la misma imagen: imagínate que alguien hubiera vivido toda una vida dentro de una casa, y a los trece años, cuando él hubiera estado desesperado por alcanzar el techo, alguien lo saca al patio, le muestra el cielo estrellado y le dice: allá está realmente el techo. Esa fue más o menos la crisis que me produjo Borges. El darme cuenta que lo maravilloso es infinito, que lo maravilloso es inconmensurable, es cósmico, tiene el tamaño de todo, que es un laberinto infinito, para usar su misma imagen. En el fondo me partió la cabeza en mil pedazos y los disparó a los cuatro puntos del cielo: eso es lo que hizo Borges.

En la literatura pareciera el tema de la referencia no está tan incorporado como en otras vertientes del arte.

Mi educación no va por el lado de la literatura. Quizás por eso me ha sido tan fácil experimentar y romper… y no tenerle miedo a no ser escritor. Mi educación va por el lado del arte, donde lo importante es la introspección, lo que produce la persona. Si son pesadillas, si tienen esta forma o tienen esta otra, no importa. Lo importante es la búsqueda. Nunca he tenido formación académica, por eso es que también me cuesta usar esa palabra tan grande para mí. Yo no soy escritor: yo escribí.

“La creación no puede existir sin fisura”

¿Qué tipos te han inspirado, ya sea en la literatura o el arte?

Antonin Artaud. Por su capacidad pictórica, por su capacidad de usar las palabras de un modo sinestésico. Que utiliza una palabra para producir una imagen, un color o un dolor… Por la violencia que le imprime a sus textos. Por su capacidad de enhebrar en prosa discursos descabellados pero con un bajo continuo súper coherente. Él en particular. Borges, el vacío cósmico, más por él que por otra cosa.

Me mostraste cosas de Joel-Peter Witkin. Has ilustrado cuentos con sus fotografías.

Joel-Peter Witkin, sí. Lo que pasa es que él tiene mucho que ver con los demonios. A mí en general lo que más me influye no es la literatura, son los textos religiosos: los Upanishads, el Ramayana, la Biblia, los textos de Swedenborg, Sor Teresa de Ávila, los iluminados. Todos estos tipos rayados que en el fondo son esquizofrénicos. Tipos que ven más allá, y los que son capaces de volver los puedes llamar poetas. Capaces de reorganizar la realidad como no se ha organizado antes. Vicente Huidobro también, por su capacidad de convertir la poesía en cosa literal. Por ejemplo cuando dice que busca las líneas de la frontera entre el pasto. Esa imagen siempre me ha perturbado, porque el tipo convierte un sentido figurado en algo literal. O como en el Cid Campeador, cuando dice que Ximena se marea, cae y rueda por la página hasta el final del párrafo. Esa soltura para mezclar la literalidad con el sentido figurado abre mundos, desgarra algo en la mente. Algo producen. Ese instante lo percibo así. Y es una constante también.

Sobre los poetas… Tienes un cuadro de Rimbaud aquí en tu casa. ¿Qué significa él para ti?

La rabia, la líbido. Cuando un instrumento viene bien afinado de fábrica, la tremenda potencia de los diecisiete años produce una música como no la va a producir a los treinta. Pero esos instrumentos bien afinados de fábrica son contados con los dedos de la mano. Me gusta también que haya podido escapar de eso. Me encanta que haya botado esa vida, me gusta. Porque Artaud no lo hizo… se murió loco, hueón, en medio de electro shocks, tratamientos médicos, y la verdad es que a mí me encanta que Rimbaud se haya ido a África, y se haya culiado a unas negras, que lo haya pasado bien.

Pero dicen que no lo pasó tan bien, que seguía buscando, aunque ya no a través de las palabras.

El que está cagado está cagado. El que está roto… Lo que pasa es que la creación no puede existir sin fisura, o sea, la única razón por la que existe el mundo es porque… No sé, voy a decir una cabeza de pescado, pero la única razón por la que existe el mundo es porque existe Pi, un número que es infinito. Si no existiera Pi, si la matemática fuera realmente perfecta, nunca habríamos salido del círculo cerrado.

Del huevo cósmico…
Claro, y es necesaria la fisura para que la cosa se abra, es necesario que el círculo no sea perfecto cuando se dibuja, cosa de poder generar una espiral, y que crezca. Entonces la fisura y la grieta y todas estas cosas son las que iluminan. Si no, no hay cómo.

“Me gusta que haya un grado de ofensa”

Sigamos un rato con las preguntas por tu obra. Ahora va a salir publicada Ygdrasil, pero hay otros cuentos que son parte del mismo universo. Lo primero que leí tuyo fue “La Conquista Mágica de América”. ¿Por qué no nos resumes de qué se trata?

“La Conquista Mágica de América” se trata de suponer que la conquista de América tuvo otro objetivo. No habían venido a buscar oro. Esto a partir de una frase alquímica que es “aurum nostrum non est aurum vulgo”: nuestro oro no es el oro vulgar. Plantea que en realidad los conquistadores trajeron tras de sí una secta o un grupo de magos, cabalistas europeos que venían en la búsqueda de otra cosa, un tipo de poder que se había desarrollado en América. En vez de una lucha de fuerzas, una lucha de guerreros, me llamaba mucho la atención plantear cómo habría sido una lucha mágica, entre los magos europeos y los chamanes americanos. Esa era la perspectiva.

Ahí aparece ya una re-interpretación de la historia, que juega mucho con lo que está detrás. Esa lucha está detrás de la historia, de modo que aunque parece fantasía, podría ser una explicación alternativa.

De hecho yo creo que es una metáfora de lo que hizo la Iglesia Católica. Hubo una lucha mágica que todavía se libra, entre “créele a la meica o me creís a mí”.

Lo mismo que hicieron en Europa, con los celtas…

Claro, con los Germanos también. Y que siempre tiene malos resultados. Porque en el fondo es neurosis, lo que estas haciendo es reemplazar un significado por otro. El significado originario igual subyace, y quiere salir. Ese tipo de sentimientos, ese tipo de divinidades, si no se les presta atención, se convierten en un demonio. O dicho de una manera más psicológica, esas figuras o esos entes, si no les das salida, empiezan a buscarla solos, y se abren paso a dentelladas. Eso es lo que le pasó a los alemanes, en el fondo el movimiento nazi es un movimiento pagano.

Te quiero preguntar de donde salieron ciertas escenas, que son como un botón de muestra del mundo Ygdrasil. En un ritual alguien penetra a cierto personaje, la viola, pero a través de una herida en el costado, como la de Cristo por la lanza de Longinos?

Como mi cultura proviene con mucha fuerza del arte moderno, hay una cosa que son las instalaciones… En realidad estoy nada más que mezclando palabras. Están las palabras Cristo mujer, penetración, imágenes y palabras que son caras para mí. Y lo que hago yo es combinarlas en una composición, nada más. Cuando tengo que pensar en que a esta mujer le ofrecen un último sacramento antes de matarla, pienso en cuál es el sacramento más grande que le pueden ofrendar, mezclado con tortura, con violencia, y pienso que es una mujer, que es una violación, que es la cultura mística, que es la crucifixión, pienso que es la tortura física y pienso en una herida, y en la cabeza se me arma como una composición, nada más. De la misma manera como seguramente David Lachapelle compone sus fotos: pone un piso acá, un zapato aquí, los pone en una fuente de soda gringa, y qué sé yo. Es la misma dinámica: una composición, con elementos son relevantes para mí, ordenada la frase de una manera que diga lo que estoy queriendo decir en ese minuto. El nivel de violencia o el nivel de ofensa que pueda haber no me interesa. Es más, me gusta. O sea, me gusta que haya un grado de ofensa.

¿Y la crueldad?

Por supuesto que hay un factor de provocación ahí. Pero no es lo más relevante. Es placer. Es el placer que siento mientras lo estoy escribiendo. Que es el placer que uno siente… es tanto como el placer que siente cualquier hombre cuando se habla de una violación, que tú sabes que es negativo sentir placer, pero lo sientes igual. En la violencia con la mujer, que la reprimes, es lo natural.

¿Por eso aparece tanta crueldad explícita en Ygdrasil?

Es desatar algo. Es abrir los demonios y ver cómo se comportan. Es abrir la puerta del sótano y ver como arman estas orgías, mirarlos, como espectador. Total, sé que no van a salir de la página.

“No conozco la literatura chilena”

¿Cómo fue que tu novela llega a publicarse?

Siempre todo esto tiene que ver con retos, como te contaba recién. Primero el reto fue escribirla. Cuando se terminó de escribir, me dijeron: ¿por qué no la publicas? La verdad, yo pensé que nadie la iba a querer publicar, primero porque es un género que no se publica en Chile, segundo porque había tópicos en la novela que consideraba medio incompatibles con los criterios de edición en general. Y porque la verdad no me sentía un escritor, no tenía la necesidad de ver editado mi trabajo. Después vi un concurso de cuentos que estaba realizando Luis [Saavedra, director del fanzine Fobos, único espacio para la ciencia ficción literaria en Chile a finales de los noventa y principios del siglo XXI], y dije: a ver, veamos si puedo escribir un cuento. Lo mandé y obtuve una mención honrosa, y me sirvió para contactarme con este grupo de gente de Fobos.

Ahí nos conocimos tú y yo.

Claro. De ahí conocí a Sergio Amira [que acaba de ser publicado en la Antología Visiones 2005, en España], a Pablo Castro [el único autor chileno de ciencia ficción de los últimos años publicado en inglés, con traducciones de su cuento en Cosmos Latinos, antología del género en Latinoamérica]. Y como en el calor de ese grupo me hice a la idea que quizás sí era un autor de ciencia ficción. Al rato caché que en realidad no. Y empezó a surgir esta posibilidad. ¿Por qué no publicar? Incluso pensé en publicarla online, pero desistí. Quedó guardada hasta que ocurrió el milagro. Conocí a un tipo que había publicado en Ediciones B, en Ficcionario, Carlos Labbé, autor del Libro de Plumas. Él me dijo: ¿y por qué no se la pasas a la editora? Finalmente parece que las razones por las que yo pensaba que no se iba a publicar son justamente las que hicieron que se publicara.

¿Sientes que tienes algo en común con otros escritores de Chile actual?

No, nada. Con ninguno.

No sueles leer literatura chilena.

No. Primero no conozco la literatura chilena, y la que conozco me parece súper lejana a lo que a mí me interesa. Ese afán, ese amor por el realismo del arte chileno… lo único que hace es alejarme. A mí me interesa lo maravilloso, a mí me interesa la fantasía. Y esta como herencia izquierdosa que carga el arte chileno todavía, lo hace apegarse a la cosa social, andar con la palabra escapismo muy a flor de labios.

Son pocos los que han logrado escaparse de eso, en Chile se menciona ahora el nombre de Bolaño.

Bueno, no he leído a Bolaño. Pero eso me llama la atención: estamos en un país rodeado del mar más grande del planeta, la cadena montañosa más larga del mundo, el desierto más seco, los hielos más antiguos, con unos pueblos que vivían casi en la edad de piedra en el sur, con unas cosmologías y mitologías alucinantes. Y como en toda América, con nuestros pueblos originales vivos, ahí. A diferencia de Europa, donde los tienes que ir a ver a los museos, nosotros nos cruzamos con ellos. Y a pesar de todo eso, a pesar de toda esa carga mágica, nuestra literatura fantástica es pobrísima, nuestra producción fantástica es…

¿Y Jodorowski?

Jodorowski, pero él no es chileno… Jodorowski, demás que sí. El es un tipo que ya hizo mezclas entre tecnología y culturas mágicas hace harto rato. A lo mejor es una veta que se va a ir explotando cada vez más…

¿No lo consideras un precursor de lo tuyo?

No, no, porque… esto va a sonar como disculpa, pero es cierto que yo nunca leí nada de Jodorowski que tuviera relación con esto, antes de publicar Ygdrasil. De hecho, todavía no leo ni el Incal, ni la Casta de los Metabarones. Pero supongo que yo debo haber bebido las mismas aguas donde bebió él, y nací en Chile, donde nació él, y a lo mejor hay un… De nuevo, sin atreverme siquiera a hacer un paralelo, algo en común habrá. Me siento cercano a dos tipos, pero no los puedo considerar escritores chilenos. Me siento cercano a Jodorowski y Miguel Serrano.

¿Cuál es tu relación con Serrano? ¿Cuál es tu valoración de su obra?

La misma que hay con la Biblia. Me interesa su lado… me interesan esos libros como literatura fantástica, mucho. Su obra, su imaginería, como alguien dijo, su maravillosa fantasmagoría, es alucinante. Ajena a su proselitismo, a sus inclinaciones políticas particulares, el tipo es alucinante.

¿No te sientes en la línea de gente como Hugo Correa u otros que han hecho literatura fantástica?

Primero no tengo idea, porque no los conozco. Nunca he leído a Hugo Correa. Con suerte he leído a autores de ciencia ficción extranjeros. Autores chilenos he leído; porque fui a su taller, leí algo de lo que escribió Pablo Castro… Pero en general, lo que me pasa con los escritores de ciencia ficción chilenos que he conocido es que, en general, tratan de escribir ciencia ficción, y es como propio de estas comunidades que son medias endogámicas. Leen lo que lee el otro, entonces cuando escriben, escriben más o menos lo mismo, porque se alimentan de pocas hueás. Terminan dándose vuelta en un universo súper diminuto. Y la producción termina siendo re similar. Entonces para qué voy a leer a alguien que escribe muy parecido a Philip K. Dick. Mejor leo a Philip K. Dick. No me interesa, no tengo tiempo para eso.

Tu libro se venderá como ciencia ficción, pero parece que a ti no te gusta leer del género.

La verdad es que no me interesa si un libro es de ciencia ficción o no. Si es raro, lo leo. Leí Neuromante, me gustó. Leí Solaris, me encantó. Pero no voy a leer ciencia ficción sólo porque es ciencia ficción. Eso tiene este género: genera unas adhesiones medio fanáticas.

¿Qué estás leyendo ahora?

He podido leer poco los últimos meses, porque he tenido más pega que la chucha. Pero estoy leyendo ahora lo que te he comentado: un libro sobre las raíces históricas, políticas, sociales del nazismo. Estoy leyendo “Tú eres eso”, que es un libro de Joseph Campbell, el autor de “El héroe de las mil caras”, donde el tipo analiza desde un punto de vista psicoanalítico los mitos judeocristianos. Y estaba leyendo, pero hace como dos semanas que no lo pesco, “El Cielo y el Infierno” de Emanuel Swedenborg. Lo tengo en el baño. También tengo ahí, pero todavía no los leo, “La era neobarroca”, de Omar Calabrese. Un diccionario… en realidad no es un diccionario, es como un compendio de herejías occitanas. Me interesa mucho el período entre el siglo XI y el XII, en Europa. Un período de una explosión mística terrible, algo pasó ahí, un continente completo se movilizó con el sueño de ir a recuperar el sepulcro de Cristo, se generaron una cantidad de herejías y religiones alternativas y sectas en torno al cristianismo, tremendas, algunas extrañísimas. Se persiguió, se quemó, se torturó en nombre de Dios… una época increíble. Extrañísima.

Desde aquí veo un libro de la Anaïs Nin. ¿Te gusta la literatura erótica?

Ah, un libro de cuentos de ella que se llamaba “Pajaritos”. También un comic, un manga dibujado por una japonesa, y el guión de un chico francés, “Mariko Parade”. Me gusta la literatura erótica, pero no soy asiduo lector. Prefiero la pornografía en video, dura. No me atrae mucho la poesía en torno al tema.
Por alguna razón, nunca me he sentido movido a leer ningún escritor chileno. Creo que esto le pasa a muchas personas. No son súper ventas ni mucho menos, no creo que porque no tengan buena promoción o qué sé yo. Los que me interesan son los poetas chilenos. Adoro a Gonzalo Rojas, me encanta Huidobro, me encanta Mahfud Massís, Enrique Lihn. Y el mejor libro de ciencia ficción que se ha escrito en Chile: “Los Sea Harrier” de Diego Maquieira. Increíble, increíble. Le tengo por ahí un homenaje también en Ygdrasil, medio escondido. Ese libro me encantó.

¿La redacción de Ygdrasil es toda tuya?

No, no es toda mía. Ningún problema con decirlo. Como yo no tengo formación académica, la novela no estaba bien escrita. Aunque no estaba tan mal tampoco. Se la entregué el Caco Labbé, para que la corrigiera. Su intervención se remitió a cambiar comas por puntos seguidos, y puntos apartes, y muchas comas y puntos y comas. Pero no hubo un párrafo que se moviera, ni una oración que se moviera. Salvo una de esas… ¿hipérbaton? Cuando una parte de la oración no está en el lugar que corresponde. Ediciones B tampoco tuvo ningún grado de intervención.
¿Qué cosas te han criticado de la novela, cuáles son sus puntos débiles?
El mayor punto débil que tiene la novela no es la novela en sí, sino el mundo. Es un mundo particular que puede aburrir. Es recurrente, tiene una manera súper reconocible, al que le guste le va a gustar mucho, y al que no, se va a aburrir mucho. Y eso me parece muy bien, porque como comunicador, trabajo en publicidad, sé que lo que le gusta a muchas personas no es bueno.

Hay gente que ha dicho que se nota que no eres un escritor. ¿Lo tuyo son las palabras o las imágenes? ¿Te sientes cómodo haciendo algo sólo con palabras?

Lo que pasa es que para mí son inseparables. Es como, por deformación gráfica. Yo pongo la imagen y el texto, y en este libro, en los cuentos, se me juntan las dos. No concibo no ser “cinematográfico” en mis cuentos, cuando hay una voz en off y una imagen que se está mostrando. ¿Qué es lo mío, la palabra o la imagen? La palabra sola la encuentro muy latera. Esto típico de los escritores chilenos, esta voz introspectiva, que habla, de lo que le ocurre, me latea. Y tampoco es pura imagen, tampoco es un video clip. Pero creo que está por ahí entre medio.

¿Por qué razones crees que una editorial decidió publicarte?

Creo que justamente porque es una manera distinta de enfrentar el tema de la ciencia ficción. Una de las críticas que le hizo uno de los lectores encargados de evaluar la novela, fue que esta novela respondía a la pregunta acerca de cómo escribir ciencia ficción desde estas latitudes. Eso le parecía a él. Creo que como en todo el resto del mundo del arte, esto se trata de encontrar la propia voz, y no de parecerse a otra voz. Se trata de, solito, con su propia imaginería, con su propia producción, aislado, aunque nadie te pesque, producir algo tan propio que no se parezca a nada más. Que es un poco uno de los paradigmas del arte moderno: que el tipo se sumerja tan hondo en sí mismo que sea imposible que se parezca a lo de al lado. Yo creo que ésa materia, de esa materia hay hambre. Mi identidad, mi propio ser situado en un punto geográfico, contexto cultural específico, con influencias específicas, eso es lo que puedo ofrecer para competir. Lo particular es lo que me va a hacer poder competir. Competir en términos de poder ser elegido para ser publicado.

¿Qué advertencia le harías al lector de Ygdrasil?

Que se entretenga… Hasta hace unos años atrás, siempre que un chileno filmaba una película, escribía una novela, estaba haciendo la gran obra de su vida, y estaba enviándole un mensaje a la humanidad… no sé, un texto definitivo. Y ha habido muy poca soltura en ese sentido, y a los que asumen esa soltura se les tacha de superficiales. Parece que yo soy un superficial. Y yo lo único que quiero es que la gente que lea la novela la pase bien, que se sorprenda. Hay mucho de qué sorprenderse, creo yo. Y que se sienta estimulada a pensar distinto, a pensar diferente, a divergir. Sin divergencia no hay universo. La divergencia produce plantas, dinosaurios y cuásares. Entonces, más que una advertencia es una invitación a que la disfruten, la pasen bien, se entretengan, y entren a un mundo súper distinto. Pero reconocible por lo menos para la gente del territorio, creo.

Para terminar, ¿te considerabas un escritor?

No, no me considero un escritor. Es muy grande esa palabra.

por Gabriel Mérida

Access Code/Ygdrasil

October 30, 2005 by rmundaca · Leave a Comment 

Texto de presentación de Ygdrasil. 25 Feria del Libro de Santiago, 2005
por Francisco Ortega

Access Code/Ygdrasil: La novela que presentamos hoy en día. Una muy buena novela por lo demás. La primera novela de ci-fi chilena. Falso. Recordemos a Hugo Correa, ¿dónde estás Hugo? Repasemos websites y fanzines, ficcionautas y tantos otros clanes…. La primera novela de la nueva era de la ci-fi chilena esperemos, una donde los grandes sellos se interesen en un género en constante desprecio.

Access Code/Jorge Baradit: No lo conozco. El autor del libro. La foto de la solapa lo muestra con cara de buen tipo. Me cayó bien al leerlo. Lo envidie. Muchas partes de Ygdrasil quise haberlas escrito yo. Escucha buena música. Corazón de pop. De pop control no de pop de plástico. Lee basura y lo confiesa. Eso habla bien de él. Un honor presentar a un desconocido.

Access Code/Mariana: La primera bad girl de la literatura chilena del siglo XXI. Una chica mala, que tiene que ver con cine oriental, con Tarantino, con cómics deshojados, con música de NiN, con mitología chilote, con hipervelocidad. Mariana es sucia, es mala y es buena. Mariana tiene buen corazón pero también lo tiene podrido. Mariana es una inyección. The Sweetest Perfection.

Access Code/Chile: Alvaro Bisama, crítico literario, dijo a propósito de Mitos de Chile de Sonia Montecinos, que ese texto era el Santo Grial para la futura ficción narrativa chilena. No sé si Baradit lo haya leído, pero vaya que le da razón a las palabras de Bisama.

Access Code/Ciencia Ficción: Bienvenido al sistema. Según el escritor argentino Rodrigo Fresan, un país sin ci-fi es un país
sin futuro. Gracias a Baradit, algo de esperanza tenemos.

Access Code/Ficcionautas: Con perdón, no quiero exagerar. Bueno sí. En 1983, William Gibson con Neuromante inauguró la era del ciberpunk, Baradit con Ygdrasil ha hecho lo propio con el ciberchamanismo.

Access Code/Género: Dicen: Ygdrasil las verá dura porque en Chile no hay tradición de literatura de género. iquest;Qué? ¿Dónde? No habrá críticos de género que es distinto. Y Pacha Pulai. Y Alsino, señores, el chico alado de Pedro Prado es casi un X-Men. El Obseno Pajaro de la Noche de Donoso es una novela gótica, más cercana a un cómics de Neil Gaiman que al realismo mágico latinoamericano. Mampato, las historias dibujadas del gran Máximo Carvajal, Papelucho y el Marciano, acaso la mejor idea de Philip K, Dick, no firmada por Philip K. Dick. La narrativa oral chilena es puro género. Monstruos, dioses, ballenas blancas, ciudades perdidas y barcos fantasmas. Que los ciegos no vean ese es otro problema.

Access Code/Literatura menor: ¿Perdon? Y acaso Shakespeare no escribía teleseries, Dickens folletines menores. Moby Dick es una historia machista de aventuras, no la piedra angular de la novelística contemporánea. Ese caracter se lo dio el tiempo. Poe inventó el cuento moderno escribiendo terror y Don Quijote… Perdonen pero cualquier capítulo de Cervantes está más cerca de una aventura de Batman que cualquier novela “artística” publicada en el último tiempo. Nuestro difunto y sacrosanto Bolaño lo entendió. Baradit al parecer también. Da lo mismo escribir best seller, literatura de género o novelas. Lo importante, lo primero y lo último es escribir buenas novelas.

Access Code/Basura: A todos nos gustan las hamburguesas e Ygdrasiles una muy bien preparada. Felicitaciones al cocinero. Baradit da para chef con peso.

Access Code/Pop Control: John Hogdman, editor adjunto de la revista de Libros del New York Times lo dijo en una editorial publicada el 24 de Abril del 2004. Las mejores cinco novelas que he leído en los últimos quince años son cómics. Me atrevo a decir que los mejores cinco libros que he leído en los últimos dos años incluyen historietas, novelas de terror y un par de best sellers. Meto en el saco a 2666, mezcla de novela gráfica sin dibujos, tratado conspirativo y manual de asesinatos en serio. En el saco también meto a Ygdrasil, el primer salto a lo grande a una piscina que llevaba demasiado tiempo seca.

por Francisco Ortega

De Trato Bestial a Danny Chilean

October 29, 2005 by rmundaca · Leave a Comment 

Conversación con Jorge Baradit por Sergio Alejandro Amira

Sergio Alejandro Amira: En Latinoamericana existe una notable tradición de literatura fantástica con autores como Carpentier, Rulfo, García Márquez, Macedonio Fernández, Felisberto Hernández, Borges, Cortazar y Bioy Casares. Sin embargo y pese a esta notable tradición la narrativa chilena insiste en la maldita ficción testimonial, dejando de lado prácticamente la literatura de género. María Luisa Bombal, Braulio Arenas, Teófilo Cid, Hugo Correa, no alcanzan a ser suficientes como para marcar una tendencia. José Donoso decía que en Chile no se le perdona a ningún escritor que no sea realista. ¿Qué comentarios te merece todo esto?, ¿somos un país de poca imaginación, un país que le teme a la imaginación acaso?

Jorge Baradit: Creo que lo hemos comentado muchas veces. Tengo la impresión que la estrecha relación de los artistas chilenos con los movimientos de izquierda marcó a fuego la idea de arte como una actividad con fuerte compromiso social. El arraigo del arte a la cuestión social significó un fuerte arraigo del arte hacia la realidad. El arte es denuncia o es escapismo.

Además, somos un pueblo ordenadito y disciplinado con temor de la excepción. Nos asustamos con el que se sale de la fila, y la imaginación es salirse de la fila cada vez que se pueda.

Sergio Alejandro Amira: Sergei Esenin se cortó las venas y se ahorcó. Con su sangre escribió su último poema. ¿Si fueras a suicidarte, cómo lo harías? ¿Que rituales, si es que, implementarías? ¿Dejarías una nota, un texto críptico con tu sangre en una pared?

Jorge Baradit: El suicidio es algo personal, es la última conversación con uno mismo. Definitivamente no es una “puesta en escena”, al menos para mí. Recuerdo haber leído de una actriz mexicana que preparó una suite llena de flores para escenificar su muerte soñada entre almohadones, joyas y terciopelo. Pero las enchiladas le jugaron una mala pasada al combinarse con los barbitúricos y la encontraron muerta con la cabeza metida en el water.

Los grandes suicidios no responden a puestas en escena artificiales, el telón de fondo es el contexto histórico en el que deciden hacer su gran gesto final, como Salvador Allende, que convirtió su suicidio en la apoteosis y final de toda una época, al menos para nuestro país. Los chilenos tenemos ilustres suicidas: Balmaceda, Pablo de Rokha, La Violeta, Allende, y Arturo Prat, que se suicidó usando un barco completo en vez de pistola. Lástima que el suicida con el que todos soñamos haya decidido apagarse entre babeos y pañales para adulto en su hacienda de Bucalemu.

Los únicos que ganan muriendo son los héroes. Los poetas y “bleeding hearts” que se quitan la vida porque ya no soportan el mundo son una manga de mamones sin ningún honor.

Para responder tu pregunta. Si me suicido sería en el fragor de algo imprevisto que me quemara de urgencia y en pro de algo relevante, te aseguro que no tendría tiempo de escribir ningún mensaje en ningún lado.

Sergio Alejandro Amira: hay famosos artistas adictos a las drogas, al cigarrillo o al alcohol. Escritores como Poe o Dylan Thomas eran alcohólicos y murieron de esa forma. Dylan Thomas prácticamente se suicidó bebiendo y sin embargo no podríamos afirmar que su corta vida haya sido peor que la larga vida de cualquier vegetariano new age. ¿Prefieres, como Aquiles, elegir una vida breve y gloriosa a otra larga pero oscura?

Jorge Baradit: ¿Se puede elegir una vida larga y gloriosa?

Sergio Alejandro Amira: No, supongo que elegir una vida no es como elegir un tomate maduro en la vega, pero sin duda que Aquiles pudo elegir entre quedarse en casita y no ir a Troya. Permíteme reformular la pregunta: ¿Qué te parece el maldito estereotipo del artista suicida, del artista muerto joven?

Jorge Baradit: Nuestros más grandes artistas se murieron de viejos, después de una larga y hermosa vida llena de batallas y glorias donde murieron y renacieron varias veces. A veces me patea esa canonización automática que sufre el artista muerto joven independiente muchas veces de la calidad de su obra. En términos populares ni hablar del sobrevalorado Jim Morrison, alabado sólo por ser un alcohólico, limítrofe y suicida estrafalario. Hay que recordar que el más salvaje de todos los jóvenes, Rimbaud, huyó de la poesía y se fue a vivir lejos. El más terrible de todos huyó.

Sergio Alejandro Amira: El bosque de indicios donde el poeta surrealista permanece al acecho no es el bosque de símbolos donde Baudelaire permanece a la escucha… ¿A que bosque penetró Baradit para encontrar su árbol?

Jorge Baradit: Al único posible, al que queda adentro mío. Al bosque de Logres que cada uno tiene detrás de los ojos. Hoy escuché en el cine una frase que se quedó a vivir en mi interior: “Nunca, nunca abras la puerta que hay en el suelo…”. Ygdrasil es el nombre grabado en mi puerta del suelo.
Al decir “Bosque de Logres” recordé los libros de Joseph Campbell. Cuando decidí escribir Ygdrasil escogí la estructura de “quest” para la historia. La estructura más básica de todas y la más humana, quizá por lo mismo. La diferencia con el “Viaje del Héroe” de Campbell es que en Ygdrasil el arquetipo está torcido y las cosas ocurren entre engaños que no reivindican a nadie.

Ygdrasil es mi columna vertebral, ese árbol que distribuye con sus ramas los impulsos eléctricos de microintensidades que se transforman en imágenes desenfocadas de lo que ocurre en las profundidades de mi pandemonio.

Sergio Alejandro Amira: El Yggdrasil de la mitología nórdica es el mundo-árbol que alberga a los nueve reinos de Asgard, Ljossalfheim, Midgard, Svartalfheim, Hel Jötunheim, Muspelheim, Vanaheim y Nifelheim. Según tengo entendido su nombre significa “El Caballo del Terrible”, siendo este terrible no otro que Odín o Wotan. ¿Qué es Ygdrasil para ti?

Jorge Baradit: Ygdrasil es el árbol donde se colgó Wotan, pero también es el árbol del paraíso, donde primero colgó una serpiente que le otorgó visión al hijo de Jehová. El árbol desde el que se sacó la madera para que dios volviera a colgarse a sí mismo. El árbol que cada hombre tiene en su columna vertebral, por donde sube la misma serpiente kundalini a repetir la historia, a despertar al hijo del hombre de su sueño, para que se ilumine e intente una y otra vez traicionar a su creador recombinando las runas, inventando máquinas, intentando darle vida a torpes esbirros electrónicos en su afán de revancha.

Sergio Alejandro Amira: Hace algunas semanas atrás leí el libro de Víctor Frankl El hombre en busca de sentido. El libro entero me impactó mucho, pero sobre todo el siguiente párrafo: Algunos detalles, de una muy especial e íntima grandeza humana, acuden a mi mente; como la muerte de aquella joven de la que yo fui testigo en un campo de concentración. Es una historia sencilla; tiene poco que contar, y tal vez pueda parecer invención, pero a mí me suena como un poema.
Esta joven sabía que iba a morir a los pocos días; a pesar de ello, cuando yo hablé con ella estaba muy animada. “Estoy muy satisfecha de que el destino se haya cebado en mí con tanta fuerza”, me dijo. “En mi vida anterior yo era una niña malcriada y no cumplía en serio con mis deberes espirituales.” Señalando a la ventana del barracón me dijo: “Aquel árbol es el único amigo que tengo en esta soledad.” A través de la ventana podía ver justamente la rama de un castaño y en aquella rama había dos brotes de capullos. “Muchas veces hablo con el árbol”“, me dijo. Yo estaba atónito y no sabía cómo tomar sus palabras. ¿Deliraba? ¿Sufría alucinaciones? Ansiosamente le pregunté si el árbol le contestaba. “Sí” ¿Y qué le decía? Respondió: “Me dice: Estoy aquí, estoy aquí, yo soy la vida, la vida eterna.”
Esta muchacha me hizo pensar en Mariana, y el árbol con el que hablaba obviamente Ygdrasil.

Jorge Baradit: Mariana es una metáfora de la coniunctio. Hizo todo lo posible para huir de su destino pero le resultó imposible. El destino la clavó a ella misma. Su vida es un samsara reducido a una sola vida con muchas muertes. Un trabajo histérico del cosmos para hacerla entrar al nirvana en una sola vida, pero a un nirvana de eterno dolor. Los chips sufren dolor cuando son atravesados por las descargas eléctricas de microintensidades.

Sergio Alejandro Amira: Una de las películas que más me impacto de niño (y que tuve la suerte de ver en el cine) fue Pinocho pero no fue sino hasta el presente año que leí el libro de Carlo Collodi. Me sorprendió ver lo mucho que difería la historia real de Pinocho con su adaptación fílmica. Está llena de crueldad, de actos violentos y muerte, como Ygdrasil. Y es más, Pinocho es tallado por Geppetto a partir de un trozo de madera “que lloraba y reía como niño”. Esto me hace visualizar a Mariana como una suerte de Pinocho. Mariana y el árbol Ygdrasil parecieran no ser dos entidades separadas sino una.

Jorge Baradit: Mariana nació de un tronco, su madre mutilada. De un remedo de cuerpo. De un cuerpo purificado de sus excesos, preparado sólo para sostener la columna vertebral y el útero (pista de aterrizaje para su espíritu ingresando a nuestro plano). Luego, Mariana renació del tronco de un árbol cuando el selknam la reconstruye (la historia no lo dice pero era un fresno de 500 años, plantado por cabalistas con el único objetivo de servir como eventual nuevo útero para la hija de la rebelión). Finalmente, Mariana cuelga del árbol definitivo. Como una magdalena crucificada contra el sephirot algorítmico, diciendo: Yo soy un árbol. Mis pies se hunden en el inconsciente colectivo de la humanidad y mis brazos se extienden como dendritas infinitas hasta cubrir la curva del universo. Soy el eje en torno al que giran los pensamientos de dios, el procesador que administra su buenaventura”.

Sergio Alejandro Amira: Lo primero tuyo que leí fue Angélica, cuento que presentaste para el taller que Pablo Castro y yo dirigíamos. De seguro recordarás lo que te dije en aquella ocasión. Pues bien, Angélica era el segundo cuento de una trilogía con un interesante pie forzado que dictaminaba que cada relato debía terminar con tres personas en una habitación cerrada y un disparo que lo resolvía todo. En el tercer cuento, reaparecía supuestamente Angélica (no como protagonista) y se atarían los cabos sueltos. ¿Qué ocurrió con ese tercer cuento que iba a llamarse Soledad y luego cambiaste a Magdalena?

Jorge Baradit: ese tercer cuento comenzó a crecer desaforadamente y terminó convirtiéndose en ATACAMA, la segunda novela de la que ya tengo completa la estructura y sus contenidos y que sólo me resta tomar el lápiz y comenzar a escribir. Me gusta escribir con lápiz, en lo posible esos lápices gordos de pasta azul que te regalan con logotipos de empresas o detergentes. Lo ideal es escribir sobre un block de roneo marca COLÓN. Su superficie blanda y rosácea me hace sentir que estoy labrando con fuerza con un punzón sobre la piel de alguna mujer. Mis páginas tienen relieve, como los cuadros de Van Gogh: furia medida.

Sergio Alejandro Amira: Una anécdota de Angélica es que el malvado militar originalmente se llamaba Gabriel Mérida, pero tuviste que cambiarle el nombre a Gabriel Calatrava a petición de su homónimo en el mundo real. Posteriormente se levantó cierta polémica porque Gabriel utilizó el nombre de Pablo en uno de sus cuentos. Esto me hace pensar en la clásica advertencia de la ficción televisiva que dice “todo nombre con personas vivas o muertas es pura coincidencia, etc.” Esto no es una pregunta, sólo una nota al margen, sigamos.

Jorge Baradit: OK.

Sergio Alejandro Amira: Alguna vez te dije que ser promiscuo en la lectura es fundamental y estuviste de acuerdo, es más, aseguraste que la promiscuidad literaria te cruzaba a todo nivel y que el único factor aglutinante entre los géneros que consumías era la fantasía.

Jorge Baradit: Sí, me interesan todos los mundos nuevos que el arte puede crear. Surrealismo, fantasía, religión, ciencia ficción, psicología profunda, mitología, etc. Ese gran libro de literatura fantástica que es la Biblia, la maravillosa fantasmagoría de Miguel Serrano. Hallo placer en Camelot o Bespin. El Walhalla o Agharta.

Sergio Alejandro Amira: Has dicho que no has leído mucha ciencia ficción, también me dijiste que no conocías a los escritores chilenos publicados el último tiempo. ¿Has leído algo de los autores que reseñan Ygdrasil en su contratapa al menos?

Jorge Baradit: ni idea. Espero tener el placer de conocerlos algún día.

Sergio Alejandro Amira: Mencionaste a Miguel Serrano. Varios de nuestros amigos y compañeros de “generación” lo han leído y admiran su prosa cuando no está divulgando sus ideas nacional-socialista-hitleristas-esotérito-herméticas (y si lo hacen nunca lo admitirían en público). Justamente la época en que te conocí a ti y a Pablo Castro comenzó a gestarse una suerte de reconocimiento a Serrano, algo escribió Lafourcade en el Mercurio, Warnken lo entrevistó a propósito de ese bellísimo libro que es Las visitas de la Reina de Saba, la revista Paula le dedicó un reportaje… ¿Crees que algún día será reconocido Miguel Serrano como el gran escritor que es? ¿Crees que llegará el día en que aquellos influenciados por su obra no teman gritarlo a los cuatro vientos?

Jorge Baradit: Ya está comenzando a ocurrir, como tu bien dices. Y está sucediendo de la misma manera que con todas nuestras otras grandes plumas: Se toma su obra, se limpia muy bien de cualquier “impureza” poco académica o por lo menos poco “aconsejable” y se rescata un aspecto menor, el menos subversivo, el menos incendiario. A los grandes se les desactiva igual que a una bomba. ¿En qué se convirtió la gran desgarrada, la crítica y luchadora social de nombre Gabriela Mistral? Se convirtió en una autora de poemas para niños. ¿Parra? En un payaso de la contingencia. ¿Neruda? En un buey que arrastra poemitas de amor. ¿En qué están convirtiendo a Serrano? En el viejito excéntrico que escribió Las visitas de la Reina de Saba, prologado por un famoso. El resto de su obra será considerada “un mero desatino de este gran genio de la poesía críptica”. No me cabe duda.

Sobre lo que dice Serrano acerca de cada punto de la Historia no me merece ningún comentario. Soy sólo un espectador de sus mistificaciones y maravillas como alguien que mira un atardecer que estalla en naranjas y morados incendiarios. ¿Qué se puede opinar del Tigre? ¿Se puede opinar de su conveniencia o inconveniencia? ¿Sobre su derecho a existir o no? Al tigre solo se puede asistir con sorpresa y abismo. Que otros busquen significados y explicaciones.

Sergio Alejandro Amira: Eduardo Anguita observa que el chileno presenta una curiosa conducta que se muestra en dos formas opuestas y contradictorias que darían para un ensayo antropológico. Una. Todo lo chileno es extraordinario; hay que rechazar lo extranjero. Un ejemplo: un crítico santiaguino (que ya no vive) reprochó reiteradamente un ciclo de conferencias –y todas muy inteligentes– que se efectuó, durante dos o tres semanas , en conmemoración del Dante. “Mejor hay que preocuparse y estudiar a nuestros autores”, comentó. La otra actitud: Un poeta chileno ha terminado una obra de poesía: le confía a un amigo bastante inteligente: “Esto podría firmarlo Rilke”. Respuesta: una sonrisilla compasiva. ¡Cómo va a ser posible que éste, que yo veo casi todos los días, que estudió conmigo en la Universidad…!, etc. No. Imposible. Yo lo veo casi a diario. Curioso constatar como aquí siempre está lanzando “La primera convención de ciencia ficción y Fantasía”, “La primera novela chilena