Editorial TauZero #15
July 1, 2005 by administrator · Leave a Comment
Me han comentado (o criticado) que las editoriales de TauZero son únicamente un ejercicio ególatra de mi parte. Dedos índice han apuntado en mi dirección mientras sus dueños acusan que utilizo el estilo de escritura del Buen Doctor y que casi ignoro los relatos y artículos publicados en TauZero, pues prefiero usar la editorial a modo de blog personal en vez de comentar el material que nos han cedido.
Tengo que confesar que en todo eso hay cosas que son verdad, y otras que claramente son una exageración. Pero básicamente es cierto: las editoriales son como mi blog personal. Y eso es debido a que TauZero está incorporado a mi vida cotidiana, ya no como un pasatiempo freak que define mi indivualidad, sino como una actividad cultural seria que, conforme pasa el tiempo, va tomando mayor relevancia en mi vida.
¿Cómo no tomarla en serio, considerando que llevamos 15 números, que estamos cerca de cumplir 3 años de vida, que 44 autores han desfilado al menos una vez por nuestras páginas y, lo más importante, me ha permitido conocer a personas en extremo interesantes, que en la actualidad ya pertenecen a la galería de mis mejores amig@s?
TauZero está incorporado en mi vida a tal nivel que ya existen amigos que tienden a huir cada vez que sugiero que lo que está hablando bien puede convertirse en un artículo.
TauZero crece conmigo, y yo crezco con TauZero. Siendo ese el caso quiero que cada editorial sea una reflexión, una fotografía del estado en el que me encuentro al momento de escribir la editorial. Eso es una licencia que nos podemos permitir, pues si hay algo que nosotros deseamos y exigimos, es que las colaboraciones posean la marca de sus autores. Queremos que los textos y comentarios tiendan a ser introspectivos, personales. Ello no implica necesariamente la pérdida de objetividad, pero sí le da un sello personal, un toque de familiaridad, de liviandad… de humanidad.
Hubo un tiempo en que TauZero se estaba convirtiendo en algo que se tomaba demasiado en serio a sí mismo. Pero como dije más arriba, TauZero crece, evoluciona e inevitablemente se ha contagiado de la sencillez, espontaneidad e ironía de sus responsables y colaboradores.
La calidad del material publicado habla por sí mismo. Tal vez existan personas que piensen que todo lo publicado son únicamente tonterías y una pérdida de tiempo insensata. Pero ya va más de cuatro decenas de insensatos que comparten nuestra visión y que han utilizado muchas horas de reflexión, de escritura, de dibujo, de edición, de conversaciones y de discusiones… violentas en algunos casos.
Pero no sólo yo crezco con TauZero. Pareciera ser que estamos siendo testigos del nacimiento comercial de algunos de nuestros colaboradores-amigos. Creo que pocas cosas podrían compararse a la felicidad que nos inunda el estar en primera fila observando a nuestros amigos tener éxito, ser publicados por editoriales de mayor trayectoria, reconocidos en otros medios de comunicación, en otros países, en otros continentes. Autores que desarrollan su arte para una élite comienzan a llegar a mercados más amplios.
Ejemplos de esto hay varios, pero me limitaré a tres. A uno de ellos no lo nombraré pues habrá una mejor oportunidad. Al otro tampoco lo mencionaré pues “sobar lomos” no es mi estilo. Mencionaré, eso sí, al amigo hispano David Mateo. David está comenzando a formar revuelo en España con sus “Dragonadas” (subgénero fantástico que al principio detestábamos en TauZero pero que con el tiempo hemos aprendido a querer). David de un tiempo a esta parte nos ha cedido algunos de sus textos, nos ha colaborado con algún artículo y hasta nos ha prestado uno de los personajes centrales de su obra, Larva, para hacer un crossover. El experimento literario fue ejecutado por la digresiva pluma de mi editor Sergio Alejandro Amira. El resultado se llama Larva y la niña de Mermeroth y están a punto de leerlo.
Hasta la próxima.
Rodrigo Mundaca Contreras
Larva y la niña de Mermeroth
July 1, 2005 by rmundaca · Leave a Comment
por Sergio Alejandro Amira
Él siempre se alzaba sobre todos, matando con sus dos lunaris ensangrentados, degollando al enemigo, ya fuesen humanos, elfos o enanos. Nada ni nadie podía contenerle… ni tan siquiera los grandes señores del cielo.
–David Mateo–
1
Larva se paseó entre los despojos de los ejércitos caídos contemplando cómo la carne de aquellas débiles criaturas era reclamada por la hambrienta Arankandas. Como vasallo del Abismo, él jamás sería reclamado por la Dama Blanca.
Larva contempló una vez más el solitario valle y fijó la vista en un andrajoso estandarte con el árbol de profundas raíces que tanto odiaba. Aparentemente él era el único ser vivo tras la furia ígnea desatada por el Karkang, aquel volcán que le había apresado en su útero de fuego devorando su carne tan rápido cómo ésta se regeneraba. Fueron días, semanas, eones los que transcurrieron para Larva en aquel estado de no-muerte tan similar a su propia existencia, sin embargo.
Sus dos corazones latían sosegados tras el enorme esfuerzo que significó escapar al magma que le mantenía cautivo. Tranquilamente Larva se desplazó entre los cadáveres de sus compañeros de armas y enemigos, entre las carcasas de los caballos gigantes y bulugbars, y entre los orgullosos dragones que pese a su gran poder habían caído como moscas ante la furia de los Señores Oscuros, ante la furia del propio Larva que había destruido a un gran blanco antes de ser engullido por el Karkang.
Sólo entonces fijó Larva su pensamiento en los lunaris. Los había perdido y sin ellos se sentía más desnudo que despojado de su armadura del yagath, forjada al inicio de la Oscuridad.
Uno de los lunaris se hundió en el Karkang junto al gran blanco, incrustado en la nuca de la bestia, pero el que utilizó para mutilar uno de los ojos del dragón había caído fuera del volcán y le aguardaba en algún sitio de aquella alfombra de cadáveres y armas rotas. Larva cerró sus ojos de pez y percibió las débiles vibraciones de la hoja diamantina que llamaba a su amo. Algo la sujetaba, algo vivo… él no era el único sobreviviente después de todo.
En la rivera del Zoj encontró a uno de sus antiguos camaradas contemplando el lunaris como si fuese un trofeo.
–¡Larva! –exclamó la criatura–, pensé que habías muerto, vi cómo caías al interior del Karkang combatiendo a ese blanco…
–El Supremo ha desaparecido –contestó Larva escuetamente.
–Sí, su esencia nos ha abandonado, es cómo…
–Tienes algo que me pertenece –interrumpió Larva. La criatura de seis brazos (tres de los cuales había perdido en combate) le entregó el cuchillo. Larva cerró su mano sobre la empuñadura y sintió como regresaba a él toda la ira que durante semanas y cuentas le había mantenido vivo. Llevó la hoja hacia su pecho clavándola en su corazón izquierdo y luego describió un amplio arco hacia delante que cercenó la quiróptera cabeza del guerrero.
Larva decidió que no se marcharía del campo de batalla hasta cerciorarse que no quedaba nadie vivo. Él sería el único sobreviviente de aquella histórica contienda.
2
Desde el extremo austral de Ashgord hasta las costas bañadas por el mar del Olvido, Larva no halló sobreviviente alguno, pero sí un navío rezagado, a punto de zarpar. Sigilosamente abordó el barco y dos cuentas antes que arribara a puerto mató a toda la tripulación y dejando atrás el Olvido, se zambulló en las cálidas aguas del océano Virgen, nadando hacia una playa solitaria lejos de Yenyirob, la capital. El último barco de guerreros en regresar a Zánjila sería recibido por sus viudas y huérfanos. ¡Cuánto daría Larva por contemplar las expresiones de horror en aquellas caras al ver los cuerpos mutilados de sus héroes!, pero debía actuar con cautela. Necesitaba una armadura, no era digno de un guerrero como él andar desnudo y sería más fácil conseguirla en un villorrio.
Larva se guió por su olfato y pronto halló el sendero hacia una ciudadela de horticultores que abastecían con sus granos y frutos a la capital. En el camino se topó con dos hombres montados a caballo, sucios tramperos a juzgar por sus apariencias. Una veloz estocada a la izquierda, otra a la derecha y las cabezas de los caballos cayeron al suelo antes que sus cuerpos y jinetes. Cuando estos intentaron ponerse de pie fueron cercenados en dos a la altura del torso por el lunaris. Larva seguía siendo el mejor, de eso no cabía duda.
Atardecía en aquel inmundo villorrio conocido como Mermeroth y al parecer todos sus habitantes habían abandonado sus casas, Larva se topó con el cuerpo sin vida de un mendigo andrajoso y le arrebató su apestosa túnica.
A medida que Larva, encogido para aparentar la estatura de un humano, avanzaba por una estrecha avenida que desembocaba en la plaza central comprendió el porqué de la ausencia de lugareños. Todo el pueblo estaba reunido allí en medio de una bulliciosa algarabía. Larva espió sobre las cabezas del gentío y vio en medio de la plaza una plataforma sobre la cual se hallaban tres sujetos. Uno de ellos estaba atado a un poste, el de la izquierda era un tipo obeso con una tea en la mano y una capucha que le ocultaba el rostro, el de la derecha era sin lugar a dudas el cacique del pueblo, un individuo delgado de cabello rojo y lujosas prendas.
-En virtud de mi derecho y obligaciones como cacique de la comarca de Mermeroth –exclamaba a todo pulmón el cacique– decreto que el ciudadano Bigardo Tejar sea quemado vivo en la hoguera en represalia a las ofensas que prodigó contra mi persona en la Taberna de Saa-Dreva.
Larva examinó el rostro del condenado y se sorprendió al ver que no reflejaba temor alguno. El sujeto tenía una boca ancha y unos ojos saltones algo más separados del tabique nasal que el común de los humanos. Su cabello era casi gris y lucía un cuidado bigote sobre su boca de batracio. Bigardo Tejar más que atemorizado parecía divertido, incluso cuando el cacique bajó de la plataforma y el verdugo le prendió fuego a las ramas secas que rodeaban el poste al cual estaba atado.
Las llamas y el humo comenzaron a envolver al infeliz pero éste, en vez de gritar, comenzó a reír estrepitosamente. De pronto su cuerpo se encendió por si sólo como una antorcha, y se elevó disparado hacia el cielo, perdiéndose entre las nubes.
–¡Un elemental, era un elemental! –vociferaba la muchedumbre conmocionada.
–Un surtur –dijo Larva con su rasposa y grave voz sin percatarse que había atraído con ello la atención de quienes le rodeaban.
–¡Otra criatura mágica! –gritó alguien dando inicio al caos.
La noche encontró a Larva de pie en medio de la plataforma de ejecución rodeado de una cincuentena de cadáveres que, además de los aldeanos, incluían al verdugo, el cacique y su guardia personal. Mermeroth se hallaba desabitada, todos aquellos lo suficientemente inteligentes o cobardes huyeron en cuanto se desató la carnicería.
Larva penetró en el palaciego hogar del cacique y se sentó a su mesa para degustar el gran banquete que sus cocineros le habían preparado para después de la frustrada ejecución. Una vez saciado su apetito, recorrió las estancias hasta dar con la sala de trofeos donde encontró una armadura que, si bien no podría compararse a la que había perdido en la gran batalla, serviría por el momento.
Larva vistió el velmex casi hecho a su medida y se colocó la lóriga de escamas para luego continuar desde los pies hacia arriba con los escarpes, las esquinelas, los grebones, quijotes, rodilleras y musleras. Escarcelas, manoplas, sobrecodales, guardabrazos, ristre, peto, bufa y hombreras completaron su atuendo. No encontró ningún yelmo como el suyo, que tan bien imitaba sus rasgos faciales, por lo que decidió no emplearlos. La noticia de su llegada a Mermeroth pronto traería toda clase de enemigos con los cuales luchar. Pero Larva ya estaba aburrido de pelear con humanos tras enfrentarse a seres mucho más poderosos. Lo mejor sería buscar un caballo, si es que quedaba alguno, y marcharse de aquel sitio.
Mientras abandonaba la sala de armas, su agudo oído detectó un leve respirar entrecortado proveniente del segundo piso. Subió pesadamente las escaleras y con cada paso que daba oía como esa respiración se agitaba más y más. Entró en los aposentos del cacique muerto y con una sola mano volteó la cama. Bajo ella se ocultaba una niña de unos nueve años, cabello rojo, ojos verdes, probablemente hija del cacique. La pequeña estaba asustada, “pero no tanto como debiera” pensó Larva alzando el lunaris. La niña cerró los ojos y comenzó a llorar desesperadamente.
¿A eso se dedica ahora el Poderoso Larva?, ¿a asustar niñitas? –escuchó el guerrero sin la mediación de sus oídos.
–¿Quién eres? –preguntó.
Deja en paz a esa niña y te lo diré. Sal a la plaza, allí estoy esperándote.
Larva emergió a la plaza pero no vio nada más que los cuerpos sin vida de sus víctimas.
–¿Dónde estás?
Aquí –dijo la voz.
Larva le vio entonces, o mejor dicho no le vio. Percibió su ausencia, el vacío provocado en la atmósfera que le rodeaba, algo muy sutil para los ojos de criaturas menores como elfos y humanos pero que para él era evidente.
–Rubb –dijo Larva– ¿te envía Yeresath?
El Cambiante ya no existe, criatura estúpida
–No puede ser…
El Culebril está muerto, cómo deberías estarlo tú, pero a ti no se te puede matar, ¿no es cierto?
¿Era eso una pregunta o una aseveración? Larva sabía que era un hueso duro de roer, pero de ninguna forma inmortal.
Cómo no puedo matarte serás exiliado, ya no tienes cabida en el Nuevo Orden, Larva. Eres una reliquia de un pasado extinto, ¡Yo, mesástatas del tiempo te expulso de la vieja Argos!
Dicho esto se abrió a espaldas de Larva una boca similar a un tornado que lo engulló por completo.
El Blanco Velo del Olvido ha sido dispuesto –sentenció Rubb.
3
Larva arribó a su lugar de destino en medio de un caos generalizado. Era de noche al igual que en Zánjila, pero el ambiente era húmedo y algo más caluroso. Larva estaba de pie en una plataforma similar a la plaza de Mermeroth, pero unas veinte veces más grande. Había mucha luz proveniente de las esquinas del cuadrilátero, estructuras metálicas similares a troncos de árboles coronadas por rectángulos luminosos. Sobre la cabeza de Larva sobrevolaban criaturas voladoras que asemejaban ser de metal, no, eran máquinas con aspas rotatorias que las mantenían en el aire. Desde dos de las esquinas de la plataforma se erguían unas estructuras que conformaban una especie de pirámide con algo similar a un tonel de cerveza en el medio. Todo era muy extraño para Larva que no sabía cómo reaccionar.
Finalmente decidió descender de la plataforma pese a que los potentes focos prácticamente lo cegaban. Halló unos peldaños y bajó los ocho metros que lo separaban del suelo. Al parecer había acontecido otra batalla ya que por lo menos una docena de cadáveres, ataviados de uniformes de tela y extraños armamentos, yacían esparcidos por todas partes. Sin mediar aviso alguno se posó sobre uno de los cuerpos algo similar a una pantera humanoide, con grandes alas emplumadas y amenazadores colmillos. Larva no le dio tiempo de reaccionar a la criatura y arrojó el lunaris. Cuando el cuchillo regresó a su mano la cabeza del animal yacía en el suelo.
–¡Freeze! –escuchó gritar Larva en un idioma que no comprendía para verse rodeado luego de humanos en atuendos y con armas similares a las de sus compañeros caídos. Larva se aprestó a combatir pero de pronto sintió su cabeza muy pesada, cómo si un gnomo se hubiese sentado sobre ella.
AQUÍ NADIE HABLA LA LENGUA DE ILINDIS, LARVA, PERO PUEDO ASEGURARTE QUE NO SOMOS TUS ENEMIGOS
Dijo una voz dentro de su cabeza en una comunicación similar a la que mantuviese en Mermeroth con Rubb, aunque mucho menos sutil.
–¿Qué eres? –preguntó Larva–, ¿un dios acaso?
NO, PERO TAMPOCO SOY HUMANO. QUEDATE QUIETO ALLÍ Y ME VERÁS
Larva decidió obedecer ya que las armas empuñadas por esos humanos a todas luces parecían cañones miniatura que fácilmente podrían penetrar su coraza de metal. Si bien Larva podía regenerarse el recibir heridas no era algo que le agradara precisamente.
Tras unos segundos el semicírculo de soldados se abrió y una especie de cruza entre tanque y pecera se plantó frente a Larva. En el interior cristalino nadaba un pez de gran tamaño similar a las feroces bestias marinas del Mar del Olvido. La criatura poseía una estilizada forma de torpedo con una pronunciada aleta dorsal y una gran boca plagada de afilados dientes triangulares dispuestos en su mandíbula en varias filas ligeramente inclinadas hacia el interior. Larva estimó que el pez medía unos seis metros de longitud y debía pesar unos 1200 kilogramos.
–¿Eres el líder de estos hombres? –preguntó Larva.
SÍ, MI NOMBRE ES BARDO, Y TENGO UNA PROPUESTA QUE HACERTE
–Primero que nada demando saber donde me encuentro –dijo Larva.
ESTÁS EN EL PLANETA TIERRA, EN EL CONTINENTE AMERICANO, EN LOS PANTANOS EVERGLADE DE FLORIDA DONDE HACE DOS AÑOS DESCUBRIMOS SE ENCUENTRA LO QUE HEMOS DENOMINADO EL EJE DE LAS REALIDADES O NEXUS, ESTÁBAMOS INTENTANDO ENVIAR UNA MANZANA A TRAVES DEL PORTAL, LA MANZANA DESAPARECIÓ Y EN SU LUGAR LLEGASTE TÚ EN MEDIO DE UNA EXPLOSIÓN QUE MATÓ A QUIENES ESTABAN MÁS CERCA DE LA PLATAFORMA
–Éste no es mi mundo.
NI TAMPOCO TU UNIVERSO, ESA ES LA RAZÓN POR LA CUAL PUDISTE HACER LO QUE NADIE JAMÁS HA LOGRADO, MATAR A UN ARCÁNGEL
–La criatura alada que decapité, imagino.
SÍ, HASTA EL MOMENTO NADIE HABÍA CONSEGUIDO INFRINIGIR DAÑO ALGUNO A LOS ARCÁNGELES, NO SE TRATA DE TU ARMA SINO DEL HECHO QUE TÚ LA EMPUÑES, PODRÍAS ELIMINAR A LOS MENSAJEROS DE DIOS CON UN SIMPLE TENEDOR O TUS PROPIAS MANOS SI QUISIERAS
–Mensajeros de Dios, ¿Cuál dios?, ¿Miles Der Vand?
NO, NINGÚN DIOS QUE TU CONOZCAS NI AL QUE TENGAS QUE RESPONDERLE, SÉ QUE ERES UN MERCENARIO POR LO QUE TE OFREZCO UN TRATO, DESHASTE DE CIERTOS ENEMIGOS DE MI NACIÓN Y TE REGRESARÉ A TU MUNDO, A LA VIEJA ARGOS
4
Habían transcurrido tres años desde que Victorino se había transformado en el primer acólito, el primero de los Doce y legendario guardaespaldas de Constanza la mesías, que si bien había ganado bastante estatura, seguía poseyendo rostro de niña y cuerpo de muchachito a sus doce años y medio. Esa noche Constanza se hallaba reunida con sus discípulos al interior de una vieja cabaña en lo que alguna vez fueran los amplios dominios boscosos de Warren Kettenmann. La casa pertenecía a una anciana que había muerto dos días antes de un paro diabético, demasiado vieja como para resucitarla. Constanza y los suyos la dejaron bajo un árbol sobre un trozo de tela carmesí que ella misma guardaba para dichos efectos y decidieron quedarse unos días en su casa, que contaba con una despensa llena de alimentos y una gran chimenea de piedra.
A Victorino le habían seguido cuatro acólitos más, todos vueltos a la vida por Constanza para convertirse en sus apóstoles. Felipe fue el segundo y lo encontraron colgando de una soga que pendía de la rama de un árbol, no había intentado suicidarse, como explicó, sino que fue asesinado por su esposa y su amante. El tercer resucitado fue Matías, de dieciséis años, a quien un granjero disparó tras encontrarlo en su predio robando naranjas. La cuarta fue Romina, degollada y violada por un infeliz que el pueblo se encargó de linchar. El quinto fue Gustavo, corneado hasta la muerte por una enloquecida vaca.
Todos estaban sentados en la posición del loto rodeando a su mesías quien les hablaba del futuro por venir. Victorino notó de inmediato el cambio de expresión en el rostro de la jovencita, poniéndose de pie de un salto.
–¿Viste algo Constanza? –le preguntó.
–Sí, una cosa similar a un perro se asomó a la ventana durante unos segundos –explicó la niña.
–Ha de haber sido un perro muy grande para alcanzar la ventana, será mejor que vaya a ver –opinó Victorino mientras vestía su cazadora y salía al exterior.
Larva esperaba oculto tras los matorrales, Bardo le advirtió que Victor Ur era el único acólito que podía significar un verdadero desafío, y le aconsejó matarlo tras acabar con la niña. Bardo estaba al tanto que Ur abandonaría la cabaña por cerca de diez minutos, el escualo poseía cierta habilidad limitada para predecir eventos futuros y presumía haber contando con mayores poderes aún antes que su cerebro fuese cambiado de cuerpo tras recibir un ataque combinado de Ur y la muchachita. Bardo ya no podía mover personas como piezas de ajedrez alrededor del mundo, por lo que Larva había viajado en uno de esos aparatos mecánicos voladores que tanto le desagradaban.
Una vez que el fornido Ur se internó en el bosque, Larva ataviado de su armadura mermerothide destrozó de una patada la puerta y con unos cuantos movimientos de su letal arma desmenuzó a los inmortales esparciendo sus miembros y trozos cercenados en un baño de sangre. Luego avanzó hacia la muchacha que estoica y salpicada de rojo lo esperaba de pie en medio de la sala.
Su rostro manchado casi por completo de sangre apenas podía distinguirse de su inflamado cabello.
–Ya intentaste matarme anteriormente pero no fuiste capaz –dijo la niña.
Vino entonces claramente a la memoria de Larva el rostro de la hija del cacique oculta bajo la cama. Se trataba de la misma chica, algunos pocos años mayor.
En ese momento Victor Ur entró por el ventanal junto a una lluvia de cristales rotos, interponiéndose entre la niña y Larva. Ambos se trenzaron en una singular lucha, Larva armado de su lunaris y Ur de sus puños.
Lo que había dicho Bardo era cierto, Larva nunca se había enfrentado contra hombre o elfo tan poderoso. Tras un breve intercambio de golpes y fintas ambos contrincantes se separaron. Ur contaba con dos dedos menos de su mano derecha como único saldo de la batalla y, además, había conseguido arrebatarle el arma a su contrincante, Larva tenía un ojo colgando de su cuenca, la mandíbula fracturada, varios colmillos menos, cuatro costillas rotas, un pulmón perforado y su armadura rasgada en varios sitios.
“Ésta es una pelea que no podré ganar”, pensó Larva mientras se regeneraba. “Bardo sobreestimó mis habilidades, éste hombre en apariencia común es más fuerte incluso que el dragón blanco con el cual luché sobre el Karkang.”
Retrocediendo lentamente, Larva, que sabía reconocer a un contrincante superior cuando lo enfrentaba y que valoraba su “vida” por sobre todas las cosas, abandonó la cabaña y se sentó sobre un tronco caído.
Escuchó a la niña y al sobrehombre hablar dentro y luego vio a la primera emerger de la casa para sentarse junto a él.
–¿Estás en comunicación con mi enemigo? –le preguntó Constanza en la lengua de Ilindis.
–Sí –contestó Larva ya más recuperado de sus heridas–, puede ver y escuchar todo lo que está ocurriendo gracias a este aparato que no se cómo aún permanece sobre mi hombro. Sus poderes ya no suelen ser los que poseía antes que lo atacaran.
–¿Por qué te rendiste?
–Sé muy bien cuando un adversario está más allá de mis posibilidades para derrotarlo. Valoro mi vida por sobretodas las cosas.
–No así la vida de los demás.
–Los demás no me importan, pero dime, ¿eres tú la niña de Mermeroth?
–Allí tampoco tuviste escrúpulo alguno en matar a hombres desarmados, mujeres y niños. Bardo te ofreció regresarte a tu mundo si me matabas a mí y a los míos, ¿no es cierto?
Larva asintió con la cabeza.
–Es una lástima que te hayas encontrado con él primero y no conmigo. –afirmó Constanza–. Yo puedo enviarte de regreso a tu mundo sin pedirte nada a cambio salvo que valores la vida de los demás de ahora en adelante.
–Yo no hago promesas –contestó secamente Larva.
–Lo sé, pero no importa, lo que ha sido hecho puede deshacerse, regresa Larva al mundo de Argos, regresa a tu cubil abyecto, a tu renacer maligno. Ya no serás el mismo después de esto, te lo aseguro.
Con un simple gesto de su mano derecha Constanza arrojó a Larva de regreso al fondo del Karkang.
5
Larva despierta con la piel manchada de sangre y brea, olfateando el ozono a su alrededor y sintiendo como la oscuridad le apresa como una mortaja. Se sacude en un oquedad de roca fundida y nota el fuego a su alrededor… alto… ardiente. Larva sólo puede arrastrarse cómo un gusano hacia arriba, abrazándose cómo una molusco a las murallas rocosas…
Tras días de incesante escalada Larva emerge del volcán refugiándose en una enorme saliente. Sólo la magia que sus padres insuflaron en él lo mantiene con vida.
¿Que haces tú aquí nuevamente? –pregunta una voz familiar.
–Pertenezco a este mundo –gritó Larva con toda la fuerza de sus pulmones–, y si me destierras mil veces, ¡mil veces regresaré!
Tienes razón –dijo la mano derecha de Yeresath– Argos está incompleto sin ti, pero eres demasiado peligroso por lo que te privaré parcialmente de tu inteligencia y de las memorias que obtuviste en ese otro mundo al que te envié, al que los mismos dioses tememos entrar
La no-presencia que era Rubb se esfumó dejando a Larva convertido en poco más que un animal salvaje.
La cacería estaba a punto de comenzar.
Nota del autor: Larva, los Dioses, Dragones y sitios de Argos (a excepción de Mermeroth) mencionados en este cuento son creación de David Mateo y han sido utilizados con su consentimiento. Gracias amigo.
Agradecimientos de un amigo: Es indescriptible la emoción que siento al ver a un personaje creado por mí en manos de un escritor tan talentoso y original. Gracias a ti.
–David Mateo (en Argos conocido como Tobías Grumm)–
por Sergio Alejandro Amira
Battlestar Galactica Temporada 2005: Sacudiendo la cripta de Lorne Green
July 1, 2005 by rmundaca · Leave a Comment
por Juan Carlos Sánchez
La primera parte de la historia ya fue contada, sus orígenes, conflictos y el resultado tras la producción de un piloto de 4 horas. Pero como es común entre el primer episodio y una temporada hay una serie de grandes diferencias que en algunos casos son una buena señal de evolución y en otros de involución.
Fue poco menos de un año de producción para solo trece episodios, y una infaltable polémica causada por el estreno en Inglaterra antes de Estados Unidos y la posterior difusión en la red de dichos capítulos pero finalmente llego a la pantalla chica nuevamente con un alto rating.
Pero mas allá de todo existe un problema surgido de la vara alta que dejó el piloto así como la desmedida ambición y escasa autocrítica del equipo de producción. Lo que debió haber sido la sucesora de Andrómeda en lo que se refiere a series de naves espaciales terminó siendo mucho menos de lo que estaba luchando por llegar a ser Enterprise.
Pero bueno aquí hay un pequeño recuento de lo que fueron estos trece episodios:
La serie se inicia con un puñado de historias que retoman lo ocurrido en el piloto para dar paso a algunas situaciones previstas: el acoso de los cylones, la escasez de recursos y la progresiva disminución de la población entre otras cosas. Esto de paso da comienzo también a unas cuantas tramas secundarias algunas vistas antes y otras nuevas: la relación de Baltar con los cylones, el piloto que se quedó en Caprica (Halo) al ceder su lugar a Baltar y Boomer.
Sobre este último punto vale la pena recordar que en la serie original Boomer era el mejor amigo de Starbuck, un piloto con los pies bien puestos en la tierra que ayudaba a mantener la cordura al alocado guerrero. En este caso y siguiendo el esquema de la serie, solo que de forma mas radical el personaje original desaparece completamente siendo reemplazado por una mujer que pilotea nave de transporte de personal y que no tiene ninguna relación con Starbuck, a su vez es una agente cylon, cuyo clon (si es que se le puede llamar así) se encuentra en Caprica haciéndose pasar como aliada de Halo y ayudándolo a subsistir, dos argumentos para un personaje. Ambos casos retratan el lado sensible de esta clase de criaturas cuyo incompleto conocimiento de su verdadera identidad supone una exploración detallada de sus acciones a fin de determinar cual es su verdadero bando.
A esto hay que sumar un cuarto argumento secundario: los problemas de la presidenta y un quinto: la infiltración de los cylones en la flota, además de un puñado de otro menos significativos.
Sin embargo el vaso de agua fresca llega de la mano de Richard Hatch, el actor que encarnará al legendario e idealista guerrero Apollo, esta vez como Tom Zarek, un prisionero político que genera una revuelta en una nave de prisioneros y que obliga a replantear a los personajes sus lugares en el mando.
A esto se le sumará Starbuck, personaje cuya evolución rompe la monotonía retomando de forma extraoficial una línea argumental clásica pero también dando sus aportes en la dinámica con los demás personajes sin caer en sentimentalismos baratos (exceptuando en obvias circunstancias).
Además de Richard Hatch, otro regreso es el de The hand of God la primera de las dos adaptaciones de episodios antiguos hechos para esta temporada, en este caso a pesar de poseer los elementos se optó por situar el ataque a una base en un asteroide en vez de un gigantesco crucero, con el siempre excesivo dramatismo para hacer que el espectador se pregunte si los productores no dejar a nadie vivo para el día que se termine la serie.
Para concluir la temporada D. Moore y su equipo recurrieron a dos glorias pasadas, el director Michael Rymer, quien se encargó del piloto y otra adaptación, en este caso del clásico Lost planet of Gods.
Desgraciadamente esta nueva versión, denominada Kobol’s Last Gleaming, terminará siendo la consolidación de innumerables defectos que para entonces ha presentado la serie:
El principal de ellos es un deplorable manejo argumental que se traduce en un muy lento, predecible y en muchos casos inconsistente desarrollo de las historias. Resulta imperdonable que el equipo gaste tiempo ahondando en elementos que no muestran una evolución en la trama o si lo hacen se aplica en conceptos no complejos. Si se toma como modelo Kobol’s Last Gleaming esto se traduce en un exceso de diálogos que derivan en situaciones innecesarias entre ellas el ya mencionado drama de Boomer, y el envió de naves al planeta (sin que intenten darle algún tipo de protección) con un equipo de gente que parece no tener idea de los procedimientos a aplicarse en caso de guerra (menos mal que trabajan en la Galáctica).
El tratamiento de temas político: Lo que en un principio fue una buena idea, manifestándose en la presencia de la presidente Laura Roslin, personaje sacado de la esencia del antiguo Adama, por una parte abre la veta para el replanteamiento de algunos pequeños aspectos entorno al desarrollo social de quienes sobrevivieron a la invasión cylona, esto permite el surgimiento de Tom Zarek (De hecho esto también debe algo a cierto episodio doble de la serie original), el personaje de Richard Hatch; pero a su vez se va debilitando al darle mayor relevancia a otros argumentos secundarios (el ya mencionado dilema de Boomer). Quizás la concepción más exacta sea que el personaje de Mary McDowell termina burocratizando una serie de procesos concernientes a la supervivencia de los humanos, restándole a la vez relevancia y lógica a dichos acontecimientos (el envío y pérdida de una nave en Kobol, por ejemplo). Para compensar los productores inventan una profecía para mantener con vida al personaje que cada vez esta obstaculizando mas el ya mencionado desarrollo lógico de los acontecimientos, atando de paso al espectador a una línea argumental de por si predecible. Es aquí donde la serie se debilita aun mas con su predecesora especialmente si se considera el personaje de Lorne Green, quien sin ser un directo enviado de los dioses (aunque si de acuerdo a la idea original de Glen Larson), era capaz de saltarse toda la incompetencia social que amenazaba con autodestruirlos, aquí D. Moore no solo la acepta sino manipula los argumentos para que esto no los aniquile (De hecho Larson fue mas acertado en cortar todo con un ataque sorpresa de los cylones).
Como si fuera poco Baltar quien en el final del piloto prometía ser unos de los personajes con mejor futuro dentro de la serie, alguien que iba a entregar una visión más interesante de ambos lados del conflicto. Sin embargo, los productores en vez de potenciar sus aspectos oscuros, afirman lo ya visto antes, su carácter mujeriego y cobarde con su notable inteligencia para ir reforzando los aspectos débiles de la historia central, aunque en realidad los va debilitando al ir agregando otras innecesarias aristas al ya mencionado tema político y algunos datos secundarios de los cylones que en la práctica no sirven de nada.
Tomando la ya mencionadas odisea de Boomer en sus dos versiones, todo se traduce en una exageradamente dramática exploración del personaje que bordea lo irrisorio. En este sentido la rigurosidad que tanto buscaba D. Moore en aspectos científicos es obviada por esta y otras situaciones impropias de aquel que debería tener un mínimo de conocimientos del mundo militar.
La antigua Galactica no tenía rigurosidad científica en el estricto sentido de la palabra pero se apegaba un planteamiento lógico en lo que se refiere a la desesperada lucha por sobrevivir de los personajes sin caer en sentimentalismos baratos tratando de aprovechar todo el universo creado por Larson. La nueva los elude con los tres personajes principales (Adama, Apollo y Starbuck) pero los sobre explota con el algunos ya mencionados y con la forma de como se trata el conflicto bélico.
Uno de los puntos mas lamentables que sigue sin mejorar es el compositor Richard Gibb, cuyo trabajo no sólo se mantiene escaso y deplorable sino también en algunas situaciones usa estilos un tanto desatinados mas dignos de programas de otro tipo; eso si no deja de torturarnos con la nostalgia usando como primera parte del tema central una pieza que recuerda mucho a la que fuera toda una sorpresa en su tiempo: la banda sonora de Earth Final Conflict. Si recordamos la polémica que tuvo Star Trek Enterpise con la canción que incorporaron en la serie, resulta insólito que haya quienes defiendan a Gibb, especialmente ante la escasez de música.
Sin olvidar, los efectos especiales mantienen su estilo con la misma sensación que en algún momento las secuencias se van a quedar incompletas por falta de presupuesto. Siendo la misma compañía que se encargó de las naves de Firefly (De hecho se dice que la Serenity aparecía en una toma del piloto) el trabajo es lamentable en comparación a esta serie, donde prácticamente no habían batallas de naves espaciales, pero cada escena estaba a la altura de lo visto en las últimas versiones de Star Trek.
Comparándola con una serie como Andromeda, donde es incuestionable el uso y abuso de CGI, uno se pregunta si no seria mejor hacer lo mismo que aquí, sacrificar el realismo visual en pos de mejores argumentos que sustenten la serie y es que si bien la acción en Galactica esta dosificada meticulosamente.
Tomando en cuenta la serie de acción policial The Shield, cuyas temporadas son de 13 episodios (Ya sé que son dos géneros distintos), Galactica peca de un mal manejo argumental que por una parte hace exagerada esta cantidad de episodios pero a la vez escasa ante las enormes posibilidades que ofrece este universo y que D. Moore no duda en derrochar entre tanto dramatismo (por no decir lagrimas de cocodrilo) innecesario. Científicamente hablando la Galactica antigua era un desastre pero en ningún sentido monótona y repetitiva, aún cuando pudieran salir con algunos argumentos un tanto descabellados (un planeta con un casino), era capaz de renovarse (Experiment of Terra, War of the Gods) manteniendo cierto grado dramatismo no exagerado. En el caso de una serie policial exitosa como The Shield es el equilibrio entre desarrollo de personajes con las tramas principales, algo visto de forma tan brillante en la cancelada Odissey 5 y Firefly.
Lo que D. Moore y su equipo no entienden es que su esfuerzo por ser realistas a nivel científico colisiona directamente con el medio ambiente en que supuestamente se sitúa la saga, otro tipo de planetas y por tanto desarrollo tecnológico desperdiciando un potencial que el mismo Richard Hatch reclamó en su momento cuando sus ideas colisionaron con las de Glen Larson en un anterior intento de revivir a Galactica.
Al mismo tiempo (Y a modo de aclaración de otra idea) el desarrollo lógico de los acontecimientos choca directamente con lo que se pretende plantear, esto se ve desde el principio con el caso del guerrero que se quedó en Caprica, quien no encuentra otros humanos a pesar de haberse quedado entre ellos cuando su nave se fue. Como en toda serie de este tipo los personajes secundarios no faltan, algo que ya se había visto en el piloto, pero sin un manejo efectivo de los principales esto resulta nada más que un desagradable material de relleno.
En este sentido el éxito de la nueva Battlestar Galactica se deberá responsabilizar a la nostalgia y el buen reparto, pero desgraciadamente habrá que rezar para que D. Moore y su equipo abran los ojos y se den cuenta que al igual que hace veinte años si no se toma todo con mesura y cuidado el éxito será muy fugaz y la caída muy estruendosa, algo de lo que los seguidores quizás no puedan reponerse nuevamente.
Viéndolo en el sentido positivo, también resulta una oportunidad para preguntarse: ¿Vale realmente la pena revivir un clásico que quedó inconcluso si la nueva versión es un lamentable espectáculo?
De nada sirve tener un gran reparto y buenos efectos especiales sin un competente equipo de escritores y productores. Es sorprendente que con toda su experiencia D. Moore se de el lujo de cometer tantos errores, pero a su vez surge la duda de si fue el factor Piller y Braga en DS9 así como Frakes en Roswell quienes permitieron que dichas series donde trabajó no cayeran en un desastre como este.
por Juan Carlos Sánchez
Que salga el mal, que entre el bien. Larga vida al escepticismo.
July 1, 2005 by rmundaca · Leave a Comment
por Eduardo Unda-Sanzana
Mi infancia ha ido ganando con los años un aura de realismo mágico que no era evidente cuando la vivía. A los recuerdos comunes, compartidos por much@s de mis amig@s de hoy, como el de jugar a los autitos, hacer tareas o ver televisión, sumo otros más insólitos, como el de saltar sobre un brasero en que quemábamos sahumerios (los cuales se vendían como un producto medicinal más en la farmacia, envueltos en paquetitos que traían de regalo una carta de tarot); el de hacer fumar a un eternamente sonriente ekeko cargado de saquitos cuyo contenido fue obsesión de muchas de mis tardes de ocio; o, quizás liderando el ranking de lo bizarro, el de alimentar con limaduras de hierro un imán que en casa considerábamos que estaba de alguna manera vivo (escalofriante, ¿no?). Mientras mis amig@s recuerdan que sus deberes domésticos consistían en barrer, lavar la loza, o hacer las camas, yo agrego a esa lista ítemes como fabricar un chanchito con un limón haciendo de cuerpo y unos fósforos de patas, para luego hacerlo fumar un cigarro puesto en una ranura abierta con un cuchillo. Su trompa, claro. Se entenderá entonces que cuando tuve mis primeras angustias amorosas inevitablemente pensé en usar unas cintas brasileñas que se amarran en muñecas o tobillos y que, según decía la señora que las vendía, atraían infaliblemente a la persona amada.
Algo que ahora me causa mucha curiosidad es cómo esta especie de folklore urbano se desarrolla. Esperaría que con los años la gente se diera cuenta de que estas cosas no funcionan, de que poner una escoba detrás de la puerta no tiene más efecto en que las visitas se vayan que arrancar una hoja a una rosa o guiñar tres veces el ojo izquierdo mirando hacia el norte. Esperaría que la gente observara sin ayuda que la escoba a menudo es puesta cuando las personas de la casa ya sienten que la visita ha durado mucho, y probablemente lo mismo sienten las visitas (no en vano comparten los códigos sociales propios de la cultura en que están inmersas) de modo que no es una tremenda sorpresa que al rato las visitas partan. También esperaría que la gente fuera estricta con aquello que considera evidencia a favor de la efectividad de la escoba, y que se sientan disconformes con que una vez que ésta es instalada detrás de la puerta las visitas no se retiran inmediatamente, sino que lo hacen tras un lapso impredecible. Lo cual tampoco es una gran sorpresa porque de todos modos tenían que irse alguna vez.
Y sin embargo este acervo popular vive. ¿Por qué? Porque esa clase de conocimiento no es científico, de manera que sus predicciones no requieren funcionar para sobrevivir, y sus fundamentos ni siquiera necesitan apoyarse en la observación rigurosa de lo que nos rodea. Esta posibilidad me parece respetable, mientras se presente como lo que es. No me incomoda que el conocimiento científico comparta palestra en la cultura popular con otras formas de conocimiento que brotan de maneras alternativas de ver o entender el mundo. Lo que sí me hace sentir inquieto es que muchas veces la gente parece no saber distinguir entre esas distintas formas, buscando respuestas en conocimientos que no las tienen o no las requieren, y esperando soluciones donde no existe el poder para darlas. Una persona que reza por la salud de su hija no está nada más posando una usanza típica de su país, como si bailara cueca para la foto de un turista; esa persona realmente quiere que su hija se mejore. Puede que esto ocurra, pero si el acto de rezar tuvo alguna participación en ese resultado, esto sucedió a nivel de focalización de una actitud positiva frente a la enfermedad, que sabemos que tiene impacto en la receptividad a las medicinas y los tratamientos médicos, principales responsables de la cura. Esto es similar a cuando las personas mayores dicen que las plantas se ponen bonitas cuando se tiene el hábito de hablarles; seguramente lo que las plantas disfrutan, más que nuestras palabras, es el dióxido de carbono extra que esparcimos en su dirección cuando les hablamos.
En su versión más inofensiva (aunque no por ello menos triste) fruto de esta confusión es toda una industria de productos y servicios cuya supuesta efectividad se basa en una mala lectura de la evidencia disponible. En su versión más siniestra, esta confusión trastorna nuestra visión de la política internacional, dando pie a guerras sin fundamento al costo de innumerables vidas inocentes. Pero para entender cómo de una cosa llegamos a la otra, partamos por el living de nuestra casa.
El caso de los tres elefantes
Aunque amenace con abundar en exceso la anécdota, quiero detallar un poco lo que, en el estilo de las aventuras de Sherlock Holmes, podríamos llamar “El caso de los tres elefantes”. A diferencia de otras prácticas de intención mágica que mencioné al comienzo, algunas de las cuales pueden tener un origen muy antiguo (notablemente los sahumerios y algunas de sus invocaciones datan de varios siglos) en esto de los elefantes pude presenciar su origen y desarrollo, al menos para efectos de cómo se vivió en mi familia.
Quizás ya has escuchado que tener un elefante de cerámica en casa ayuda a atraer dinero. En la mía esto lo habremos oído por primera vez cuando yo tendría unos 10 años, e inmediatamente nos aprovisionamos de una figurita, creo que de ónix. El consejo no dio ningún resultado apreciable. Aclaró entonces una vecina que el elefante en cuestión debía ser blanco. Corregimos nuestro error, pero de nuevo no observamos cambios en nuestra suerte. Alguna visita observó el elefante que manteníamos en el living y señaló expertamente que la trompa debía estar siempre apuntando hacia adentro si lo que queríamos era atraer dinero. Más precisamente (porque ¿cuál es exactamente la dirección “hacia adentro” en una casa?) la cola del elefante debía apuntar hacia la puerta. Ahora sí teníamos buenas instrucciones, pero no, nada varió en nuestras finanzas. De alguna reunión de microcentro del colegio mi madre volvió con la fórmula exacta. No bastaba con un elefante, sino que debían ser tres elefantes los que debían disponerse en caravana con las colas hacia la puerta. A pesar de introducir este cambio, e ignorando por completo nuestra persistencia, la suerte siguió dándonos la espalda (quizás remedando a los elefantes) y nuestros balances a fin de mes se mantuvieron inmutables. Para abreviar el relato, digamos que de otras fuentes vinieron sucesivamente las precisiones de que los elefantes debían tener una moneda adherida a la pata delantera izquierda, que debían tener un billete enrollado ensartado en la trompa, y que uno de ellos debía ser negro. Una variante de esta historia se podría referir con budas (1).
El caso de los tres elefantes es interesante porque, superficialmente, se parece a la actividad científica. Tenemos por una parte una teoría que resume lo que se supone ha sido una serie de observaciones de experimentos pasados exitosos y que justifica el interés en replicar tales experiencias. Por otra parte encontramos que, al constatar repetidos fallos, las personas llevando a cabo el experimento sostienen una atenta y continua revisión del aparato experimental (léase, de la orientación, color, accesorios, etc. de sus elefantes), además de una constante comunicación y cotejamiento de resultados.
Finalmente, una vez que se tienen tres elefantes blancos con billetes en la trompa perfectamente alineados en sentido contrario a la puerta, difícilmente se volverá a usar un elefante azul apuntando en cualquier dirección; en otras palabras, hay una sensación de creciente sofisticación, de progreso en esta actividad. Por si fuera poco, la divulgación de esta clase de informaciones dejó hace años de ser algo relegado a la conversación casual en el almacén de la esquina o a la visita de un tío; hoy existen revistas especializadas en tales temas, tal cual como las hay para la información relevante en ciencia.
Veamos ahora por qué nada de esto es lo que parece.
Dije que el parecido se desprendía de una mirada superficial. Un análisis más riguroso (y, me temo, despiadado) revela la basta comparación. En primer lugar es cierto que la teoría puede estar resumiendo los experimentos pasados exitosos. Una buena teoría científica, sin embargo, debiera ser capaz de resumir todos los experimentos pasados, hayan sido exitosos o no. La creencia no es “tener tres elefantes a veces atrae dinero y a veces no”, sugiriendo entonces que han habido experiencias negativas que tomar en cuenta, sino llanamente “tener tres elefantes atrae dinero”, y se citan invariablemente casos de personas a las que seguir este consejo les ha dado resultado (2). O bien todas las experiencias han sido positivas y la teoría es un buen resumen, o bien la teoría ignora los resultados negativos y es por tanto pseudocientífica. Sin embargo, a pesar de haber resultados negativos, un número sugerente de resultados positivos podría sugerir que hay algo ahí que vale la pena investigar. Poniendo atención a los reportes que circulan sobre la efectividad de los elefantes, podríamos pensar que esto es en realidad así. ¿Cómo explicar de otro modo la cantidad de experiencias positivas que es posible citar?
En los reportes exitosos que se transmiten por medios informales (sea prensa popular, las conversaciones con amistades, un programa misceláneo de televisión, etc.) suele operar un efecto de selección, el que puedo ilustrar mejor con la devoción popular a santos y santas. ¿Es probable que el primo nos cuente con entusiasmo cómo tras rezarle al padre Hurtado con mucha fe su hijo de tres meses no se mejoró? ¿Es común que la abuela le cuente a toda la familia que al poner una medallita de sor Teresita en su monedero ésta siguió igual, a veces con dinero y a veces completamente vacía? Serían historias aburridas, ¿cierto? Incluso si alguien tiene la desafortunada idea de contar una historia así durante una sobremesa, dudo que la memoria del relato sobreviva a la taza de té durante la cual se cuente. ¡Nadie va a repetir en su casa algo tan aburrido! Pero que alguien diga que rezarle a San Antonio sirve para encontrar cosas perdidas, ah, bueno, esto ya es algo que vale la pena recordar.
En los reportes sobre la efectividad de la oración no veo nada más que un fuerte efecto de selección en las historias que se refieren. Mi propia experiencia orando fue particularmente inexitosa en la década y media en que me consideré católico. Quizás se me achacará que mi fe no fue suficiente (3), pero personas que declaran tener una fe tremenda a menudo rezan por favores que no son concedidos y entonces “acatan la voluntad de Dios”. Esto hace que los resultados de la oración sean indistinguibles del simple azar y hace que Dios mismo sea indistinguible de la suerte (4).
Esto me devuelve a la crítica central del caso de los tres elefantes: Una teoría científica está siempre en la línea de fuego, preparada a morir ante cualquier resultado que muestre que sus predicciones son incorrectas o que en nada se diferencian de los resultados que podría procurar el azar. Una actividad pseudocientífica se reconoce porque nunca se atreve a correr este riesgo. Sus proponentes y practicantes la protegen con diferentes armas, desde, en su forma más bruta, negar la necesidad de observaciones bien controladas (achacando la falla del experimento al hecho mismo de que el experimento tenga lugar (5), por una cuestión de “vibraciones negativas” (6) que afectan el resultado, o de que la deidad misma ordena no tentarla, etc.), hasta, en su forma más elaborada, hacer uso de estadísticas que sólo a un ojo entrenado se le descubren como mal aplicadas (usualmente afectas a patologías de muestras pequeñas o mal seleccionadas).
El escepticismo
Mis simpatías en estos temas están con el escepticismo. Ser una persona escéptica no significa, como popularmente sugiere el término, testarudamente no creer “porque sí”. Una persona escéptica, como cualquier otra, desearía que las cosas en el mundo fueran de cierto modo, pero no suplanta la realidad con sus deseos. Al ser una persona escéptica puedo mirar cada noche los cielos con la esperanza de ver una nave extraterrestre, o desear fervientemente que descubramos una manera de curar las enfermedades transfiriendo algo a través del simple contacto de las manos. Pero porque ése sea un mundo en que a mí me gustaría vivir no desconozco que en el mundo en que yo vivo no tengo ninguna evidencia de que algo de eso haya ocurrido. Si alguien dice que eso en efecto ocurre, no quiero creer en lo que esa persona afirma sólo por lo mucho que me gustaría que fuera cierto sino en base a interrogarla mucho y que la persona pueda contestar a todas mis objeciones. Es más, una vez que lo consiguiera, desearía que fuera capaz de contestar a cualquier objeción nueva que en el futuro pudiera surgir, se me ocurra a mí o a otra persona. Sólo entonces sentiría que el mundo al que esa persona me invita, y que ahora es mucho más parecido al mundo que yo deseo, realmente existe allá afuera. Pero si no es capaz de superar esta etapa de prueba, me resisto a vivir una ilusión.
Admiro a l@s Testig@s de Jehová por su tesón y el nivel de consecuencia que exhiben entre lo que creen y lo que hacen. Valoraría mucho ver esa clase de entrega en grupos de divulgación astronómica por ejemplo, pero la realidad es que en estos últimos la participación suele ser mucho menos intensa. ¿Significa esto que l@s Testig@s de Jehová tienen una base más firme para creer en el Reino de Dios que l@s astrónom@s para creer en la estructura del Universo? He hecho un par de veces el intento de entrar en conversación con Testig@s que llegan a mi casa a hacer misión, y a menudo resulta que tras unas pocas frases llegamos a un punto muerto, pues se me pide partir la conversación aceptando argumentos extraordinariamente débiles a favor de la incuestionabilidad de los contenidos de la Biblia. Uno de antología fue el de una testiga a la cual le bastaba que en la primera página decía que el libro contenía la palabra de Dios, o que en un par de citas (de la misma Biblia) se afirmaba eso. Mi respuesta fue que yo puedo mandar a una imprenta a imprimir un libro conteniendo las palabras “lo que yo digo es cierto” y eso no lo hace cierto, por lo cual, sin afirmar que los contenidos de la Biblia sean falsos, lo que ella me estaba dando no era un argumento a favor de que sus contenidos fueran verdaderos. El intercambio, de similar calidad, continuó hasta que su paciencia se agotó y me aclaró cómo en otra vida yo iba a tener que responder de mi falta de fe. Tal vez. No digo que yo haya probado que eso no va a ocurrir. Lo que digo es que nadie me ha dado un buen argumento de que eso vaya a ocurrir, así que con similar ansiedad podría esperar que después de la muerte me voy a reencarnar en ornitorrinco o que voy a viajar a un universo donde todo sabe a jengibre.
La conversación con la testiga ilustra una importante cualidad del escepticismo. Una persona escéptica no tiene una prescripción a priori sobre lo que otra debe creer sino sobre cómo debe creer. En el Universo es imposible tener prueba de todo, de manera que en algún punto toda persona debe ejercitar su capacidad de creer. Hasta la persona más recalcitrantemente cientificista no puede negar que hay un salto de fe en admitir las leyes del Universo, las que no se explican sino que se aceptan como el funcionamiento fundamental del Universo. Sin embargo la fuerza de la creencia aumenta en la medida en que los malos argumentos son expuestos y dejados de lado. Yo creo que si la testiga lo pensara mejor, podría encontrar mejores argumentos a favor de la autenticidad de la Biblia, de manera que no bastara un par de razonamientos improvisados para echar abajo su edificio de fe. Insisto: como persona escéptica no tengo un interés determinado en que la testiga siga creyendo o deje de creer en la Biblia; mi interés es que su fe, sea lo que sea en que finalmente sienta que deba creer, se haga más fuerte por medio de tener la base más sólida posible.
¿Cómo no va a haber nada en todo esto?
Una de las más socorridas objeciones al escepticismo es cuantitativa. “Hay tantos reportes de OVNIs”, “Hay tantos libros con casos reales de fantasmas”, “Se sabe de tantos casos de personas operadas a distancia por esos médicos en espíritu de Brasil”, etc.
La respuesta, nada sorprendente, es que no importa tanto la cantidad como la calidad de los reportes. Lamentablemente, los reportes de buena calidad ponen en evidencia que algo que puede ser muy entretenido (como doblar cucharas con la mente o “ver” colores con la yema de los dedos) en realidad no lo es porque ni siquiera ocurre, y por lo tanto, como ya he expuesto, perduran mucho menos en conversaciones de sobremesa y en programas de televisión que aquellos reportes de mala calidad que, más amenamente, dicen que aquello sí ocurre, no importa que no se pueda proveer un sujeto o sujeta capaz de producir el fenómeno en condiciones controladas. En fin, el show debe continuar.
Un tiempo estuve asistiendo a la Gnosis y admito que obtuve una enseñanza valiosa. En la primera sesión me dijeron “no creas en nada que no experimentes por ti mismo”. A pesar de que en los meses siguientes escuché a conferencistas relatar experiencias de otras personas capaces de desdoblar su cuerpo, leer la mente, ver el aura, mover objetos con la mente, contactarse con seres de otras dimensiones, robar energía (¿cuál?) a distancia, etc. yo nunca viví nada de aquello. Tras una inspección más acuciosa me quedó claro que tampoco las personas que relataban tales experiencias eran ellas mismas capaces de ninguna de esas proezas. La gnosis venía a ser algo así como un juego de rol, como lo es la masonería sólo que con menos dispendio económico. El añadido filosófico tampoco valía gran cosa si se miraba con algo de rigor científico. Había todo un sistema de karmas que se pagaban por malas acciones, y ejercicios que supuestamente hacían “evolucionar la conciencia”, pero bastaba hacer unos cuantos experimentos para darse cuenta de que no había correlación alguna entre actos y consecuencias, más allá de las derivadas de las leyes o de la costumbre, lo que excluía un cierto balance cósmico operando ahí. Siguiendo la misma máxima gnóstica de la primera sesión me pareció que lo más consecuente que podía hacer era abandonar el grupo. Por supuesto esto fue una excepción, de modo que siguen habiendo agrupaciones gnósticas por todas partes, reunidas en torno a fenómenos que nadie parece haber experimentado pero que cada una de esas personas afirma a pies juntillas que existe.
Puedo hablar todavía con más propiedad de un caso en el que pude ver de primera mano operando este efecto de propagación de malos reportes. Seguramente has oído hablar del gran fraude del Apolo XI. En pocas palabras ésta es una teoría de conspiración que plantea que USA falseó el alunizaje de 1969, el que no habría sido sino sido un montaje realizado en un estudio de televisión. El móvil de esta supuesta farsa sería que el exitoso programa espacial de la Unión Soviética estaba dejando atrás por mucho al vacilante programa estadounidense. En un momento en que ambas potencias conformaban alianzas a través de todo el globo en lo que parecía un gran juego de estrategia de final impredecible, tales éxitos o fracasos tenían fuertes repercusiones publicitarias pues daban la medida de la capacidad tecnológica de los participantes. Tras una década en que la Unión Soviética se había llevado todos los primeros lugares en la carrera espacial (primer hombre y primera mujer en el espacio, solo por nombrar dos) Estados Unidos llevaba las de perder. ¿Qué hacer entonces? Para quienes defienden esta teoría de conspiración la respuesta es una sola. Trampa.
Quienes proponen la teoría citan una serie de evidencias para apoyarlas, las que son muy interesantes y ciertamente provocativas para la mente habituada a considerar sólo su experiencia en el planeta Tierra. Que la bandera se ve flameando en la superficie lunar, pero en la Luna el viento es inexistente. Que el cráter generado por los motores del módulo lunar debiera ser enorme y es prácticamente imperceptible. Que al extender las sombras de las fotos queda claro que éstas eran producidas por un reflector a pocos metros y no por el Sol en el espacio (7). Aunque los supuestos son equivocados y el análisis erróneo, es notable que, por la motivación que sea, una persona se proponga seriamente entender las leyes de la mecánica o la óptica geométrica. Si su preocupación es resolver estas aparentes paradojas, esto demuestra el enorme favor a la educación que esta teoría hace si en lugar de ignorarla se trabaja bien en la sala de clases. Y no es tan difícil. En un curso que organicé en España con niñ@s de un promedio de 13 años, la mayoría apenas requirió ayuda para deducir la respuesta correcta a los problemas anteriores y varios otros que no cito para no hacer agotadora la lectura (8).
Sin embargo, a pesar de su ingenuidad, había en toda esta historia algo que me intranquilizaba. Así como pasaba el tiempo, cada vez más escuchaba aflorar el nombre de una astrónoma de Greenwich que mantenía un punto de vista divergente, apoyando algunos puntos específicos de la teoría de conspiración respecto a la ausencia de estrellas en las fotos tomadas en la Luna. Al tener una formación científica similar, me parecía increíble que ella viera un misterio donde yo no veía ninguno, y donde en general la comunidad astronómica profesional no veía nada por lo cual inquietarse. ¿Dispondría ella de alguna información que otr@s astrónom@s no? Su nombre, con que ya me había topado en decenas de sitios a favor de la teoría de conspiración, apareció una vez más frente a mí el 2003 en un libro de divulgación de misterios contemporáneos recientemente publicado por un periodista español. Esto ya no admitía más espera, así que decidí escribirle. Mi primera sorpresa fue que Maria Blyzinsky, la supuesta astrónoma de Greenwich, no es astrónoma sino una persona con formación en museología. Efectivamente trabaja en Greenwich, pero en el Museo Marítimo. Como ella misma señala en su respuesta a mi mensaje, su rol más cercano a la astronomía ha sido el de curadora de la colección de astrolabios, relojes de sol, etc. que el museo mantiene, de modo que en ningún caso podría opinar con autoridad profesional sobre este tema. ¿Bueno, entonces por qué lo había hecho? El caso es que no lo había hecho y no tiene la menor idea de cómo partió ese rumor. ¿Pero ninguna de todas las personas que habían mencionado su nombre en su sitio web, o l@s periodistas que la citaban en recuentos del tema la habían contactado para confirmar su opinión? No. Yo era la primera persona en todos estos años que se había tomado la molestia de preguntarle si ella efectivamente pensaba aquello que se le atribuía. Aunque al comienzo intentó contener la proliferación de esta información errónea que la concernía, fue inútil. Más tenaces que sus esfuerzos fueron los de decenas, quizás cientos de diseñador@s web y articulistas poco riguros@s que reproducían y publicaban sin introducir ningún control de calidad en sus contenidos.
Ojalá esta aclaración que ahora hago en favor de Maria Blyzinsky sea leída y difundida tanto como ha sido la infamante cita que se le adscribe. Pero lo dudo. Es aburrido, así que nadie lo va a recordar y si lo recuerda no lo va a repetir a nadie más. Más probable es que este incidente pase y nada más quede una serie de textos web apócrifos que en unos años más den base a una generación crédula a decir que “algo tiene que haber en esto de Maria Blyzinsky; si no, no estaría mencionada en tantas partes”.
¿Todas las teorías de conspiración son patrañas?
Ya que mencioné las teorías de conspiración para criticarlas por cómo suelen construirse, quizás he dado la impresión de que adhiero a esa otra banda de maleantes del pensamiento que considera que el mundo está resuelto, que no ofrece ningún misterio (en el sentido de cosa secreta, de trama), y que por tanto cualquier cuestionamiento o modelo alternativo que explique la evidencia que recogemos es una tontería que no merece consideración. No tan rápido, por favor. La esfera social es bastante más sutil que la esfera natural, y queda bastante más espacio a interpretaciones. Lo único que no es negociable es la necesidad de evidencia para soportar una aserción. En mi artículo sobre falsacionismo publicado en TauZero #4 explicaba por qué la astrología no es intrínsecamente pseudocientífica. Lo que la hace pseudocientífica es su metodología, y más específicamente la carencia de una pregunta de investigación vulnerable a experimentos. Con las teorías de conspiración pasa lo mismo. Tener diferentes modelos para explicar el mundo es estimulante para el pensamiento y tal vez hasta un signo de inteligencia. Estos modelos, no obstante, deben incluir la posibilidad de ser refutados por alguna investigación. Si tal investigación no es concebible, entonces el modelo es defectuoso para explicar la realidad, y puede aspirar como máximo a ser una interesante ficción.
Decía al comienzo del artículo que la confusión entre conocimiento científico y otras formas de conocimiento podía alcanzar una variante muy sombría justificando a los ojos de la opinión pública grandes niveles de muerte y destrucción. Por supuesto no quiero decir que en USA, Israel, la Alemania nazi o la España de Franco las decisiones militares se estén tomando o hayan tomado balanceando péndulos en la palma de la mano u observando el vuelo de los pájaros (9). No obstante, la fundamentación de las acciones de esas potencias es en ocasiones abiertamente pseudocientífica y sin embargo genera expectativas del tipo que sólo el conocimiento científico ha sido hasta hoy capaz de cumplir. El enorme gasto militar durante el gobierno de Reagan se justificó por el supuesto poderío militar de la Unión Soviética a fines de los ’70. Pero había un problema: no existía evidencia alguna de tal poderío. Consideremos sólo el caso de la marina. Los radares estadounidenses hacía tiempo no detectaban actividad de submarinos soviéticos, y ni siquiera las nuevas técnicas de detección satelital eran capaces de revelar que un número importante de submarinos soviéticos existiera en operación. Científicamente la explicación era sencilla: la flota soviética estaba en decadencia, reflejando los problemas económicos del bloque socialista. El gobierno de Reagan optó por una explicación más original: la flota soviética debía ser tan avanzada que habían desarrollado sistemas de hacerse indetectables a los instrumentos estadounidenses. Mientras menos detectable era el peligro, mayor era entonces el riesgo. Esta salida pseudocientífica se vio replicada casi en los mismos términos al invadir Irak durante el gobierno de George Bush hijo.
Pero veamos un caso todavía más reciente: luego de los atentados en Nueva York durante septiembre del 2001, muchos asaltos a las libertades civiles por parte del gobierno británico, que se consideró posible escenario de un segundo atentado, han tenido como justificación el riesgo que supone para la población la posibilidad de que un grupo terrorista construya una bomba de desechos radiactivos, una “bomba sucia”. Esta posibilidad sería tan alarmante y su control tan urgente que justificaría detenciones sin cargo o juicio inmediato, intervención de las comunicaciones y allanamientos de propiedad, entre otras medidas. Sin embargo l@s científic@s han clamado como voces en el desierto lo ridículo de tal justificación. En el documental de la BBC “El poder de las pesadillas”, estrenado recién este año, se entrevista a un experto en el tema de radiación nuclear. Él deja en claro que aunque una bomba sucia fuera construida, la radiación no mataría a nadie por el hecho de ser radiactiva. Una persona podría estar en riesgo, claro, pero si se quedara inmóvil en el lugar de la explosión por un año. Esto recuerda a Maria Blyzinsky. ¿Por qué antes de este documental el gran público no se había tomado la molestia de confirmar las afirmaciones del gobierno británico? Sencillamente porque no acostumbramos hacerlo. Observamos deficientemente, recordamos peor y aquello que capta nuestra atención lo seleccionamos según conforme a nuestros deseos o temores. En síntesis, no somos escéptic@s.
Una teoría de conspiración bien construida puede, entonces, ser portal de entrada del escepticismo científico a planos de la vida en que su falta de aplicación puede tener dramáticas consecuencias. Algunas teorías serán basura para nuestro papelero mental, en otras habrá algo que valga la pena refinar, otras habrán dado en el clavo. De esta actividad plural, que se podría comparar a separar las pepitas de oro de la arena del río, deviene una riqueza que no siempre es material sino, más importante aún, valórica.
Un ejemplo que ilustra bien lo que quiero decir es el de la intervención estadounidense en la política chilena de comienzos de la década de 1970. Esto fue sistemáticamente negado por el gobierno encabezado por Augusto Pinochet durante casi dos décadas, señalando a las versiones que sugerían la ocurrencia de tal intervención como a infundadas teorías de conspiración. Sin embargo el gobierno de Pinochet terminó y, una vez fuera de él, pudimos ver que lo que antes era una teoría de conspiración era ahora la historia oficial. La intervención de la CIA en Chile era hecho tenido como cierto en el resto del mundo, y pude comprobar que como tal se enseñaba ya en los manuales de historia contemporánea de comienzos de 1980 en Inglaterra. Para completar esta especie de travesía iniciática, a mediados de la década de 1990 USA hizo entrega oficial a Chile de varios legajos de documentos desclasificados en que se podían leer, ahora incluso con alto grado de detalle, varios aspectos de esa intervención. El punto clave de este ejemplo es el que destaqué en cursiva unas líneas más arriba. Pudimos presenciar este vuelco de la historia una vez que, en cierta forma, tuvimos la oportunidad de salir de un paradigma histórico antes de ingresar a otro. Esto fue como abrir los ojos en uno de los cubículos de la Matrix por un breve momento antes de seguir durmiendo. Carlos Castaneda, autor del cual hay que separar mucha arena de río para quedarse con unas exiguas pepitas de oro, quizás diría que por un momento en la historia fuimos capaces de ver. ¿Mantenemos esa capacidad ahora que estamos de nuevo dentro de la historia? Lo dudo mucho, pero soy ciertamente reacio a desechar una teoría de conspiración sólo por el hecho de serlo.
En defensa de los ekekos
Bueno, y ya que pienso todo esto ¿sigo usando hoy las cintas brasileñas y saltando sobre braseros? La verdad no, aunque hago otras cosas de aire igualmente mágico, como las pruebas de San Juan o de Año Nuevo.
¿Inconsistencia? No. La cultura tiene para mí un valor en sí misma. Una práctica cultural que se olvide es como un idioma que se queda sin hablantes o como una especie animal que se extingue (10). Las pruebas de Año Nuevo excitan mi imaginación, me conectan con mis memorias, con otras personas vivas y muertas, son mi pequeña contribución a una corriente de alegría que sacude el ambiente en esas fechas. No creo que determinan cómo va a ser mi año, pero las hago porque son entretenidas. Si ocasionalmente se da una coincidencia con lo que luego vivo, observo esa coincidencia con la sensación de belleza con que observo a veces las manchas de humedad, la forma de las nubes o cualquier otro patrón en el caos.
Creo que teniendo las cosas claras, permitirse el juego y la fantasía en la vida no sólo no daña a nadie sino que nos hace crecer en direcciones inesperadas. Esto añade a la vida el condimento de la aventura, que hace emerger todo su sabor.
por Eduardo Unda Sanzana
Créditos y copyright
Algunas ideas para este artículo surgieron en conversaciones con Samuel Maldonado, Soledad Martínez-Labrín y Rodrigo Mundaca Contreras. Este artículo es ofrecido al dominio público de acuerdo a la Licencia Creative Commons.
Notas
(1) Algo hay con la iconografía hindú que la gente de Chile asocia con el poder de atraer dinero, lo cual es curioso considerando la general pobreza de la India.
(2) Aunque en el caso de los tres elefantes no parece haber un interés de lucro de ninguna tercera parte (¡salvo quizás de las empresas que fabrican elefantes de cerámica!) con similar técnica se vende todo un catálogo de artículos en diarios, revistas y canales de avisos, desde la cruz de Caravaca hasta la pulsera que popularizó Iván Zamorano.
(3) Afirmación que no es falsable, y de mucha fecundidad para una pseudociencia. Véase el artículo Seguro que hoy llueve o no llueve, publicado en TauZero #4, donde di una introducción al falsacionismo de Karl Popper.
(4) La práctica eclesiástica de pedir un número de (creo que tres) milagros comprobados antes de una canonización es tan ingenua que es casi cómica. Si la genuineidad de los milagros realmente importa entonces igualmente debiera importar la genuineidad de todos aquellos casos, mayores en cantidades aplastantes, y de autenticidad mucho más fácilmente demostrable, en que los milagros no tienen lugar no importa cuánto se haya rezado. Las supuestas “comprobaciones científicas” que tienen lugar en los casos de milagros aceptados por la Iglesia Católica, alcanzan a caber, en ese orden de cifras, perfectamente dentro del rango de error observable en cualquier observación.
(5) Un caso típico lo conforma la persona que dice que es capaz de predecir el futuro pero aclara que no funciona si intenta hacerlo para su propio beneficio, con lo que explica no haberse enriquecido a pesar de tener el poder de adivinar los números de la siguiente lotería cuando lo desee. Es interesante observar que esta afirmación también podría ser sujeta a prueba: bastaría que la persona firmara un compromiso legal de donar todo el dinero que gane al hacer por una única vez tal ejercicio. Incluso podría prestarse al experimento de manera anónima, para privarse del beneficio indirecto de la fama que tal éxito le acarrearía. No obstante su simplicidad, esta experiencia no ha tenido lugar.
(6) A pesar de que las palabras “energía” y “vibraciones” son numerosamente usadas en todo orden de literatura, los escritos pseudocientíficos suelen hacerse patentes porque en ninguna parte dejan claro qué es aquello que supuestamente vibra, y de qué tipo es (y por tanto con qué aparato se mide) aquella energía que se transmite.
(7) Hay un documental producido por Fox que resume todo esto. Hasta el momento no he visto ningún documental producido por Fox que justifique el gasto en película, y éste no fue la excepción. En una hora de razonamientos mal hilados no hacen el menor intento por mostrar las explicaciones científicas sencillas que echan luz sobre fenómenos extraños para quienes no hemos salido del planeta. A pesar de existir excelente material visual y escrito producido tanto por NASA como por personas de ciencia sin afiliación a NASA aclarando punto por punto todas las preguntas planteadas por l@s proponentes de la teoría, y que puede ser encontrado tras una rápida búsqueda en la Internet, Fox prefirió presentar este tema hipotetizando que nadie había dado una respuesta satisfactoria hasta ahora.
(8) Explicar tales respuestas daría para otro artículo completo. La persona interesada puede encontrar excelente material en la Internet. Recomiendo con especial énfasis el sitio http://www.badastronomy.com
(9) Aunque, a veces, sí. Es famoso el hecho de que gobernantes estadounidenses han contado dentro de su equipo asesor a algún astrólogo oficial. En las acciones militares y decisiones políticas de la Alemania nazi también existió un fuerte trasfondo esotérico.
(10) Mi preocupación aquí es el olvido, pues su práctica la veo mediada por la ética. Me basta con saber que en mi legado cultural se incluye que en el pasado matamos animales por diversión, como en las plazas de toros o en los rodeos a la chilena, pero no tengo el menor interés en que eso siga teniendo lugar.
Velas Solares
July 1, 2005 by rmundaca · Leave a Comment
por Omar E. Vega
En las últimas semanas se conocieron dos noticias importantes en el ámbito de la exploración espacial, las que pasaron desapercibidas para la mayor parte del público. Sin embargo, para quienes escribimos cuentos y novelas de Ciencia Ficción, esas noticias fueron trascendentes. La primera es que Japón desplegó con éxito una vela solar, la que está en operación en estos momentos. La segunda informaba que la Sociedad Planetaria hizo públicos sus avances en el proyecto Cosmos 1, el cual pretende poner una vela solar en el espacio, capaz de maniobrar a control remoto. El Cosmos 1 se lanzará al espacio durante el 2005.
Si bien las velas solares se han probado desde 1993, hasta ahora los esfuerzos invertidos han sido escasos, en comparación a los beneficios que esta tecnología pudiera brindar. Beneficios que prometen ser extraordinarios, ya que se trata de la única tecnología que tenemos al alcance para hacer realidad el viaje interestelar: con las velas solares podríamos enviar sondas a Alfa Centauro y otras estrellas cercanas.
Pero comencemos desde un principio: ¿Qué son las velas solares? Y más importante aún. ¿Qué tipo de historias podemos desarrollar usando velas solares como parte la trama?
Por supuesto que hablar de velas solares en cuentos de ciencia ficción no es del todo original, pues ya se ha escrito mucho al respecto, como es el caso de la de Clarke Sunjammer (Viento solar) de 1965. En éste se describe una carrera de veleros solares. Pero aún así todavía existen muchas posibilidades abiertas para escribir historias originales.
Principios de las velas solares
Una vela solar no es más que un material reflectante hecho de una delgada tela, el cual se extiende en un armazón que le da rigidez. Por las características del vacío, una vela solar puede tener dimensiones gigantescas. En el presente se están haciendo pruebas con algunas que miden unos cuantos metros de diámetros, pero en los proyectos que se mencionaran a continuación los diámetros pueden medirse en decenas, cientos e incluso miles de kilómetros. Para entender la razón de tales tamaños veamos como funciona una vela solar. Excluiremos aquí el tratamiento matemático del tema, por lo cual se adjuntan referencias para quienes estén interesados en estudiarlo más a fondo. No obstante, lo que planteamos aquí es más que suficiente para el fin de crear historias de CF realistas.
Las velas solares funcionan gracias al impacto de luz sobre una tela. La luz no posee masa estacionaria, pero si tiene momento. Esto quiere decir que al impactar sobre una superficie reflectante y rebotar de vuelta, aquella recibe un impulso en la dirección opuesta. De tal manera, si ponemos una vela solar apuntando al sol, la luz hará que la vela se aleje de éste, moviéndose de manera análoga a como un barco velero es propulsado por el viento.
Ahora bien, el sol irradia su luz en todas las direcciones, por lo cual la fuerza con que impactará a la vela disminuye rápidamente a medida que se aleja. Esto complica las estimaciones, sin embargo podemos considerar como un valor medio para los cálculos la cantidad de energía que se percibe a la distancia de la Tierra. Ese valor es de 1,4 kilovatios por metro cuadrado. De acuerdo a la formulas “mágicas” de la física, para una vela de un km2 y un kilo de peso, la aceleración resultante sería de 9 mt/seg2, vale decir, una aceleración cercana a la de la gravedad (9,8 mt/seg2). Con esa aceleración sería posible alcanzar las estrellas usando para ello solamente con el impulso del sol.
Sin embargo hay un problema grave: en la actualidad no existe la tecnología necesaria para hacer una tela reflectante que cubra un área de un kilómetro cuadrado y que pese sólo un kilo. Se trata de un problema técnico, pero real. Por lo tanto nos debemos conformar con mayores pesos para menores áreas, lo que se traduce en aceleraciones más bajas.
En la actualidad se estima que lo realista es esperar aceleraciones de sólo 1 mm/seg2. Vale decir, 10.000 veces menos que la aceleración de gravedad, lo cual es muy bajo. Sin embargo, tal aceleración sería constante y la vela poco a poco iría adquiriendo velocidades enormes. En tales condiciones sería posible llegar a Marte en 400 días. Una vela solar de ese tipo sería excelente para el transporte de cargas hacia los planetas del sistema solar debido a que hace el viaje sin consumo de combustible, pero su lentitud le impediría competir con los cohetes en el traslado de pasajeros.
Se podría lanzar una vela solar rumbo a las estrellas, empujada solo por luz solar. Sin embargo, al alejarse demasiado del sol la nave dejaría de acelerar y seguiría viajando a velocidades relativamente bajas. Se ha estimado que en esas condiciones un viaje a la estrella más cercana tomaría unos 6.000 años. Se trata de un viaje muy lento para nuestras pretensiones. Por eso es que se están estudiando maneras de iluminar las velas solares con fuentes artificiales de luz.
Lo anterior vale para el transporte de pequeñas cargas. Si queremos mover pesos mucho mayores se deben hacer velas cada vez más grandes, ya que la fuerza que se aprovecha del sol es proporcional al área de la vela. Para mover toneladas de peso se necesitaran superficies de miles de kilómetros cuadrados, y más bastas aún para mover una nave capaz de transportar pasajeros a las estrellas.
Rumbo a las estrellas
Si en vez de usar la luz del sol ilumináramos las velas solares con rayos láser sería posible que esas naves adquirieran velocidades enormes: de entre un décimo y un quinto de la velocidad de la luz. Se trata, entonces, de una técnica que compite con los cohetes de antimateria y otros propulsores exóticos que han sido propuestos por diseñadores futuristas para llegar a las estrellas. Tanto por medio de cohetes como con velas, se trata de acelerar una nave por sobre un décimo de la velocidad de la luz; con lo cual se podría llegar a Alfa Centauro en cuarenta años. Un plazo razonable cuando consideramos que las misiones de reconocimiento a los planetas exteriores del sistema solar toman cerca una década en llegar a su destino.
La gran diferencia entre las velas solares impulsadas por láser y las tecnologías de cohetes exóticos está en que la factibilidad de construcción. Los cohetes de antimateria, y otros proyectos similares, requieren del desarrollo de ciencia y tecnología desconocidas en la actualidad, la cuales probablemente aparecerán entre doscientos a quinientos años en el futuro. No es el caso de las tecnologías de velas solares y de los láseres, ya que son una realidad actualmente y sólo se requiere de perfeccionamiento. Con un poco de potenciación de la tecnología, y del adecuado financiamiento, una vela solar pudiera llegar a las estrellas en un par de décadas más.
Para llevar a cabo el proyecto sólo se necesita una basta vela solar, y un gigantesco láser instalado en el espacio. Este último elemento es el más complejo desde el punto de vista técnico, pues para igualar el poder del sol se requiere de uno con la potencia de mil millones de vatios, y para viajar a las estrellas se necesitará mil veces más potencia; valores que superan, lejos, los más poderosos láser del presente. Además el “cañón” láser deberá tener una apertura de varios kilómetros de diámetro. Todo esto representa un desafió técnico enorme pero –y este pero es muy importante- no está lejos de lo factible a mediano plazo, en especial cuando el desarrollo del láser de muy alta potencia es hoy en día prioritario, tanto para la obtención de la fusión nuclear como para los láser con fines militares. En efecto, para la fusión nuclear ya se habla de láser capaces de dar pulsos de hasta un cuatrillón de vatios; mucho más de lo que necesitamos para nuestra vela solar. Pero mandar un pulso es muy distinto a mantener esa potencia constante.
Historias basadas en velas solares
Ahora que hemos recorrido en forma suscita la teoría de las velas solares, veamos que tipo de historias podríamos realizar basados en ellas. Mencionaré ideas que podrían servir en determinados subgéneros, los cuales clasifique sólo con el afán de orientar al escritor.
(1) Historias de CF dura
En esta área, la descripción del transporte de carga a Marte podría servir como ambientación a historias realistas asociadas a la colonización. También se puede considerar el desarrollo de un proyecto de sondas para explorar las estrellas más cercanas, desde Alpha Centauro (4,35 años luz) hasta Epsilon Eridani (10,7 años luz), en viajes que tomarían entre 40 y 100 años aproximadamente. El escritor puede tomarse libertades, tales como avances para aligerar el peso de las naves, envergaduras enormes y poderosos láser, todo lo cual le permitirá a la nave viajar hasta un tercio de la velocidad de la luz. Aún así estaría dentro de lo razonable en este subgénero apegado a la ciencia.
Más apasionante serían las historias que tengan relación con la colonización de las estrellas más cercanas. Sin embargo, por los plazos involucrados, se requeriría del uso de técnicas complementarias, tales como la animación suspendida, o la crianza artificial de humanos a partir de embriones. A menos que se quiera poner a protagonistas que gasten toda su vida viajando en una estrecha nave; tema también interesante de desarrollar.
Las características de las tecnologías de velas solares se prestan para crear historias con naves del tamaño de mundos. Gigantescas veleros que se desplazan por el vacío propulsados por enormes láser, los que a su vez se alimentan de energía solar. Con tales tamaños, el trayecto no estaría exento de riesgos, tales como al impacto de meteoritos que rompen las frágiles velas, y otras contrariedades.
(2) Historias de CF blanda
Quizás más apasionante es el desarrollo de historias que se basan en las velas solares para recrear aventuras como las de los barcos piratas. Una nave a vela solar maniobra contra la inercia en su trayectoria elíptica, de manera similar a como un velero navega presionando el timón contra las aguas. Se tiene entonces un símil interesante para una historia de piratas, donde los enfrentamientos entre naves de lenta maniobra demorarían quizás semanas, en vez de unos cuantos minutos.
Además, y aún cuando el tema ya ha sido tratado, las carreras de veleros solares, en especial aquellos propulsados por láser, pudieran ser una fuente de inspiración para numerosos cuentos. Se trata de una trama interesante pues une la actividad deportiva con los cuentos futuristas, lo cual realza la historia.
Otros cuentos apasionantes podrían ser la conquista de galaxias enteras por medio de la navegación en velas solares.
(3) Space Operas
En el campo de las Space Operas se puede realizar cosas aún más fantásticas usando el tema de las velas solares. Podemos imaginar, por ejemplo, animales gigantescos que viajen en el vacío con alas similares al murciélago, y que le sirven como velas solares.
También es posible desarrollar cuentos sobre civilizaciones completas basadas en veleros solares que viven a la manera de las sociedades del siglo XVIII.
Son muchas las ideas que surgen al imaginarnos las aplicaciones de las velas solares, por lo cual les invito a hacer germinar tal inspiración en cuentos novedosos y fascinantes.
por Omar E. Vega
Neuromante, la lírica del silicio
July 1, 2005 by rmundaca ·

